¿Qué tan cierto es que el gobierno de @petrogustavo endeudó a Colombia como ningún otro? Esta es la deuda del gobierno nacional central como porcentaje del PIB y en pesos reales de 2024. En Santos II, la deuda aumentó alrededor de 10 puntos porcentuales del PIB, con Duque 11,3 y con Petro 1,3. En pesos reales de 2024, aumentó alrededor de 178 billones con Santos II, 317 con Duque, y 63 con Petro.
Fuentes:
Deuda: https://t.co/QF7pXEzmH2
PIB: https://t.co/UVKjAxQzA1
IPC:
https://t.co/DbiW5KKGpH
Los colombianos ya saben que esperar del posible próximo @MinAgricultura que recibió una plata para beneficiar a una familia de terratenientes con subvenciones destinadas a campesinos necesitados
¿Por qué la gente que fue sacada de la pobreza por gobiernos de izquierda termina votando por la derecha más radical?
"Creamos consumidores con capacidad adquisitiva, pero no creamos ciudadanos con conciencia de clase."
Álvaro García Linera
Durante el boom de materias primas de los 2000, los gobiernos del PT en Brasil, el kirchnerismo en Argentina, el chavismo en Venezuela, el MAS en Bolivia y el correísmo en Ecuador tuvieron recursos históricos. Redujeron la pobreza. Ampliaron el consumo. Crearon una nueva clase media.
Pero no cambiaron quién controla los medios, el capital financiero ni la narrativa cultural. No industrializaron. Siguieron dependiendo de vender petróleo, soja y minerales al exterior. Cuando los precios cayeron, el dinero se acabó — y con él, la base política.
Lo más paradójico: esa nueva clase media que emergió gracias al Estado comenzó a adoptar la ideología de las élites. Sin educación política, el ascenso social se reinterpretó como puro mérito propio. Y ese sector terminó votando por Milei, por de La Espriella, por Kast, por cualquier figura que prometiera "menos Estado" y "mano dura" — exactamente las políticas que los habrían mantenido en la pobreza.
El patrón se repite: Bolivia, Brasil, Ecuador, Argentina, Colombia, Chile. La izquierda gana, reduce la pobreza, pierde el poder, y la derecha más radical del ciclo anterior regresa con más fuerza que nunca.
Como advertía Gramsci hace un siglo: tomar el gobierno no es lo mismo que tomar el poder. Mientras la derecha controle los medios, el sistema financiero y la cultura, cualquier victoria progresista será temporal.
El progresismo que solo reparte dinero sin democratizar el poder real está condenado a ser devorado por los monstruos que se negó a desmantelar.
Noticias a Voces
El presidente Gustavo Petro, le entrega a Abelardo de la Espriella un país con una vara extremadamente alta, y difícil de superar.
Hasta la fecha de hoy Colombia mantiene indicadores como inflación controlada, desempleo de un dígito, reducción de la pobreza, estabilidad cambiaria y crecimiento económico, el desafío de su gobierno no será rescatar al país, sino demostrar que puede superar los resultados del gobierno de Gustavo Petro.
Su principal problema será que gran parte de su discurso de campaña estuvo construido sobre promesas que requieren reformas legales e incluso constitucionales de enorme complejidad. Con un Congreso fragmentado, una oposición fuerte y unas cortes con agenda propia, muchas de esas propuestas se quedarán en meros anuncios.
Además, llega al poder después de una elección extraordinariamente cerrada, en un país profundamente dividido. Gobernar con la mitad de la población en desacuerdo con su proyecto político limitará su margen de maniobra y hará que cualquier reforma que intente encuentre resistencia social y política.
Su alineamiento con Washington y los compromisos asumidos con la administración Trump causarán repulsión en gran parte de la población, por no decir en la mayoría.
Mi pronóstico es que será un gobierno de alta confrontación política, con una narrativa permanente de orden y autoridad, ningún avance en materia de seguridad, por el contrario, crecera la conflictividad, y el desastre institucional. Lo que traerá enormes dificultades para materializar las transformaciones estructurales que prometió. Muchas de sus propuestas chocarán con los límites institucionales, presupuestales y constitucionales del Estado colombiano.
Si su cacareado “país milagro” recibe una Colombia con indicadores macroeconómicos favorables, la pregunta no será si De la Espriella puede prometer más, sino si realmente puede gobernar mejor. Y superar una economía estable, reducir aún más la pobreza, mejorar el empleo y mantener la gobernabilidad en un país polarizado es mucho más difícil que ganar una elección. El balance final es que sus promesas terminarán estrellándose contra la realidad del país.