Cuenta personal. Aquí no se alude a ninguna de las instituciones donde he trabajado o laboro actualmente. Quienes me siguen, lo hacen bajo su responsabilidad.
"La paciencia es la cosa más dura para el espíritu. Pero es lo más duro y lo único que merece la pena aprender. Todo lo que es naturaleza, desarrollo, paz, prosperidad y belleza en el mundo, descansa en la paciencia; requiere tiempo, silencio, confianza".
Hermann Hesse
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Se llama “How to Speak” y durante más de 40 años fue una de las charlas más legendarias del MIT.
Patrick Henry Winston, profesor del MIT, tenía una idea muy simple, tu forma de comunicar puede cambiar tu vida.
En Brasil hicieron un experimento bastante ingenioso con 120 personas para entender si REALMENTE la IA sirve para aprender
A la primera mitad le dieron acceso a inteligencia artificial para estudiar y a la otra la mandaron a estudiar a la antigua, con el apunte y el café.
Lo primero que descubrieron es que los que usaban la IA iban más rápido, terminaban antes y, encima, salían más confiados, convencidos de que la tenían clarísima. Hasta ahí parecía todo color de rosas, el sueño del estudiante.
Pero, sin avisarle a nadie, 45 días más tarde les tomaron un examen sorpresa y se cayó la careta: los de la IA sacaron 5,75 sobre 10 y los que habían estudiado a pulmón, sufriendo, 6,85. Perdieron justo los que la habían pasado mejor.
Esto pasa por algo que los científicos llaman "dificultad deseable" y tiene que ver con ese momento en el que estudiar se siente molesto, esa tortura en la que releés varias veces lo mismo hasta poder entenderlo. Ese es el momento exacto en el que tu cerebro solidifica el conocimiento de verdad y es justo lo que la inteligencia artificial elimina volviendo todo más fácil de leer.
Es como ir al gimnasio y que el entrenador levante las pesas por vos. Así que, si usás la IA para estudiar, recordá que es un complemento súper útil para debatir temas, ayudarte a ordenarlos y tomarte examen a vos mismo. Pero cuidado con usarla para que simplifique lo complejo.
Tocaste mi corazón
con tus labios
en un amanecer de brillo otoñal.
Ahora el vino se multiplica,
la tierra da nuevos frutos,
el ave posa su canto.
Cuánto por agradecer
cuánto por cantarte;
savia eres de mi
torrente sanguíneo.
Nos quejamos de que los alumnos no leen, pero en las salas de profesores ya casi nadie abre un libro ni un periódico. Permitidme reflexionar, con mucho dolor, sobre cómo los claustros se han contagiado de una sociedad cada vez más inculta y superficial. 🧵va...
LA PURA VERDAD
El juez miró al hombre que había disparado contra el presidente egipcio Anwar Sadat y le preguntó con calma:
— ¿Por qué lo mataste?
— Porque era seglar —respondió el asesino.
El juez frunció el ceño.
— ¿Qué significa “seglar”?
El hombre dudó un segundo.
— No lo sé.
En otro juicio, el acusado había intentado asesinar al escritor Naguib Mahfouz.
— ¿Por qué lo apuñalaste? —preguntó el juez.
— Porque escribió una novela contra la religión.
— ¿La leíste?
— No.
En una tercera sala, otro hombre enfrentaba cargos por asesinar al intelectual Farag Fouda.
— ¿Por qué lo mataste?
— Porque no tenía fe.
— ¿Cómo lo sabes?
— Está en sus libros.
— ¿En cuál?
Silencio.
— No lo sé. No los he leído.
— ¿Por qué no los leíste?
El hombre bajó la cabeza.
— No sé leer ni escribir.
En los tres casos, el patrón era el mismo.
Se mataba por ideas que no se entendían.
Se condenaba por palabras que no se habían leído.
Se odiaba por conceptos que no se sabían definir.
No era convicción.
Era repetición.
No era fe.
Era eco.
No era certeza.
Era obediencia ciega.
La violencia no nació del pensamiento. Nació de la ausencia de él.
El odio no se propaga a través del conocimiento.
Se propaga donde el conocimiento no llega.
Y cada vez que una sociedad renuncia a educar, no crea ignorantes.
Crea armas humanas que no saben por qué disparan, pero están dispuestas a hacerlo.
Ese es el precio invisible de la ignorancia.
Y siempre lo paga alguien que no hizo nada para merecerlo
No deseo otros ojos mas que los tuyos; ventanas de un universo que me mira en silencio y que enuncia, con su fijo brillante de otoño, mi nombre. No deseo sino tus ojos, ojos míos, cuya mirada ámbar acaricia parpadeando mis anhelos más profundos.
El primer café y esto de Susan Sontag:
«No me interesa la gente que no se deja conmover, que no se arriesga, que no se equivoca. Prefiero a los que se queman, a los que están rotos y se reconstruyen.»
