MÁS VALE TARDE QUE NUNCA.
Canal 13 comentando recién una noticia que hace más de un año he publicado, y esta semana hemos complementado con más información y que todos los medios latinoamericanos han dado cobertura debido al atentado de la expareja de Cerimedo por parte de sicarios enviados por él mismo.
Cerimedo es un corrupto, un delincuente y un asesino. Se ha jactado de participar en Chile en la campaña del rechazo en el plebiscito y en la campaña presidencial de Kast. Hay pruebas de sobra, testimonios gráficos y personas individualizadas…y varios de ellos hoy están instalados en el 2º piso de La Moneda.
No podemos bajar los brazos, esto debe ser investigado hasta el final.
#GobiernoCorrupto
💣 BOMBAZO DE RADIO BIOBIO
La exnovia de Cerimedo confirmó que él fue cercano a la campaña de Kast en el segunda vuelta de la elección presidencial:
“Estoy segurísima que trabajó con el equipo de Kast, porque se llenaba la boca de que había hecho un nuevo presidente, él estaba tan ligado a esa campaña que decía que tenía que ir a esa posesión…tenía un equipo de trabajo que se comunicaba constantemente, sobre todo el día de las elecciones”
@PresidenteKast@biobio
🔴 NUEVOS ANTECEDENTES SOBRE CERIMEDO Y KAST
Nadia Beller aseguró en @biobio estar “segurísima” de que Fernando Cerimedo trabajó con el equipo de José Antonio Kast.
Según su testimonio, Cerimedo incluso se jactaba de “haber hecho un nuevo presidente” y decía estar tan vinculado a la campaña que asistiría a la toma de mando.
Beller también sostuvo que Cerimedo habría utilizado bots, influencers y otros actores durante el proceso constitucional del Rechazo.
Son acusaciones que todavía deben ser corroboradas, pero la pregunta es inevitable:
¿Quién contrató a Cerimedo, quién financió estas operaciones y cuál fue realmente su relación con la campaña de Kast?
"En el fondo, queremos financiar a la Primera Dama por razones ideológicas pero ¿no queremos financiar Ciencias y Tecnología en el país? ¿Eso no es importante?", cuestiona Hillary Hiner, académica de
@facsouchile, en #RadioAnálisis.
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CARTA ABIERTA A JAVIER MILEI
Presidente @JMilei :
Usted acaba de descubrir un método revolucionario para estudiar literatura: atribuirle al escritor todo lo que dicen sus personajes. Con ese criterio, según usted, Shakespeare habría sido un brutal asesino, pues en su obra mató a Julio César, Dostoievski confesó los crímenes de Raskólnikov, y Goethe no fue más que un tipo satánico por haber creado a Mefistófeles, y debería figurar en algún registro infernal. Todo se vuelve sencillo cuando uno elimina algo tan incómodo como la ficción.
Ante estudiantes del Colegio ORT usted afirmó que “Marx era satanista” y ofreció como prueba una frase de Oulanem: “Pronto abrazaré la eternidad y lanzaré gigantescas maldiciones a la humanidad”. No fue un exabrupto: ya había repetido la tesis en la Universidad Bar-Ilan y citó como autoridad a Richard Wurmbrand y su libro Marx y Satanás. Repetir una afirmación con entusiasmo no la transforma en evidencia.
Oulanem es una tragedia poética juvenil e inconclusa. La frase pertenece a Oulanem, el personaje, dentro de un monólogo dramático. No es una entrada del diario íntimo de Marx, una profesión de fe, una carta confesional ni un manifiesto político. Es ficción. Es elemental, pero conviene subrayarlo: autor y personaje no son la misma persona.
Los textos juveniles de Marx respiraban el romanticismo alemán, con muerte, desafío a Dios y ecos fáusticos. El propio Marx describió Oulanem como un drama “fantástico” y fallido. Convertir esa retórica teatral en prueba de satanismo exige abandonar las reglas básicas de interpretación.
Su fuente tampoco resuelve el problema. Wurmbrand sostuvo que Marx habría practicado satanismo, pero esa tesis no constituye consenso biográfico ni historiográfico. Incluso Murray Rothbard, a quien usted cita con recurrencia y admiración, un autor imposible de confundir con un propagandista marxista, al comentar precisamente a Wurmbrand señaló que no existe evidencia real de que Marx perteneciera a un culto satánico. Qué incómodo: hasta desde una tradición ferozmente antimarxista aparece alguien dispuesto a distinguir una hipótesis ideológica de una prueba. Y para precisar me refiero a Murray, el economista, no a uno de sus perros.
