No, esto no era normal, no esto no era amor, no esto no fue una relación consensuada! Aquí hubo abuso, abuso jerárquico, abuso de poder emocional, manipulación y control.
Me impacta que tanta gente del medio guarde silencio, cuestione o incluso se incomode por las acciones de Sasha Sokol “después de tanto tiempo”.
El trauma no tiene fecha de caducidad. Hay abusos que terminan un día, pero sus heridas pueden acompañarte toda la vida. Lo doloroso no es que una víctima tarde años en hablar; es que, cuando finalmente encuentra su voz, todavía haya quienes prefieran juzgarla a ella antes que cuestionar a quien tenía el poder.
Luis de Llano no fue detenido “por el abuso sexual” ni porque un juez penal lo hubiera condenado a prisión. Fue detenido porque perdió un juicio civil frente a Sasha Sokol, la sentencia quedó firme y, pese a ello, no ha cumplido varias de las medidas que le fueron impuestas: ofrecer una disculpa pública, publicar parte de la resolución, tomar un curso de prevención de abuso sexual, abstenerse de revictimizarla e indemnizarla por el daño causado.
Aquí está lo jurídicamente importante: ganar un juicio no basta. Una sentencia firme no es una recomendación ni una invitación a cumplir cuando al condenado le parezca conveniente. Si alguien desobedece lo ordenado por un juez, la ley permite utilizar medios de apremio para obligarlo: requerimientos, multas y, en determinados casos, arrestos administrativos. Eso es justamente lo que ocurrió. Después de meses de incumplimientos, apercibimientos y multas, una jueza ordenó su arresto como mecanismo para forzar la ejecución de la sentencia.
El caso Sasha Sokol está entrando así en una etapa tan importante como la que llegó a la Suprema Corte. Primero se discutió si una víctima de abuso sexual infantil podía reclamar justicia décadas después. Ahora la pregunta es todavía más elemental: ¿de qué sirve una sentencia histórica si quien perdió puede simplemente ignorarla? El Estado de derecho empieza precisamente ahí: cuando una resolución judicial deja de ser papel y el poder público está dispuesto a hacerla cumplir.
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Ante el cobarde asesinato de mi amigo Honas Meléndez, de su esposa embarazada, de su hija de tres años y de una joven de 21 años, quizá lo más cómodo sea decir: “fue un psicópata”.
Encerrar el horror dentro de una sola mente nos permite colocarnos a salvo, del lado de los normales. En el crimen también murió el perrijo de la familia y sobrevivió un niño de seis años, quien hoy despertó huérfano y tendrá por siempre el horror de haber presenciado cómo su familia fue ultimada.
El responsable es responsable por entero. Nada de lo que una sociedad tolere disminuye su culpa ni convierte el asesinato en inevitable.
Pero una persona no llega de un día para otro a mirar a una mujer embarazada, a una niña, a un hombre y a un animal como si fueran cosas que podían eliminarse por dinero o venganza.
Para llegar hasta ahí tuvo que desaparecer algo mucho antes: el reconocimiento de que la vida del otro es tan válida como la propia.
La inhumanización no sucedió anoche; lleva años formándose, alentada por una cultura inhumana en la que conviven nuestros hijos hoy.
El horror no comienza con un arma. Comienza cuando la crueldad se confunde con el carácter, cuando humillar da prestigio, cuando dominar parece poder, cuando el dolor ajeno se vuelve entretenimiento en redes sociales, y construimos canales de amarillismo que rápidamente se vuelven los más vistos, y la impunidad en la que vivimos enseña que destruir a otro no tiene consecuencias y que el gobierno está aliado con los malos.
Vemos el precipicio. Pero no vemos lo que nos condujo hasta el borde.
Nos conviene llamar “monstruo” a quien mata porque los monstruos parecen venir de otro mundo. Pero los asesinos nacen, crecen y aprenden entre nosotros. Una sociedad no aprieta el gatillo, pero puede ir quitándole peso moral a la vida ajena hasta que alguien llega a sentir que tiene derecho a quitarla.
