(+21) Misántropo irredento. Explorador de jardines noctámbulos. Humano demasiado humano. Bestia con corazón de niño. #ElBigHorny ¡Los tengo en la mira!
@Animalpoetico@El_Lyndon Nos mostraste algo digno del portafolio del diseñador de la imagen de la CDMX. Aquella señora espantosa que tenemos por gobernadora (?) está destruyendo la identidad gráfica de la capital.
No me hace gracia que la afición se esté agrandando. Inglaterra ha demostrado que con 15 minutos de ponerse a jugar en serio les basta para resolver partidos y dejar fuera a cualquiera. La disciplina táctica debe ser el primer objetivo. El peso del Azteca debe ser aún mayor.
¡Tenemos rival! ⚽
Enfrentaremos a Inglaterra en Octavos de Final. 🇲🇽🆚 🏴
¡Vamos por el pase a la siguiente ronda!
¡Con todo, Incondicionales! 👊
#SomosMéxico
Es fácil decir que Bielsa es un entrenador destinado a "siempre fracasar" por la intransigencia y la arbitrariedad de sus métodos. Sin embargo, hay que analizar el contexto tóxico con el que trabajó en los últimos dos años. El tiempo le dará la razón al Loco.
Bielsa no fracasó por querer cambiar la identidad del fútbol uruguayo. Fracasó porque intentó cambiar un paradigma que muchos confunden con identidad.
Y ahí está el verdadero problema.
En Uruguay, muchas veces la garra, la historia y el orgullo del “paisito” funcionan como motor. Nos empujan. Nos dan carácter. Nos hacen competir contra cualquiera.
Pero también pueden transformarse en refugio.
Porque una cosa es tener identidad y otra muy distinta es usarla como excusa para no exigirnos al limite y evolucionar.
Eso de “somos tres millones”, "esto es Uruguay " “contra todos”, “a nosotros nadie nos regala nada”, "con el cuchillo entre los dientes" "hay que trancar con la cabeza" pueden ser una fuerza emocional enorme. Pero cuando esa narrativa reemplaza al método, a la planificación, a la autocrítica y a la modernización, deja de ser virtud y empieza a ser límite.
Bielsa tocó esa fibra.
No vino a decirle a Uruguay que dejara de ser Uruguay. Vino a decirle que con la historia sola ya no alcanza. Que con la garra sola ya no alcanza. Que el mundo cambió y que no se puede competir contra estructuras modernas creyendo que todavía vamos a ganar a fuerza de pierna fuerte y miradas recias.
Ahí apareció la resistencia.
Pero sería injusto cargar toda la responsabilidad sobre Bielsa como si los jugadores hubieran sido simples víctimas del proceso.
Porque también allí apareció una parte incómoda del problema: algunos futbolistas no se resistieron solamente a una idea táctica; se resistieron a una forma de exigencia. Se resistieron a la intensidad, la incomodidad, la pérdida de ciertos privilegios, los hábitos modificados y una metodología que no estaba pensada para agradar, sino para llevarlos al límite competitivo.
Y eso también forma parte del paradigma.
Por lo que se hizo público, el conflicto no fue solo por cómo jugaba Uruguay. También fue por cómo se entrenaba, cómo se convivía, cómo se administraban los liderazgos y cuánto estaban dispuestos los jugadores a aceptar una autoridad que no negociaba desde la comodidad.
Bielsa pudo equivocarse en las formas. Seguramente. Pudo gestionar mal sensibilidades, momentos y referentes. Pero el fondo sigue siendo el mismo: intentó instalar una cultura de entrenamiento, exigencia y método que no todos estaban dispuestos a aceptar.
Y ahí aparece otra pregunta incómoda:
¿Queremos competir con la élite mundial o queremos conservar las comodidades de siempre?
Porque no se puede pedir volver a ser protagonista del mundo y, al mismo tiempo, rechazar los costos de entrenar, vivir y competir como la élite mundial.
El fútbol uruguayo quiere crecer, pero muchas veces sin incomodarse. Quiere volver a la cima, pero sin revisar sus hábitos. Quiere competir con los mejores, pero sin abandonar ciertos relatos que lo protegen de mirarse de frente.
Y Bielsa, con todos sus errores, obligó a mirar eso.
Quizá su fracaso no fue solamente futbolístico. Quizá fue cultural. Intentó empujar a Uruguay hacia una versión más moderna, más exigente y menos autocomplaciente de sí mismo, pero chocó contra un ecosistema que todavía siente que cambiar es traicionarse.
Y no lo es.