Usted puede criticar a Marx cuanto quiera. Material sobra para discutir su filosofía, su economía y las consecuencias de regímenes que invocaron su nombre. Eso es debate intelectual. Fabricar una biografía religiosa mediante un parlamento teatral es otra cosa: una absurda caricatura.
Y preocupa especialmente porque quien hace esta operación es el presidente de una nación hablando ante adolescentes. Tiene derecho a sus convicciones; no a convertir interpretaciones marginales en hechos comprobados. La investidura presidencial no transforma una inferencia en documento histórico ni una obsesión ideológica en método académico.
Tal vez usted no leyó Oulanem completo. Tal vez alguien le entregó la cita y el satanismo ya empaquetados. Sería grave. Pero si lo leyó y comprendió que hablaba un personaje ficticio, entonces es peor: significaría que eligió omitir el contexto porque la frase servía mejor a su relato.
Imagine, Presidente, que dentro de cien años alguien encontrara uno de sus discursos y concluyera que usted literalmente conversaba con “las fuerzas del cielo”. ¿Aceptaría que un historiador lo presentara como prueba científica de comunicación sobrenatural? Seguramente exigiría contexto: exactamente eso que usted le negó a Marx.
No hace falta ser marxista para advertir la trampa. Hace falta apenas saber leer. La crítica seria comienza en el contexto, las fuentes y la evidencia. Usted suele presentarse como enemigo de la mentira y defensor de la razón. Excelente. Empiece por una tarea modesta: cuando cite literatura, distinga al autor del personaje.
Porque combatir ideas con argumentos puede ser brillante. Combatirlas inventándole demonios al adversario es bastante menos heroico. Es, sencillamente, hacerle trampa al oyente.
@MisColumnas
🔴 ESTO TIENE QUE ESTAR EN TODOS LOS CANALES DE TELEVISIÓN ABIERTA
@T13 dedicó hoy más de 10 minutos a investigar el caso Cerimedo y sus vínculos con la derecha chilena que hoy esta en el gobierno.
La periodista terminó con un dato que exige respuestas: La Moneda no quiso referirse al tema, mientras desde la campaña de Kast sostienen que “no trabajaron con Cerimedo”.
Entonces investiguemos hasta el final.
Chile tiene derecho a saber hasta dónde llegaron las redes de Cerimedo y cuál fue realmente su relación con Kast y su entorno.
GRANJA DE BOTS
Cerimedo dijo manejar una granja de bots con más de 50.000 cuentas falsas para influir en elecciones. (Infobae)
Las granjas de bots tienen un objetivo que suele entenderse mal. No necesitan convencer directamente a millones de personas. Su primera víctima es el algoritmo. Si consiguen engañarlo, será la red social la que haga buena parte del trabajo.
Los algoritmos no son jueces de la verdad, no discriminan la falsedad ni la mentira de lo veraz. Son sistemas de recomendación diseñados para detectar aquello que parece interesarnos y mantener nuestra atención amplificando su presencia. Observan señales: visualizaciones, velocidad de crecimiento, “me gusta”, comentarios, reposteos, permanencia y clics. Una granja de bots intenta fabricar artificialmente esas señales.
Imaginemos una publicación falsa que normalmente recibiría menos de cien visualizaciones y luego desaparecería. Una red coordinada de cientos o miles de cuentas comienza inmediatamente a verla, compartirla, comentarla y marcarla como favorita. Algunas son automáticas y otras humanas. Lo decisivo es coordinarlas.
En pocos minutos la publicación exhibe una actividad anormalmente alta. El sistema puede interpretarla como señal de interés y comienza a recomendarla a personas que jamás estuvieron vinculadas con la granja. Ahí aparece el multiplicador.
Los primeros 5.000 “me gusta” pueden ser artificiales, pero ayudan a conseguir otros reales. Después llegan usuarios auténticos. Algunos apoyan, otros insultan y otros comparten para denunciarla. Incluso quienes intentan combatir una mentira pueden aumentar su circulación.
La secuencia es simple: actividad artificial → señal de popularidad → recomendación algorítmica → usuarios reales → nuevas interacciones → mayor recomendación.
El bot empuja la primera ficha del dominó. Después las empujan los usuarios.
