@AMAG2010@mcubillossigall@__elmercurio Descripción acertada en la forma y el contenido, yo le sumaría que la señora “17 millones” exuda envidia y ganas de hacer daño.
Dice el refrán “dime de lo que te jactas y te diré de lo que careces”
BOCHORNOSO
Ximena Ossandón fue acorralada por Mónica Rincón y tuvo que reconocer que ella firmó la ley sobre escuchar los latidos del corazón del feto, sin haberla leído.
@YinethAndree1 Lo que deberías es darle las gracias por haberlos criado sin ser sus hijos. Pero exigir una pensión me parecería muy inadecuado de tu parte
@CCRadovic2012 Sr. Contreras, gente como ud le hace mal a la política chilena y representa el tipo de liderazgos que no aportan, por el contrario, son la forma más clara de cómo intereses partidistas y mezquinos, se posicionan en escenarios de relevancia sin tenerla.
⚡️”Disfruten lo votado”. El geógrafo físico y divulgador científico apuntó en CHV contra los gobiernos que recortan el financiamiento a la investigación y advirtió que “hay formas de gobernar que atacan la ciencia”, en una frase que rápidamente se viralizó.
LA ESTRATEGIA DEL SILENCIO
Cuando un gobierno se dispara en los pies, sólo queda observarlo.
En un país donde la realidad se deshace como un castillo de naipes mal barajado, el gobierno de José Antonio Kast ha logrado, con una eficacia casi pedagógica, lo que parecía improbable: convertir la torpeza en doctrina y el error en política pública. No es que se equivoquen —eso sería humano—, es que insisten en hacerlo con una convicción casi estética, como si el tropiezo fuese una forma superior de coherencia.
Mientras tanto, la oposición, ese actor históricamente adicto al micrófono, ha descubierto el poder terapéutico del silencio. Se ha vuelto contemplativa, casi zen. Observa. Espera. Respira. Porque, claro, hay una máxima que aquí se ha elevado a estrategia: no interrumpas a tu adversario cuando se está equivocando. Y este gobierno, generoso en desaciertos, ofrece material inagotable.
El inicio fue digno de una tragedia sin épica: un país “quebrado”, una caja vacía, un relato de emergencia que se desinfló con la velocidad de un globo en manos de un niño impaciente. Luego vinieron las rectificaciones, esas confesiones tardías que no corrigen el error, sino que lo certifican. Porque en política, retractarse no es enmendar: es protocolizar la torpeza.
Pero el problema no es un desliz aislado, sino una coreografía persistente del error. Seremis que no alcanzan a memorizar el nombre de su cargo antes de dimitir por problemas de probidad. Funcionarios que aterrizan en puestos estratégicos no por mérito, sino por militancia, como si la lealtad partidaria fuese un sustituto funcional de la competencia técnica. La administración pública, en ese sentido, parece haberse transformado en una pasarela donde desfila la improvisación con credencial.
Y así, entre renuncias exprés y nombramientos que desafían cualquier estándar profesional, se instala una sospecha más inquietante: no es que falte talento, es que sobra torpeza. Como si gobernar fuese un ejercicio menor, una práctica amateur donde el costo del error siempre lo paga otro.
En paralelo, las vocerías se enredan en su propio laberinto. Explican mal, corrigen peor y, en el intento de aclarar, oscurecen. Cada intervención pública se parece más a un borrador que a una declaración, a un ensayo fallido que jamás debió salir a escena. Y sin embargo, sale. Una y otra vez.
En ese contexto, la oposición no necesita construir un relato: le basta con observar cómo el oficialismo dinamita el suyo. No hay confrontación porque no hay necesidad. No hay debate porque no hay contraparte sólida. Es, más bien, un espectáculo unilateral donde el error se reproduce sin resistencia, como un eco que se niega a extinguir.
La política chilena, entonces, adquiere una fisonomía peculiar: un gobierno que se corrige a sí mismo a punta de tropiezos y una oposición que entiende que, a veces, la mejor intervención es la abstención. No por virtud, sino por conveniencia estratégica.
Como en esas pichangas de barrio donde el consejo es simple y brutal —“no lo marques, se marca sólo—, el gobierno avanza tropezando con su propia sombra, mientras al frente alguien, con inusual disciplina, decide no interrumpir el espectáculo.
Y así, en esta extraña coreografía de errores y silencios, el protagonismo no lo tiene quien habla más fuerte, sino quien se equivoca con mayor constancia. Porque cuando el poder convierte el error en rutina, el silencio deja de ser ausencia: se transforma, elegantemente, en una forma superior de inteligencia.
@MisColumnas
@Vicente03464622@OPE_Chile Es entre vergonzoso y divertido ver cómo usan el término “liberación” cuando todos sabemos que esa libertad es la de obedecer a la potencia hegemónica de occidente y nada más.
@OPE_Chile Claramente entienden poco y nada de diplomacia internacional y equilibrio global, por lo cual se entiende la ignorancia al no reconocer que el verdadero peligro para la estabilidad del Medio Oriente y del mundo es el sionismo.