APOLOGÍA A LA ESPERA
Vivimos en una época que ha confundido velocidad con progreso. Hace varios años asistí al lanzamiento del libro: “Elogio de la lentitud”, de Carl Honoré, durante una visita suya a Chile. Conversamos entonces sobre algo que, hace dos décadas, parecía una exageración: que la aceleración permanente terminaría gobernando nuestra vida. Honoré no especulaba. Describía, anticipadamente, el mundo que vendría.
Hoy todo compite por llegar antes. La noticia debe conocerse mientras ocurre; el mensaje exige respuesta inmediata; la comida llega en minutos; una película puede verse acelerada. Hemos convertido la impaciencia en costumbre y la espera en anomalía.
El video que acompaña estas palabras propone un ejercicio casi provocador: mirar una imagen en la que no va a pasar nada. Un paisaje quieto. Y allí reside su profundidad. Nos incomoda que no ocurra nada porque hemos sido entrenados para esperar que siempre ocurra algo.
Hemos perdido la capacidad de habitar las pausas.
Esperar fue durante siglos una condición natural de la existencia. Se esperaba una carta, una cosecha, el regreso de alguien, la maduración de una fruta. El tiempo no era un obstáculo entre el deseo y su satisfacción: era parte del proceso. Hoy pretendemos abolir ese intervalo. Queremos el deseo y su cumplimiento casi simultáneos.
Pero hay cosas que sólo existen porque demoran.
Una amistad necesita tiempo. La confianza necesita tiempo. Aprender un instrumento, comprender un libro, conocer verdaderamente a alguien, superar una pérdida o formar una convicción exige una temporalidad que ningún procesador puede acelerar. Podemos aumentar la velocidad de una conexión, pero no la de una emoción.
La lentitud no es hacer todo despacio. Es conceder a cada cosa el tiempo que merece. Hay ambulancias que deben correr y conversaciones que deben demorarse. La sabiduría consiste, quizá, en distinguir unas de otras.
La paradoja es inquietante: creamos tecnologías para ahorrar tiempo y, sin embargo, sentimos que nunca tenemos suficiente. Cada minuto liberado es ocupado por otra tarea, otra pantalla, otra notificación. Ganamos segundos y perdemos tardes. Optimizamos la agenda mientras empobrecemos la experiencia.
La prisa posee además una trampa filosófica: nos instala permanentemente en el futuro. Corremos para llegar a lo siguiente. Mientras desayunamos pensamos en la reunión; durante la reunión, en el mensaje pendiente; durante el viaje, en llegar. Estamos físicamente aquí y mentalmente allá. Así, la vida puede convertirse en una sucesión de presentes que nunca alcanzamos a vivir.
La espera hace exactamente lo contrario. Nos devuelve al ahora.
Esperar sin tomar inmediatamente el teléfono, contemplar un paisaje sin fotografiarlo, escuchar una canción hasta el último acorde, dejar que alguien termine de hablar antes de preparar nuestra respuesta: pequeñas rebeliones contra la dictadura de la urgencia.
Quizá por eso la paciencia no sea pasividad. Es una forma de dominio sobre uno mismo. El impaciente obedece al estímulo; quien sabe esperar decide cuándo responder. Uno reacciona. El otro elige.
Veinte años después, Honoré resulta menos una invitación a vivir lentamente que una advertencia sobre el peligro de vivir superficialmente. Cuando todo debe ser rápido, algo se pierde: matices, silencios, profundidad, contemplación. La velocidad nos permite atravesar muchas cosas; la lentitud permite que algunas cosas nos atraviesen a nosotros.
Y acaso allí se esconda una de las contradicciones más hermosas de la existencia: para aprovechar verdaderamente el tiempo, a veces hay que dejar de intentar ahorrarlo.
Porque la vida no siempre ocurre en aquello que estamos esperando. Muchas veces, la vida es precisamente la espera.
