Con el tiempo aprendí que no hay que rogar por presencia, interés ni cariño. Cuando algo realmente nace de una persona, se nota en sus acciones, porque cada quién encuentra tiempo para aquello que de verdad considera importante.
El cerebro dedica una enorme cantidad de energía a anticipar lo que cree que va a ocurrir.
Por eso las expectativas influyen tanto en la forma en que percibimos la realidad.
Escuchar sin interrumpir. Compartir sin pretender. Hablar sin acusar. Disfrutar sin quejar. Dar sin esperar. Confiar sin temer. Creer sin dudar. Perdonar sin castigar. Responder sin discutir. Prometer sin olvidar.
Vi esta frase:
«La paz llega cuando comprendes que todo aquello que está fuera de tu control también debería estar fuera de tu mente».
Cambió mi forma de pensar.
El mejor proyecto en el que puedes invertir siempre serás tú. Cada paso que das para crecer, sanar, aprender y construir tu propia paz vale la pena. Regálate tiempo, celebra tus avances y recuerda que no necesitas depender de nadie para crear una vida que te haga sentir orgulloso de quien eres.
Todo empieza cuando decides elegirte a ti.