@Atlante Me encantaría poder asistir al partido para vivir la energía que solo los mexicanos sabemos! Un partido del mundial debe ser algo inolvidable, me hubiera gustado ir con mi papá que fue el q me inculcó la bonita pasión al fútbol pero desafortunadamente ya no vive.
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@MrElDiablo8 Señores cierren todo, si no llegamos a trabajar, si nos descuentan el día, si ese día no se logra la producción y productividad en una empresa, que chinge si madre todo, aquí nos quedamos sin tragar parejo hasta que atiendan sus peticiones, sin el campo no tragamos
Brutal la contestación de Ricardo Anaya al acosador y corrupto Félix Salgado Macedonio.
Anaya no será santo de devoción para muchos (me incluyo), pero cuando se trata de enfrentar al régimen con argumentos y firmeza en tribuna, pocos lo hacen como él.
Y qué esperabais, neófitos en su fe. ¿Que avisase del momento del sepelio de su arte? ¿Que amortiguase los sentimientos de una afición joven en ebullición y de un público veterano fiel? Para qué. ¿Para precipitar un camino de piñas doradas y pétalos de rosas confeccionados para la ocasión? No habría sido propio de él.
Épocas de predicadores, tiempos de vaticinio y décadas de falsos ídolos y malos aduladores. A todos ellos ha sobrepasado y ya es inmortal. Y no blasfemo. Si la tauromaquia tuvo hace unas centurias a Pepe Illo, a Paquiro, al Guerra y Lagartijo como profetas. Si Joselito fue el rey David, Belmonte el rey Salomón y Manolete reabrió las puertas del toreo como Josué las murallas de Jericó. Si Ordóñez, Bienvenida, Romero y Paula anunciaron como los ángeles, entre verónicas y naturales, la venida de la apoteosis del arte en el ruedo… Morante es el mesías de la obra inconclusa de Cúchares que hoy rubrica como maestro de maestros, haciendo honor en sus detalles a la palabra de todos y culminando su pasión con una elegía de color chenel.
Su pasión. El adiós. El alumbramiento de una nueva fe estética. El ocaso de una vida profesional dedicada a transmitir la tauromaquia de la única manera en que ésta puede pervivir: en el arte. Sólo entendido como tal, un espectáculo tan crudo y dramático como la vida misma puede eternizarse. Y él, en el pozo de su melancolía así lo vive. Así lo sabe. Porque si el toreo es una tragedia, también lo es la existencia humana que, como explicaba Unamuno, racionalmente entiende el ser como una lucha eterna por preservarnos y sabe que, quizás, la vía más rápida para ese final, que sin remedio llegará, es el suicidio. Pero, por el camino, aún conscientes de los sinsabores que habremos de soportar, de la finitud del cirio de nuestra vida que a cada minuto se consume sin remedio ni gloria, encontramos en la veda de esta tragedia detalles o impulsos que, sin explicación posible, nos embeben en un frenesí de estímulos y pasiones que, endulzando el día a día, se graban en lo más hondo de nuestras retinas y corazones a golpe de pura sinrazón.
Y en esa cíclica y eterna sinrazón, en guardia contra esa ambigua depresión que tanto mal le ha hecho y tanto bien nos ha regalado, el de la Puebla ha dicho adiós. Sin avisar. Cumpliendo con el trágico final que todos sabíamos se acercaba. Pero sin adivinar nunca la magia que lo abrazaría, entre dolores de volteretones y caricias templadas de muleta que rompían a llorar tras una última magistral estocada que acabaría por cortar su coleta con la plaza de las Ventas como testigo de su su ocaso.
Y qué dulce ocaso... Y qué doloroso ocaso... Ya no sé si me arde o se me ha helado el corazón. La sinrazón… El arte…
Morante.
✍Manuel Fuentes Márquez.
Morante de la Puebla es el último flotador al que nos agarramos quienes entendemos la vida como la constante búsqueda de la verdad y la belleza.
Se cierra una época para la historia, que hemos vivido y visto con nuestros ojos. La grandeza del toreo es también esto. Afortunados nosotros.
Nos hemos quedado huérfanos
MORANTE DE LA PUEBLA LE DA UNA PÁGINA DE GRANDEZA A LA FIESTA BRAVA, A LA TAUROMAQUIA Y LA CULTURA HISPANA
¡GRACIAS SIEMPRE!