@MisColumnas
Junto a don Luis y la señora Marta, los padres de Mariana Sepúlveda, su abogada Fabiola Aliante y con el patrocinio del Diputado Javier Muñoz impulsamos un proyecto de ley para que los crímenes de Parricidio, femicidio y homicidio nunca prescriban. Hoy prescriben en 15 años. 👇🏽
En un día como hoy hace 40 años,un puñado de 21 combatientes del FPMR realizan una emboscada para terminar con el genocida de Pinochet,demostró vulnerabilidad del dictador y el principio de término d la impunidad, honor y gloria a estos jóvenes valientes, dispuestos a dar la vida
10 septiembre 1976, la dictadura le quita la nacionalidad al ex canciller del Gobierno Popular, Orlando Letelier.
Su respuesta es:
"Nací chileno soy chileno y moriré chileno Estos fascistas nacieron traidores viven como traidores y serán recordados para siempre como traidores"
Septiembre es Allende y Allende vive en los chilenos y chilenas.
Las políticas públicas impulsadas por la Unidad Popular han perdurado en el tiempo, como la nacionalización del cobre y el Plan Nacional del Medio Litro de Leche. Fueron políticas pensadas para transformar el presente y construir el futuro de nuestro país.
¡Septiembre es Allende y vive en los chilenos y chilenas!
Carlos Julio Fernández Zapata, casado, dos hijos, ex estudiante de la Universidad de Concepción militante del MIR, fue detenido el 10 de septiembre de 1974 en su trabajo por efectivos de la DINA que dijeron ser "policías"
Es un detenido desaparecido
No Olvidamos
No Perdonamos
Francisco González Ortiz, casado, dos hijos, dirigente sindical, militante del Partido Comunista, desapareció el día 9 de septiembre de 1976, en la ciudad de Santiago, al salir de una reunión de la Federación de la Construcción
No Olvidamos
No Perdonamos
6 de septiembre de 1975 es detenido por Carabineros Gustavo Guillermo RAMIREZ CALDERON 20 años mecánico y militante del PS quien fue trasladado al Campamento de Cuatro Alamos lugar en que es entregado a agentes de la DINA
Es un detenido desaparecido
No Olvidamos
No Perdonamos
5 de septiembre de 1984
2° día de Protesta Nacional contra la dictadura.
Militares de Copiapó ingresan a sangre y fuego a la Universidad de Atacama siendo asesinado por un conscripto el estudiante de Ingeniería, Guillermo Vargas Gallardo, de 21 años
No olvidamos
No perdonamos
6 de septiembre de 1974
Son detenidos por la Dina en la vía pública Héctor Genaro GONZALEZ FERNANDEZ, 27 años y Roberto Salomón CHAER VASQUEZ, 21 años, empleados de TECSA y vinculados al MIR.
Ambos son detenidos desaparecidos
No Olvidamos
No Perdonamos
Fernando David BECERRA JULIO, de 16 años de edad, estudiante de enseñanza media, fue muerto por balines policiales la noche del 5 de septiembre de 1984 en medio de manifestaciones callejeras en una barricada-fogata, en la Villa Jaime Eyzaguirre
No Olvidamos
No Perdonamos
6 de septiembre de 1974
Edgardo Agustín MORALES CHAPARRO 38 años miembro del PS Presidente del sindicato de Cormu es detenido en su casa en Santiago por la DINA.
Desde esa fecha no se han vuelto a tener noticias suyas
Es un detenido desaparecido
No Olvidamos
No Perdonamos
Ha muerto Camilo Escalona.
Me lo imagino a los 16 años consciente de que desde los jóvenes secundarios había que defender al gobierno popular. Lo pienso durante la dictadura, en Chile, haciendo lo más difícil que era organizarse cuando en ello se arriesgaba la vida. Lo leo en los primeros años de la transición, empujando los límites que imponían los poderes fácticos que siempre enfrentó. Lo recuerdo cuando nosotros éramos jóvenes, con esa mezcla de enojo y comprensión a nuestras críticas. Lo veo apoyando firmemente a nuestro gobierno, cuando hubiese sido más fácil tomar palco.