Qual foi a resposta de Carl Sagan quando perguntaram se ele era socialista?
Em 1989, durante uma entrevista na CNN, Ted Turner lançou a pergunta de forma direta:
Ted Turner: “Você é socialista?”
Carl Sagan respondeu:
“Não tenho certeza do que é um socialista. Mas acredito que o governo tem a responsabilidade de cuidar das pessoas.
Não estou falando de esmolas. Estou falando de tornar as pessoas autossuficientes, capazes de cuidar de si mesmas.
Existem países perfeitamente capazes de fazer isso. Os Estados Unidos são um país extremamente rico e perfeitamente capaz de fazer isso. Escolhe não fazer. Escolhe ter pessoas sem-teto.
Estamos em 19º lugar no mundo em mortalidade infantil. Há dezoito países que salvam melhor a vida de seus bebês do que nós. Eles se importam mais com seus bebês do que nós com os nossos. Acho isso uma vergonha.
E este país tem uma riqueza imensa. Basta olhar para algo como o ‘Star Wars’. Já gastaram cerca de 20 bilhões de dólares nisso. Se deixarem esses sujeitos continuarem, gastarão um trilhão de dólares no ‘Star Wars’.
Pense no que esse dinheiro poderia fazer em educação, em ajuda social, em dar às pessoas um senso de autoconfiança, em melhorar não apenas a felicidade das pessoas na América, mas sua situação econômica e a competitividade dos Estados Unidos.
Estamos gastando dinheiro nas coisas erradas.”
…
Sem aceitar o rótulo ou sem entrar num jogo ideológico, Sagan devolveu a discussão ao lugar que realmente importava: não a ideologia, mas a responsabilidade moral de uma nação diante de sua própria riqueza.
Este artículo se pregunta si leer literatura nos hace mejores personas (más empáticos, más morales o con mejor juicio). La autora, Flora Champy, compara dos visiones opuestas, la de John Ruskin y la de Proust. John Ruskin (siglo XIX) defendía que leer grandes libros es una herramienta moral: nos educa, nos hace más sabios, nos aleja del materialismo y nos entrena en el pensamiento profundo. Para él, la lectura es casi una obligación social y ética. Marcel Proust, en cambio, rechaza esa idea moralizante. Para Proust, los libros no nos dan lecciones directas de moral ni nos convierten en personas mejores. Lo valioso de la lectura es que nos permite revivir sensaciones del pasado, conectar con nuestra propia experiencia interior y disfrutar de una “comunicación en la soledad”. Los libros nos ayudan a sentir la vida con más intensidad, no a ser “buenos” según un manual.
Champy explica que, a lo largo de la historia (desde Rousseau y Madame de Staël hasta hoy), ha habido una tensión entre quienes ven la literatura como instrumento moral o político (para mejorar a la sociedad o a las personas) y quienes, como Proust, defienden que su verdadero valor es estético y personal: nos libera, nos hace disfrutar de la complejidad y nos protege de las narrativas simplistas de la época actual (redes sociales, influencers, moralismo fácil).
Ella se pone del lado de Proust, su conclusión es que la literatura no tiene por qué hacernos “mejores personas” en el sentido moralizante. Su mayor utilidad hoy es precisamente no ser moralizante: nos entrena en la complejidad, en el matiz y en el placer de buscar la verdad, justo cuando muchos creen que la verdad ya no existe.
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Margarita Yourcenar: "Lo mejor para la turbulencia de la mente es aprender, es lo único que nunca falla. Puedes envejecer y temblar, puedes desvelarte escuchando el desorden de tus venas, puedes extrañar a tu único amor y perder tu dinero a manos de un monstruo, puedes ver el mundo a tu alrededor devastado por peligrosos locos, o saber que tu honor ha sido pisoteado en las cloacas de las mentes más viles; en tales condiciones, solo hay una cosa que hacer: aprender".
La portada de The Economist pone el dedo en la llaga: el problema de la inteligencia artificial ya no es sólo lo que puede hacer, sino quién la controla. Cuando una tecnología capaz de alterar empleos, seguridad, mercados e incluso decisiones públicas queda concentrada en manos de unos cuantos, el debate deja de ser técnico y se vuelve político, económico y democrático. Ahí está el verdadero foco rojo.
Durante años se nos vendió la idea de que bastaba con dejar correr la innovación y confiar en que el mercado acomodaría todo. Hoy esa fantasía empieza a romperse. La IA no sólo está acelerando el progreso: también está concentrando poder, debilitando contrapesos y colocando a los Estados frente a un dilema brutal: regular mal puede asfixiar la innovación, pero no regular puede entregar el futuro a una élite tecnológica sin control real.
