El precio que pagamos por relacionarnos con la gente equivocada es motivo suficiente para que seamos más estrictos sobre a quien dejamos entrar a nuestras vidas.
Es una locura cómo el trabajo en uno mismo nunca termina. Mejoras en algo y, de repente, tienes que trabajar en cosas nuevas. Simplemente vas por ahí desbloqueando niveles infinitos de crecimiento.