Por eso, este crimen no solo exige un castigo. Exige un espejo.
Que haya justicia para Honas, para su familia y para todas las víctimas. Pero que el culpable no se convierta en nuestra coartada para hacernos sentir inocentes.
Solo pienso en el terror de morir presenciando cómo ultiman a tu esposa embarazada y a tu hija, y en la angustia de que no encuentren a tu hijo. Nadie merece morir así.
Eso me hiela el corazón solo de pensarlo. Porque si esto le pasó a Honas, en este país, nos puede pasar a cualquiera que viva aquí.
La pregunta no es únicamente quién pudo hacer algo así.
La pregunta verdaderamente incómoda es:
¿Qué formas de violencia e inhumanización estamos normalizando hoy sólo porque todavía no producen cadáveres?
Lloro la terrible tragedia no solo la de Honas, sino también la de su familia, de sus padres, de sus hermanos de CVII, de sus amigos, de sus fans. Y de todos los que alguna vez conocimos el buen corazón que él tenía.
Y, como muchos, también me pregunto:
¿Cómo permite Dios este tipo de atrocidades?
Pero la pregunta que más me indigna es: ¿cómo permite México que esto pase?
PUES RESULTÓ SER ARGENTINO. Además de llamarnos "salta muros" los argentinos se mofan y se burlan de nosotros por la inseguridad y la violencia vivimos en México, pues les digo que un paisano de ellos asesino con saña al tecladista de Camilo Séptimo y su familia.
¡ORO PARA MÉXICO! 🇲🇽🥇
Rosa Tapia, Marcela Álvarez, Aram Peñaflor y Nicolás Probert se coronan CAMPEONES en el Campeonato Panamericano de Triatlón en Antofagasta, Chile
¡Orgullo total! 👏
México ya está listo para una noche grande en el Estadio Azteca. 🇲🇽
Pocos países tienen una diversidad cultural y popular tan poderosa como México: aquí conviven la Catrina, la Calavera, la lucha libre, el Chapulín Colorado, la monja bailarina de las ferias, el Pato Merlín y hasta el Dr. Simi.
El martes viene Ecuador, y el Azteca tiene que pesar.
Vamos, México. Que se sienta el Azteca. 🇲🇽🔥
#México #EstadioAzteca #SeleccionMexicana #MexicoVsEcuador #Seedance2
Si realmente quieres a tu familia: toca tu corazón ♥️ por un momento y difunde este mensaje de la madre de #CarlosEmilio quien lleva 8 meses esperando para volver a abrazar a su hijo:
En una semana, México ha convertido este Mundial en algo irrepetible. Las ocurrencias, los memes, el ambiente, la pasión y ese toque surrealista tan mexicano han superado a cualquier país anfitrión que recuerde.
Y quizá tiene una explicación más profunda.
Vivimos entre violencia, injusticias, incertidumbre y problemas que parecen no terminar nunca. Tal vez por eso, cuando llega algo capaz de unirnos, los mexicanos nos aferramos a ello con tanta fuerza.
Durante un mes, millones intentan hacer una pausa. Reírse, convivir, cantar, ilusionarse y sentirse parte de algo más grande que las crisis cotidianas.
Desesperada busca a su padre y pide que lo regresen con vida, Francisco Javier Ibarra Rodríguez, de 56 años, desaparecido desde el pasado 16 de junio en Los Mochis, Sinaloa.
Informes: 668-227-5254
Soy la madre de Carlos Emilio.
Y estos días, mientras México celebra y el mundo nos observa, no he podido dejar de pensar en algo.
He visto imágenes que dicen mucho más de nosotros que cualquier discurso.
Vi personas cubriéndose de la lluvia con lonas que llevaban los rostros de quienes hoy siguen siendo buscados por sus familias.
Vi también a ciudadanos detenerse para escuchar.
A personas acercarse a abrazar a madres buscadoras.