Aquí reside el problema: repercusión no es veracidad. Una publicación no se vuelve cierta porque tenga 80.000 likes, dos millones de visualizaciones o 30.000 reposteos. Esos números describen circulación e interacción; no certifican verdad. El algoritmo no necesariamente pregunta si algo es verdadero: evalúa, entre muchas variables, si consigue atención.
La falsedad, además, posee ventajas: sorprende, escandaliza y moviliza emociones con enorme facilidad.
Nuestra atención tampoco mide verdad. Reacciona ante sorpresa, miedo, indignación, escándalo y confirmación de prejuicios: precisamente las emociones que explota la desinformación.
Una granja de bots, por tanto, no fabrica solamente likes. Fabrica apariencia de relevancia. Puede transformar una opinión marginal en tendencia, instalar un hashtag o crear la sensación de un consenso social inexistente.
Entonces aparece el segundo engaño: el psicológico. Vemos 200.000 likes y pensamos: “por algo será”. Observamos miles de comentarios similares y creemos estar frente a una multitud. Opera la prueba social: si muchos parecen creer algo, tendemos a concederle mayor credibilidad. Pero mil cuentas no equivalen necesariamente a mil personas, ni cien mil interacciones representan cien mil opiniones independientes.
Ese es el poder de estas operaciones: convertir cantidad artificial en legitimidad aparente y legitimidad aparente en influencia real. Una manipulación pequeña puede convertirse en conversación nacional cuando usuarios, periodistas y políticos reaccionan ante aquello que fue inflado.
Por eso necesitamos alfabetización digital: no confundir popularidad con verdad, viralidad con importancia, tendencia con mayoría ni interacción con respaldo ciudadano.
En la plaza pública sabíamos quién gritaba. En la digital podemos leer diez mil cuentas y descubrir detrás apenas un par de personas.
Los algoritmos no miden la verdad: miden señales de repercusión. Cuando una sociedad confunde el ruido de las máquinas con la voz de sus ciudadanos, el problema deja de ser tecnológico. Se convierte en un problema que atenta contra la democracia.
@MisColumnas
CARTA ABIERTA A LA MINISTRA XIMENA LINCOLAO.
Sra. Ministra: @MinLincolao
No es la primera misiva abierta que le dirijo, y seguro, no será la última.
Usted acaba de aportar una sorprendente frase: profesores y profesionales de humanidades podrían reinventarse como vendedores o trabajar en servicio al cliente.
Extraordinario.
Siglos construyendo universidades para descubrir que el destino del humanista estaba entre la caja y el mesón de informaciones.
Así, un profesor de Filosofía podría cambiar a Kant por la garantía extendida; uno de Literatura, a Cervantes por el manejo de inventario; el historiador abandonar la Revolución Francesa para explicar el Cyber y el lingüista aplicar semántica preguntando: “¿Desea agregar un seguro?”.
Hablar de reconversión laboral no es escandaloso. La tecnología destruye ocupaciones y crea otras. Lo inquietante es que la ministra del conocimiento reduzca una disciplina académica al empleo comercial que consiga quien la decidió estudiar.
Más curioso aún porque usted estudió Pedagogía en Castellano y Filosofía. Cuando recomienda a humanistas convertirse en vendedores, podría predicar con el ejemplo. Tal vez sea el nuevo concepto de transferencia tecnológica: del aula al retail sin escalas.
Su frase tampoco cae del cielo. Hace pocos días su ministerio modificó Fondecyt Postdoctorado 2027, concentrando el 70% de los recursos en áreas supuestamente prioritarias. El CRUCH advirtió riesgos para la diversidad disciplinaria e internacionalización. También se cuestionó exigir residencia definitiva a investigadores extranjeros.
Ahora entendemos el ecosistema: si una disciplina no coincide con la prioridad gubernamental, siempre queda Servicio al Cliente.
El problema, ministra, no es Falabella, Ripley ni un call center. Son trabajos dignos. Lo ofensivo es imaginar que años de formación intelectual encuentran allí su reconversión natural. Un profesor no es un vendedor frustrado. Un filósofo no es un ejecutivo esperando capacitación. Un historiador tampoco es capital humano ocioso portando audífonos usando una contraseña de CRM.
Las humanidades aportan aquello que la inteligencia artificial hace más necesario: pensamiento crítico, comprensión del lenguaje, ética, argumentación y capacidad para distinguir conocimiento de propaganda. La paradoja es magnífica: mientras la IA ejecuta cada vez mejor tareas rutinarias, usted propone desplazar hacia ellas a quienes fueron formados para pensar.