Evolucionar no es dejar de ser Uruguay. Modernizarse no es perder la garra. Cambiar el paradigma no es borrar la historia.
El verdadero problema es seguir creyendo que la camiseta y su historia, por sí sola, todavía gana partidos.
Porque la garra sin evolución termina siendo nostalgia.
Y la nostalgia no compite.
Solo recuerda.
Foto :AP news
Mucha gente que, ahora, tras la eliminación de Uruguay en el Mundial, habla con tanto desprecio de Marcelo Bielsa en realidad no sabe de quién está hablando.
Marcelo Bielsa es el arquitecto de la metodología del fútbol moderno.
No es solo el entrenador de sus equipos: es el padre metodológico de una escuela que atraviesa todo el fútbol contemporáneo.
Quienes lo reducen a un resultado concreto no entienden su verdadero legado: Bielsa cambió la manera de preparar partidos.
No abolió el azar —el fútbol nunca permite eso—, pero redujo como pocos la improvisación del jugador mediante método, análisis y repetición.
Su influencia se sostiene sobre tres pilares:
- Análisis exhaustivo del rival: estudio minucioso de partidos, estructuras, variantes, sustituciones, balón parado y comportamientos bajo presión.
- Vídeo individualizado: información condensada para que cada jugador conozca perfiles, hábitos, recorridos y zonas de influencia de su emparejamiento directo.
- Entrenamiento espejo: reproducción semanal de los esquemas del rival para que el partido no aparezca como una sorpresa, sino como un escenario ya trabajado.
Bielsa no solo prepara partidos. Diseñó toda una cultura profesional: estudiar el fútbol con la misma seriedad con la que se juega.
Por eso discutir a Bielsa solo desde el marcador es no haber entendido dónde está su verdadera victoria.
Aun derrotado en Waterloo, Napoleón siguió siendo Napoleón.
#Bielsa #Uruguay #Argentina
La experiencia de Marcelo Bielsa en Uruguay deja una enseñanza que va mucho más allá de los resultados. Desde su llegada intentó cambiar la identidad de un equipo históricamente asociado a un fútbol de fricción y duelos físicos, para convertirlo en uno protagonista, ofensivo y capaz de jugar con la pelota al piso.
Pero el proceso encontró resistencias. Los jugadores cuestionaron sus métodos y el nivel de exigencia, mientras que Bielsa tomó decisiones fuertes al apartar a referentes que consideraba incompatibles con su idea de juego. El propio entrenador reconoció que no había logrado cambiarles la mentalidad y asumió su responsabilidad.
Sin embargo, las transformaciones nunca dependen de una sola persona. Un entrenador puede proponer un camino, pero necesita jugadores dispuestos a recorrerlo. Y el fútbol que pregona Bielsa exige algo fundamental: futbolistas inteligentes. No alcanza con correr y meter. Hace falta entender espacios, interpretar movimientos, tomar decisiones rápidas y animarse a abandonar hábitos profundamente arraigados.
También es cierto que la personalidad de Bielsa nunca terminó de generar la confianza y la cercanía necesarias para sostener un cambio tan profundo. Ese, probablemente, sea su gran defecto: muchas veces sus ideas convencen más que sus formas, y construir una revolución cultural también exige crear vínculos y lograr que los futbolistas se sientan parte del proceso.
El gran desafío en Uruguay no fue táctico ni físico, sino cultural. Bielsa intentó modificar una manera de entender el fútbol y se encontró con un grupo que, en gran medida, no estuvo dispuesto a sostener ese cambio.
Las revoluciones futbolísticas necesitan de un entrenador convencido, pero también de jugadores inteligentes, abiertos al aprendizaje y comprometidos con una nueva idea. Sin esa combinación, cualquier transformación queda a mitad de camino.
@pacochaconmx Ojalá encuentre consistencia y que sea un trabajo bueno. Pese a las circunstancias por las cuales llegó y que se han hablado hasta el hartazgo, no va a dejar de ser un triunfo para las mujeres mexicanas del arbitraje.
@AtletiOnTop Isotretinoína, o Roaccutan como le llamaban en mi casa. Te reseca todo lo resecable y es un gancho directo al hígado. Además, es tan diabólico que las mujeres no deben embarazarse tiempo después de usarlo para no tener hijos sin extremidades.
@Nu_O_Men@El_Pendulo Voy antes de la quincena, regularmente los días 12 o 13 y los 28 o 29. Pero a los pocos días termino volviendo, con el hocico quemado sabiendo que juré no comprar otro libro más para la lista de algún día.