A artistas y figuras públicas utilizar su voz para recordar que detrás de cada ficha de búsqueda existe una vida humana que merece dignidad.
Y vi a visitantes de otros países mostrar respeto frente a un dolor que ni siquiera les pertenece.
Todo eso ocurrió en los mismos días.
En el mismo país.
Bajo el mismo cielo.
Y entonces comprendí que la pregunta ya no es únicamente dónde están quienes faltan.
La pregunta es quiénes queremos ser nosotros frente a su ausencia.
Porque quienes hoy son llamados “desaparecidos” no desaparecieron en un acto de magia.
No se evaporaron.
No se borraron solos de este mundo.
Fueron engañados.
Fueron privados de su libertad.
Fueron arrancados de sus hogares, de sus sueños y de las personas que los aman.
Por eso me cuesta llamarlos simplemente “desaparecidos”.
Porque esa palabra parece describir un accidente.
Y no fue un accidente.
Son personas que nos fueron arrebatadas.
Entre ellas está mi hijo, Carlos Emilio.
Pero también más de ciento treinta y tres mil seres humanos cuyos nombres, historias y familias siguen esperando verdad y justicia.
No escribo estas palabras para cuestionar una celebración.
México merece celebrar.
El deporte une comunidades.
Une pueblos.
Une naciones.
Nos enseña respeto, trabajo en equipo, solidaridad, perseverancia y humanidad.
Y precisamente por eso me surge una pregunta.
¿Qué intentamos mostrarle al mundo durante este Mundial?
Porque si los valores del deporte son capaces de unir a millones de personas, entonces también deberían ser capaces de ayudarnos a ver a quienes siguen faltando.
Si este evento tiene una proyección mundial, ¿no sería también una oportunidad para que el planeta conozca a ese México que sigue buscando?
Al México de las madres que no se rinden.
Al México de las familias que siguen esperando.
Al México que se niega a olvidar a quienes le fueron arrebatados.
Porque si algo justifica que hoy el mundo nos mire, es que también pueda ver nuestra verdad.
No para avergonzarnos.
No para dividirnos.
Sino para demostrar que somos un país que se atreve a reconocer sus heridas y a seguir buscando a quienes faltan.
Porque el respeto universal comienza ahí.
En comprender que una fotografía no es una lona.
Que una ficha de búsqueda no es propaganda.
Que una cifra no es una estadística más.
Es una persona.
Es una vida.
Es alguien que sigue siendo amado.
Por eso la Ruta Textil importa.
#LaRutaDeCarlosEmilio
Porque cada puntada devuelve un nombre.
Porque cada bordado devuelve identidad.
Porque cada rostro nos recuerda que ninguna persona debería ser reducida al olvido.
No son los desaparecidos.
Son las personas que nos fueron arrebatadas.
Y si el deporte puede unir al mundo entero por noventa minutos, quizá también pueda ayudarnos a recordar que más de ciento treinta mil personas siguen esperando ser encontradas y que sus familias siguen esperando justicia.
Porque la forma en que decidamos tratar a quienes nos fueron arrebatados hablará siempre más de nuestra sociedad que cualquier marcador, cualquier discurso o cualquier celebración.
#CarlosEmilioGalvánValenzuela
#LaRutaDeCarlosEmilio
#mundialdefutbol
#FIFA
#MemoriaYDignidad
#NoSonDesaparecidos
#NosFueronArrebatados
ME CONOCES!?
Con el corazón en la mano pedimos a todos ayudar a difundir estas credenciales que fueron encontradas en un campo por las madres buscadoras.
Algunas vencieron hace ya algunos años pero otras tienen fecha de este año..
Miren sus rostros..
Para algunas madres que han perdido a sus hijos.. estas identificaciones serán TODO lo que encontrarán ya que en el lugar se encontraron f0s4s con rest0s completamente calcinados..
Sabemos que f!sc4l!4 muchas veces NO ENTREGA PERTENENCIAS..
Así que esta es la manera de avisarle a las familias que ENCONTRAMOS A LOS SUYOS..