Siguiendo la doctrina Lincolao, profundicemos la política pública. Licencia clase C para filósofos y mochila térmica para historiadores: delivery con pensamiento crítico. Los antropólogos podrían conducir Uber mientras estudian movilidad urbana; a los lingüistas les reservamos cobranzas, pues dominan la buena retórica. Y los matemáticos, si también incomodan, a cajas: al menos calcularán el vuelto.
Quizás el próximo Fondecyt incorpore Postdoctorado en Reposición de Góndolas, Magíster en Atención de Reclamos y Doctorado en Venta Consultiva de IA.
Chile necesita vincular conocimiento, innovación y empresa. Pero eso no significa subordinar la universidad al mostrador ni medir el conocimiento por su rentabilidad inmediata. Los países que innovan protegen investigación básica, atraen talento y estudian incluso aquello cuya utilidad aún desconocen. De allí surgen descubrimientos que transforman economías.
Una ministra de Ciencia debería comprenderlo antes que nadie.
Su declaración preocupa más de lo que divierte. No porque vender sea indigno, sino porque pensar es indispensable. Cuando el ministerio del conocimiento sugiere que ciertas disciplinas pueden resolver su futuro atendiendo clientes, el problema deja de ser laboral y pasa a ser intelectual.
Tal vez los profesores puedan reinventarse, ministra. Siempre han sabido hacerlo.
La pregunta es si puede reinventarse el Ministerio de Ciencia. Porque profesores tenemos. Lo que empieza a faltarnos es una política científica a la altura del pizarrón.
@MisColumnas
🔴 CAMILA VALLEJO APUNTA AL DOBLE ESTÁNDAR DEL GOBIERNO
“Al pobre le van a poder interceptar el teléfono”, restringir su tránsito o quitarle bienes; pero cuando se trata de “los amigos”, aparece la presunción de inocencia y no quieren levantar el secreto bancario.
Vallejo acusa una seguridad clasista: mano dura para unos y garantías para los delincuentes de “cuello y corbata”.
“Hay una lógica de tratamiento desigual según la cuna”.
🟣“El orden no puede ser a cualquier costo: debe ser con democracia”
Camila Vallejo, exministra de la Segegob, sostiene que la reforma constitucional en materia de seguridad, bajo el argumento de combatir el crimen organizado, buscaría sentar las bases de un gobierno autoritario
#CNNChileRadio | Jaime Gajardo, exministro de Justicia, sobre reforma constitucional en el marco de la Agenda de Seguridad: "No podemos impedir que las personas ejerzan su derecho a acceder a la Justicia, eso no es propio de un Estado democrático y de derecho- El Gobierno va a tener poder y está tratando de que nadie pueda controlar ese poder".
"Lo que hay ahora es el afán de restaurar, el afán de volver atrás. Es terminar de hacer lo que creen que no se hizo hace más de 50 años, en dictadura": en #Radioanálisis, María Olivia Mönckeberg, Premio Nacional de Periodismo 2009 analiza la contingencia nacional que se vincula con la reedición de su libro "El poder de la UDI. 50 años de gremialismo en Chile”.
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¿PERO CÓMO TAN WEONES?
Hay una pregunta que atraviesa los noticieros chilenos con más frecuencia que el pronóstico del tiempo: ¿pero cómo tan weón?
Es la reacción espontánea ante alguien que, provisto de micrófono, cargo o simple exposición, y una sorprendente confianza en sí mismo, consigue decir aquello que una persona sensata habría callado.
El fenómeno merece estudio. Porque weones han existido siempre; lo novedoso es que ahora tienen tribuna, asesores, redes sociales, punto de prensa y, en algunos casos, dieta parlamentaria. Y como dijo el ilustrísimo profesor Maza, ahora los weones opinan y no temen hacerlo…son más habladores.
Hace unos días, una conocida figura televisiva fue sorprendida conduciendo a más de 160 km/h. Su defensa fue memorable: “¿A quién no le ha pasado?”, seguido de otro argumento notable: “No he matado a nadie”. Equivale a decir que manejar a exceso de velocidad es aceptable mientras uno no atropelle a alguien. La ausencia de cadáver, según esta escuela filosófica, convertiría la imprudencia en inocencia.
