La portada de The Economist sobre 2026 no anuncia un apocalipsis, sino algo más inquietante: la normalización del desorden. Un mundo saturado de deuda, guerras permanentes, tecnología sin control y política emocional. No hay centro, no hay equilibrio, solo un sistema que sigue funcionando… mal.
Misiles, jeringas, billetes, puños alzados y espectáculos deportivos conviven en la misma esfera caótica. El mensaje es claro: vivimos de prestado, gobernados por la urgencia, el miedo y la distracción, mientras el ser humano desaparece del centro. No es el fin del mundo: es su agotamiento.
@DianaLe52556368@T13 No entendiste nada o no sabes que las visitas se las otorgó el tribunal y que una de las exigencias de ella fue que pusiera malla en las ventanas ?? La culpa no es de ella, era el quien tenía el cuidado personal durante esas 8 horas
@Jadeika2312@T13 El tribunal determinó las visitas, no ella 🙄 la exigencia de ella fue que el pusiera mallas en las ventanas, el dijo en el tribunal que las puso, sabiendo esto seguirás culpando a la mamá ??
@EsterRojas82086@IncorrectaR@T13 El weon le dijo al tribunal que había puesto las mallas, fue una exigencia para las visitas 🤷♀️el tribunal no tiene en esos casos como corroborar que lo dicho era falso. Por otro lado se comenta que él le pidió a la mamá que costeara las mallas porque era su exigencia, plop !
La Danza de las Mil Manos de Guan Yin es una impresionante exhibición artística china que honra a la bodhisattva budista de la compasión, Guanyin. Realizada a menudo por bailarines con discapacidad auditiva, la coreografía crea una ilusión impresionante
FELICES 93 Sol de mi vida!!! Valito amado, deseo con toda mi alma que sigas regalándonos tu bendita pasión y talento, así con esa generosidad y humanidad que solo tú sabes entregar! 🥹❤️
Acá jugando con “Ain’t Misbehavin’ de Fats Waller y Harry Brooks😃
A MIT professor gave a 1-hour lecture in 2019 that has 18 million views.
He died 5 months after recording it.
It was his final gift to the world.
Patrick Winston taught at MIT for 50 years.
The smartest engineers on earth sat in his classroom.
And he spent his last lecture teaching them the one skill their degrees never covered.
How to speak.
15 lessons that will change how you communicate forever:
Never open with a joke. Your audience is not ready to laugh yet. Open with a promise of what they will know by the end.
Your ideas are like your children. You are too close to them. What is obvious to you is invisible to everyone else. Explain the obvious.
The 5-minute rule: the first 5 minutes of any talk determine whether people will listen for the next 55. Spend more time on your opening than anything else.
Repeat your most important idea 3 times in 3 different ways. Once is never enough.
Build a fence around your idea. Tell people what it is NOT before you tell them what it IS.
Verbal punctuation. Pause. Let the idea land before moving to the next one.
Ask questions nobody will answer. Then wait 7 seconds. The silence is not awkward. It is processing.
Never read your slides. Your audience can read. They cannot listen and read simultaneously.
Use the board not the slides. Writing forces you to slow down. Slowing down forces clarity.
Inspire before you inform. Nobody learns from someone they are not inspired by.
End with a contribution not a summary. Tell them what you gave them. Not what you said.
Never say thank you at the end. It is weak. End with something that lands.
Stories make ideas stick. Data makes ideas understood. You need both. In that order.
The quality of your communication determines the quality of your ideas in the eyes of the world. Not the ideas themselves.
Practice is not preparation. Practice IS the skill.
Patrick Winston understood something most people spend their entire careers missing.
Your ideas are only as powerful as your ability to transfer them into someone else's mind.
You can be the smartest person in the room and be completely invisible.
Or you can master communication and make average ideas feel like breakthroughs.
He chose to spend his last lecture teaching this.
Watch it tonight.
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El país más tecnológico de Europa acaba de gastar cien millones de dólares en comprar libros de papel para sus escuelas.
Suecia era el laboratorio perfecto: país rico, hiperconectado, progresista. Hicieron lo que todos pensábamos que era el futuro: digitalizar la educación desde el jardín de infantes, cada chico con su tablet, cada aula conectada y cada libro reemplazado por una pantalla. Si algún país iba a demostrar que la tecnología mejora el aprendizaje, era este.
Sin embargo, y para sorpresa de todos, los resultados de comprensión lectora empezaron a caer. Las pruebas PISA mostraron algo que nadie esperaba: más horas de pantalla en la escuela no estaban generando mejores alumnos, sino peores.
Los que menos pantalla usaban rendían un año y medio por encima de los más expuestos, y dos de cada tres estudiantes con laptop terminaban dedicando la mayor parte de la clase a cualquier cosa menos a aprender.
¿Por qué pasa esto? Porque el cerebro no aprende igual en una pantalla que en papel. Un estudio con 256 sensores cerebrales midió qué pasa cuando escribís a mano vs. cuando tipeás: escribir a mano activa al mismo tiempo redes de memoria, visión y procesamiento motor. Todo encendiéndose junto. Tipear no genera prácticamente nada de eso. La fricción de trazar cada letra es justamente lo que fuerza al cerebro a consolidar lo que aprende.
Suecia escuchó la evidencia: el Instituto Karolinska —el que decide el Nobel de Medicina— declaró que las pantallas perjudican el aprendizaje. El gobierno eliminó dispositivos para menores de seis años, prohibió celulares en toda la jornada escolar y destinó cien millones de dólares a volver a los libros.
Mientras tanto, Estados Unidos gasta treinta mil millones al año en más dispositivos como laptops y tablets, a pesar de que las encuestas indican que distraen incluso más que los celulares.
La generación con mayor acceso a conocimiento de la historia es la primera que sabe menos que la anterior. La tecnología es maravillosa: aprendamos a usarla cuando suma, y no simplemente porque está de moda.