Ayer, en compañía de su compañera Jimena me despedí de él, y le prometí que las nuevas generaciones iban a saber de su lucha y compromiso, porque gracias a él y su generación nosotros estamos aquí.
Un abrazo compañero, a ti y a todo el Partido Socialista de Chile. Mis eternos respetos.
ANATOMÍA DE UN MUGROSO MAMARRACHO
Definitivamente hay personas que se visten mal y personas que consiguen algo bastante más sofisticado: convertirse en un total mamarracho. No es lo mismo. Vestirse mal puede ser un accidente; ser un mamarracho exige perseverancia y un estado mental lejos de lo normal.
El mamarracho no conoce la sobriedad porque la considera una derrota. Necesita que cada pieza de su indumentaria participe simultáneamente en una insurrección estética: el pantalón, la chaqueta, la corbata…todo ha roto relaciones diplomáticas con la estética, la camisa en una talla menor y los zapatos que parecen haber llegado desde otra reunión, o desde una maratón. Zapatillas sucias, viejas y desgastadas. Todo como parte de un protocolo vulgar y estrafalario.
Pero el verdadero mamarracho trasciende la ropa. Es una actitud ante la existencia. Su lenguaje, sus palabras, y lo más probable, sus pensamientos, limitados y precarios, pero instalados en la mente del personaje que trata de mugorosos al resto, porque finalmente lo aprendió de su propia imagen, porque si algo hace en modo recurrente, es mirarse al espejo y enamorarse de su propio reflejo.
Ese mamarracho, tiene algo de personaje construido sin director de arte. Quiere proyectar autoridad y proyecta utilería; busca distinción y encuentra extravagancia; pretende comunicar espontaneidad y termina pareciendo un bruto, un estúpido e ignorante. Su gran tragedia estética consiste en que cuanto más intenta parecer singular, más evidente resulta el esfuerzo y su fracaso en el intento.
Y ahí aparece una paradoja interesante: la elegancia auténtica casi siempre parece fácil. No necesita explicarse, anunciarse ni llamar desesperadamente la atención. El mamarracho, en cambio, necesita público. Es una estética con megáfono. Los aplausos sin olfato parecen alienarle, y los gritos desenfrenados son la antesala de los insultos que emergen como la prosa literaria que le representa.
Quizás por eso provoca esa mezcla irresistible de fascinación y desconcierto en un público limitado y frágil. Uno lo mira intentando descubrir qué ocurrió: si perdió una apuesta, si se vistió durante una tragedia, o si simplemente ninguno de sus espejos tuvo el valor de decirle la verdad.
Porque un mamarracho no es necesariamente alguien donde la fealdad decidió habitar, ni siquiera alguien mal vestido del todo.
Es algo mucho más complejo:
es una persona que consiguió transformar la estupidez, la ignorancia, el narcisismo, la inestabilidad mental y el mal gusto en una declaración de principios, y Milei representa esa persona desde su propio ADN.
El presidente argentino es la viva muestra de la convivencia entre la enajenación mental y el poder regalado por un electorado dañado, frustrado y cuya ira nubla cualquier atisbo de razón.
La palabra mamarracho contiene exactamente lo que el presidente argentino representa, y no pretende ser un insulto, es la viva definición realista de un pobre y triste fulano, cuyo propio pensamiento de sí mismo le ha jodido la vida, donde habita un ser triste, solitario, amargado, frustrado, e infeliz, que ha debido construir forzadamente un diálogo de amistad con sus perros y una dependencia enfermiza de su propia hermana. Un mequetrefe que declaró abiertamente odiar a sus padres y que ellos no existen para él. Esa sola declaración nos trasparenta su pobreza e infelicidad del alma.
Milei le ha dicho a su adversarios, en un país ajeno, zurdos mugrosos, y si un pelafustán como Milei trata así a quienes piensan diferente, quizá no habría que ofenderse, sino tenerle lástima y conmiseración, pues la salud mental del mandatario argentino y su deterioro cognitivo están por sobre su propio control y voluntad.
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