Si van a hablar mal de mi ojala nunca los haya dejado en la puerta de sus casas, no les haya prestado dinero, hecho favores, pagado cenas, regalos y no les haya abierto las puertas de mi corazón, por que en boca de malagradecidos y doble cara no quiero estar.
Algo que rescato de la vida adulta es la belleza que hay en construir un hogar propio. Esforzarse por comprar las cositas, decorar con minucia los espacios, apropiarse de los rincones. No sé, me parece muy lindo.
No hay atajos. Madrugar es difícil, cuidar el cuerpo es difícil, estudiar es difícil, trabajar es difícil, crecer espiritualmente también. Pero es justo que mucho cueste lo que mucho vale.
Los tiempos de Dios no solo son perfectos; son justos, sabios y llegan siempre cuando el corazón está listo para agradecer lo que un día pediste con tanta fe.
El mayor lujo que un hombre puede ofrecer no es su dinero, sino la solvencia mental de ser el lugar donde una mujer brillante puede, por fin, apagar su estado de alerta.