Pero el Congreso también aporta a la disciplina. Cristóbal Urruticoechea, férreo opositor al aborto, nos regaló en 2022 una frase difícil de superar: una mujer violada que aborta “no se desviola”. No fue un lapsus: consultado después, la sostuvo. Y ahora reaparece defendiendo las carreras de galgos, cuya continuidad discute el Congreso.
Cuando convicciones se encuentran con un micrófono, la prudencia suele pedir licencia.
¿Por qué ocurre?
¿Por qué tanto weón suelto?
Primero, porque notoriedad e inteligencia no son sinónimos. Ser famoso significa ser conocido; ser elegido, haber obtenido votos; ocupar un cargo, haber cumplido ciertas condiciones. Ninguna certifica criterio, cultura, empatía, capacidad lógica ni sentido del ridículo, y menos una razonable lucidez. Confundimos visibilidad con autoridad intelectual y después nos sorprendemos cuando el envase toma la palabra.
Segundo, existe el efecto Dunning-Kruger: cuanto menos domina alguien una materia, más difícil puede resultarle advertir la magnitud de su ignorancia. El sabio duda; el ignorante comparece ante las cámaras. Uno dice “no tengo antecedentes suficientes”; el otro pide un micrófono adicional.
Tercero, el ecosistema mediático premia el disparate. Una explicación sensata de tres minutos compite mal contra una estupidez de doce segundos. El algoritmo no pregunta si una frase es inteligente; pregunta si genera clics. Y pocas cosas generan más interacción que un soberano pelotudo hablando con absoluta seguridad.
Hay además un ingrediente peligroso: el poder reduce los correctores. Al ciudadano común alguien le dice “no seas weón”. Al famoso lo rodean personas que ríen. Al diputado lo asesoran. Al ministro le redactan comunicados. Al personaje televisivo le ponen maquillaje. Así, algunos terminan confundiendo ausencia de contradicción con abundancia de razón.
El problema no es que existan los weones. La humanidad sobrevivió milenios con ellos. El problema es entregarles amplificación. Un weón en una sobremesa perjudica a seis personas; uno con cien mil seguidores intoxica una conversación pública; uno legislando puede transformar su estupidez en una norma que afecte a millones.
Tal vez necesitemos una exigencia para ciertos cargos: antes del certificado de antecedentes, una prueba de realidad. Cinco preguntas, un micrófono y treinta segundos de silencio obligatorio antes de responder. Quien no consiga soportarlos vuelve a intentarlo el próximo año.
Porque pensar antes de hablar es gratis. Lo extraordinario es comprobar cuánta gente importante considera que el precio es demasiado alto.
Y mientras autoridades, parlamentarios y celebridades confundan exposición con lucidez, seguiremos practicando ese ejercicio nacional que une izquierda y derecha, ricos y pobres, jóvenes y viejos: mirar la pantalla, arquear las cejas y exclamar democráticamente:
Pero… ¿cómo tan weón?
@MisColumnas
🔴 MÓNICA RINCÓN TOCA UN PUNTO CENTRAL
Una Constitución no se escribe suponiendo que el Presidente siempre hará buen uso del poder.
Pensemos esta reforma hacia adelante: si José Antonio Kast —o cualquier futuro Presidente— decidiera tomar una senda autoritaria, ¿qué impediría que utilizara estas nuevas facultades a su favor?
Estamos hablando de suspender o restringir libertades personales, reunión y asociación, además de intervenir comunicaciones, bajo un estado de excepción que podría prolongarse por meses.
La democracia no se protege confiando en las buenas intenciones de quien gobierna.
Por eso la respuesta de Arrau es tan mala.
Los Estados se protegen poniendo límites al poder, precisamente para cuando esas buenas intenciones dejan de existir.
Secundarios en alerta. Mientras el Gobierno de Kast restringe la libertad en los liceos revisando mochilas bajo el lema de seguridad, la juventud exige respuestas: ¿por qué tantas trabas para perseguir el dinero del narco?
La organización recién comienza.
🔴 TOHÁ ADVIERTE SOBRE EL RIESGO DEMOCRÁTICO DE LA REFORMA DE KAST
Carolina Tohá fue durísima: se está mostrando “dureza” más que resolviendo realmente el problema.
Y advierte algo todavía más grave: una “frivolización de la Constitución, de los principios democráticos y de las libertades ciudadanas”, sacrificando cuestiones fundamentales sin evidencia de que la seguridad vaya a mejorar por esta vía.
La alternativa: policías suficientes, mejor preparados y equipados, y un Estado más eficiente. Seguridad sí, pero sin sacrificar la democracia.