Qué combinación espantosa, la ensalada de fruta con helado.
El líquido ácido que se mezcla con esa leche dulce, en la que se convierte el helado cuando se derrite no la salva ni la más crujiente de las obleas.
Esto merece tuit aparte: quienes me siguen hace más de dos días saben que detesto el pimiento a la parrilla con un huevo adentro. Si no quedara más remedio que invitar al huevo a la fiesta, creo que la papa debería ser su anfitrión natural.
Justifico:
- luce más sobria, de mejor gusto. Es decir, para los niños me parece ok, pero no tenemos ocho años para poner esa canoa roja, amarilla y blanca en la mesa;
- los sabores no funcionan: el pimiento larga un líquido dulzón que no tiene nada que ver con el huevo. Es un matrimonio a la fuerza.
- la papa envuelta en aluminio se cocina con manteca, aceite de oliva, sal y pimienta, sabores naturalmente más afines al huevo que los de un morrón;
- en textura queda mejor. El almidón de la papa y la yema se han amado en infinitas recetas. La fibra de un pimiento y un huevo desentonan.
Simplemente hay que lavar y cepillar una papa con piel, colocarla sobre papel de aluminio con sal, pincelarla con manteca, envolverla y cocinarla al rescoldo —brasa directa— hasta que esté tierna. Luego, hacerle un tajo profundo, con el aluminio puesto, sin llegar a los bordes; abrirla ligeramente y rellenarla con una rebanada de manteca, sal, pimienta y un huevito. Volver a la parrilla —esta vez, entre los fierros para que permanezca enhiesta—. Terminar condimentando el huevo con sal, pimienta y aceite de oliva. En la foto hay una papa con huevo y otra sin, simplemente con manteca. Si el huevo es muy grande, quizás deban ahuecar un poco la papa después de abrirla.
A no malinterpretar: me encanta el pimiento. Pero ¿por qué hacernos los lúdicos y construir ese Frankenstein innecesario pudiendo tirarlo entero al fuego directo, ahumarlo, retirarle la indigesta piel y servirlo asado, tierno, marinado en aceite de oliva, ajo y romero?
@sarahift_ Después de ver las citas y respuestas a este tweet agarré fuerte a mi marido y le di un besote enorme, qué gran hombre por Dios y qué dificil está el mercad para las solteras 🥴 Stay strong out there.
El lugar es muy hermoso. El show de tango acompañó agradablemente; los músicos, talentosísimos. El servicio y la selección de vinos, irreprochables.
¿La cocina? Bienintencionada, mejor de lo que auguraba el tuit cáustico precedente, pero no a la altura de la propuesta. El restaurant se autopercibe como de “alta gastronomía”. No lo es ni por asomo.
Las entradas me ilusionaron por su simpleza y ejecución, pero con los principales llegaron la miríada de ingredientes, las acrobacias innecesarias*, en fin, la falta de criterio. Los postres —cuándo no— terminaron de confirmar mis temores.
No voy a desmenuzar plato por plato porque sería extenuante y enojoso, pero hay observaciones universales que valen:
— Siempre es preferible la simpleza bien ejecutada que la pretensión adolescente, caprichosa e insensata.
— No abusar de los ingredientes. ¿Lo saco o lo dejo? Sacalo.
— No intentar demostrar todo lo que sabemos en tres platos (sobre todo cuando “todo lo que sabemos” es limitado).
— Es deseable no usar más de una vez un determinado ingrediente en el menú, pero repetir una preparación es imperdonable. Da crucero/ all inclusive usar la misma esfera de aperol en los ravioles que en el postre.
— El pollo en las cartas de autor es traicionero, por eso lo sacaron de todos lados. Mejor, en casa o parripollo.
— La redacción de los menús es importante. El tono engolado de la locutora que te habla impostando la voz no se usa más. ¿“Ave de campo”?
— Cuidado con lo agridulce. Terminar una pasta, cuyo relleno ya es (muy) dulce, con garrapiñada de almendras no es una buena idea.
*“Acrobacia innecesaria” le llamo yo a esa propensión pueril de cruzar puentes antes de tiempo, de quemar etapas.
Dicho de otro modo: usar esferificaciones sobre pastas rellenas estiradas grueso. No.
Primero aprendamos a estirar bien una pasta. Después, si acaso, aprendamos a esferificar con alginato de calcio, que —ya que estamos— me da a estudiante de gastronomía de la década del 2000 que sueña con ir al Bulli dos meses a nutrirse de “las técnicas”, para regresar al país y poder contarlo hasta el empacho. Pero esto último ya es cuestión de estilos y gustos personales así que desestímenlo.
