Ni siquiera ha terminado el año, y ya sé que no quiero volver a vivir uno como este. Un año lleno de lecciones, de despedidas y de un desgaste que jamás imaginé. Un año en el que conocí una versión de mí que espero no volver a encontrar nunca.
Responsabilidad afectiva es entender que lo que haces, lo que dices y hasta lo que eliges callar deja huella en otras personas. No se trata de no cometer errores, sino de ser consciente de que nuestras acciones también tienen consecuencias en el corazón de alguien más.