La pregunta de fondo no es si la IA es maravillosa o peligrosa. La pregunta es mucho más seria: ¿vamos a permitir que una de las fuerzas más decisivas de nuestro tiempo quede gobernada por intereses privados, con lógica de negocio, sin responsabilidad democrática suficiente? Ese es el tamaño del debate. Y mientras más tardemos en entenderlo, más caro nos va a costar.
En México, la universidad dejó de ser garantía automática de movilidad social: 3 de cada 10 estudiantes abandonan en el primer año, mientras los títulos pierden valor y las universidades reaccionan a la desesperada abriendo carreras de “IA”, ciencia de datos y tecnologías digitales como si una etiqueta bastara para asegurar el futuro. El mensaje es seductor: trayectorias más cortas, microcredenciales y promesa de rápida inserción laboral… pero nadie habla en serio de salarios, de retorno de la inversión ni de la enorme brecha entre regiones donde sí hay empleos tecnológicos y zonas donde el mercado simplemente no existe.
Lo más brutal es la letra chiquita: la propia ANUIES admite que “la IA no puede enseñarse con tecnología rezagada”, justo cuando los presupuestos públicos a educación superior caen en términos reales desde 2015 y muchas universidades ni siquiera tienen laboratorios ni equipos de nueva generación. Así estamos construyendo una nueva ficción educativa: te vendo una carrera en IA sin infraestructura, sin diagnósticos regionales y sin garantías mínimas de empleabilidad real; si el título ya no compra futuro, el problema no es sólo del mercado laboral, es del modelo completo de educación superior en la era de la IA.
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Llevo casi 30 años viendo pasar leyes, modas y gurús por la puerta del aula. Nos han vendido motos que ni tienen motor ni tienen ruedas. Hoy abro un melón. El melón de las mayores mentiras que nos han colado en educación en las últimas décadas.🧵va...
“Mark Zuckerberg acaba de describir la muerte de la conexión humana en internet y nadie se inmutó.”
“Una frase. Quince años de erosión en doce palabras.”
“Mark Zuckerberg: ‘Las redes sociales comenzaron siendo principalmente un espacio donde las personas interactuaban con sus amigos. Y ahora… al menos la mitad del contenido es básicamente gente interactuando con creadores.’”
“Antes abrías tu teléfono para ver qué estaban haciendo tus amigos.”
“Ahora lo abres para ver a desconocidos.”
“Tú no elegiste esto. El algoritmo lo eligió por ti.”
“Puso a prueba a tus amigos contra desconocidos optimizados.”
“Tus amigos perdieron. Cada vez.”
“Un desconocido con mejor iluminación, mejor timing y un mejor gancho captó tu atención tres segundos más que alguien que te quiere.”
“Así que el algoritmo enterró las fotos de la boda de tu mejor amigo debajo de un video de cocina de alguien en Dubái a quien nunca has conocido.”
“Y viste el video de cocina.”
“Ese fue el primer reemplazo. Amigos por desconocidos. Apenas lo notaste.”
“El segundo ya está en marcha.”
“Si el algoritmo ya demostró que los desconocidos superan a tus relaciones reales, y la IA ahora puede crear un desconocido más atractivo que cualquier humano vivo, las cuentas se hacen solas.”
“La IA no tiene una mala semana. No publica algo descuidado y pierde el favor del algoritmo. No se agota.”
“Cada palabra calibrada.”
“Cada imagen ajustada.”
“Cada pausa colocada en el intervalo exacto que evita que tu dedo se deslice.”
“Un creador humano compitiendo contra eso es como tallar tabletas de piedra en un mundo que acaba de inventar la imprenta.”
“La economía ni siquiera se acerca.”
“Una persona necesita pagar renta, dormir y motivación.”
“La máquina necesita electricidad.”
“Cuando el costo de generar contenido perfecto llega a cero, el feed se llena de rostros que no existen.”
“Voces que se sienten familiares.”
“Opiniones que reflejan las tuyas lo suficiente como para generar confianza.”
“Personalidades creadas desde cero para sentirse como alguien a quien conoces desde hace años.”
“No sabrás cuándo ocurre el cambio.”
“Ese es el punto.”
“Al feed no le importa si lo que capta tu atención tiene pulso. Le importa si te quedas.”
“Y una máquina que conoce tus patrones mejor que tú mismo siempre te retendrá más tiempo que cualquier persona.”
“Esto no es una advertencia. La mitad ya ocurrió.”
“Perdiste a tus amigos frente a desconocidos y no lo notaste.”
“Perderás a los desconocidos frente a las máquinas y los llamarás amigos.”
“En algún lugar, en otra app, en otra pestaña, en la habitación en la que estás sentado ahora mismo, alguien que realmente te conoce está viviendo un momento que nunca verás.”
“No porque haya dejado de compartirlo.”
“Sino porque dejaste de estar donde ocurría.”