Por último: las peores fallas en un menú casi siempre provienen del concepto, no de un error puntual en la ejecución.
Un volcán de chocolate se le puede pasar a cualquiera y nadie se va a escandalizar por eso.
Conclusión: sería injusto ratificar por completo el tuit principal, pero también insincero rectificarlo.
Digamos que, de una experiencia integral muy buena, la cocina fue lo menos memorable.
Lambertips para ir de invitado a una casa en las Fiestas:
- Ponerse a disposición del anfitrión. Si este tiene más vocación por recibir que aptitudes de convidante ofrecerle soluciones. En vez del indolente “qué llevo”, sugerir: “¿cómo estás de ensaladas frescas? Llevo 3, ¿te parece?”
- Si son legos en cocina comprar cosas de la mejor calidad posible. Vean cuánto cuesta un cubierto de Navidad en cualquier lado y hagan la cuenta de lo que se ahorran. En confianza, seamos sinceros: una palangana de ensalada rusa no paga la cena de los cuatro miembros de la familia que van de invitados.
- Si se es experto vale lucirse, pero, ¡muy importante!, no colonizar la cocina, esto es, no llegar con doce tuppers, el sifón de nitrógeno y la thermomix, o peor, ponerse a lavar lechuga a las ocho de la noche molestando al estresado anfitrión con enojosas preguntas del orden de “el centrifugador de hojas, ¿dónde lo guardás?”. Se llega con todo preparado, por separado para ensamblar allí, si la receta lo exige.
- Todo vuelve sucio en la misma bolsa que se trajo para lavar en casa.
- Es muy bien recibido llevar algo más que lo que se pidió a modo de presente, por caso, un buen espumante o un opíparo pan dulce.
- Al otro día se agradece. Mamá, que siempre fue muy elegante, agradecía a los dos días.
#lambertips
Ya lo tuiteé una vez, pero profundizaré. Las sales saborizadas forman parte del vasto universo mitológico de la cocina.
Fundamentos:
1. La sal es un mineral y NO tiene la propiedad de absorber aromas y perfumes como sí la tiene, en cambio, el azúcar, que pertenece al reino vegetal, así que desde el vamos el término “sal saborizada” (encima detesto el adjetivo) es impreciso e ilusorio. Por caso, si pusiéramos una botella de sal con ramas de romero adentro durante meses y usáramos esa sal sin las hojas de romero nadie adivinaría la presencia de la hierba.
En el caso de productos pomposamente presentados como “sal india”, con toda probabilidad, se trata apenas de sal- para colmo, en general no se especifica de qué calidad-, mezclada con alguna especia molida que remite al país asiático. En el caso puntual referido en este tuit la sal de vino se hace mezclando vino con sal, evaporando la bebida dando como resultado un condimento teñido de un inquietante color violeta, más eficaz en encandilar incautos que en proporcionar sabor a vino.
2. La sal se utiliza en una ínfima cantidad para potenciar el sabor de las comidas no es, en sí misma, un sabor. Lo dicho, como en casi todos los casos se trata de sal mezclada con especias molidas es difícil calcular la cantidad que debemos usar para no pasarnos de sal o quedarnos cortos de sabor, que es lo más probable. Podría ser, sí, que una sal “saborizada”, tenga especias tan robustas que empaten con la potencia del mineral, por ejemplo, clavo de olor o cardamomo, pero impera preguntarse: ¿tiene sentido? ¿Para qué? ¿Sal de vino? Ponele sal y un chorro de vino y dosificá vos cada uno según te parezca.
- Por último, las supersticiones asociadas a la sal según lo exótico de su procedencia también son parte de la literatura gastro. Desde lo nutricional ninguna sal es significativamente diferente a la otra y, aunque lo fuera, sospecho que no tendría un impacto en el cuerpo dada su exigua dosis de consumo. Algunos caracteres organolépticos sí pueden ser diferentes y toda vez que no son pocas las personas a quienes les parece atractiva una sal rosa en la mesa se explica por qué el Himalaya se ha vuelto célebre por algo más que por la excepcionalidad de sus cumbres.
Mi recomendación es tener dos o tres variedades de sal marina, sobre la que ya ahondé en algún momento: gruesa, fina y en escamas. Y para conservar la salud entrenar el paladar en usar la menor cantidad de sal posible.
En resumen, las sales saborizadas son un embeleco inventado para personas bienintencionadas que no saben cocinar pero tienen una curiosidad mal dirigida. #lambertips
Pensar que todos los fans de Milei lo conocieron despotricando en la tv contra el choreo de Caputo y Sturzenegger durante el macrismo. Ahora lo ven llegar a la Presidencia y entregarle el mando a la misma runfla.