Señor mío. La batalla ha sido larga, y el desgaste se nota, pero también se nota que no he sido destruido. Cada golpe que el enemigo lanzó, Tú lo convertiste en formación. Cada lágrima que derramé, Tú la recogiste como semilla de algo nuevo. No permitas que mi corazón se endurezca por la decepción, ni que mi fe se apague por el cansancio. Aviva en mí el fuego de Tu Espíritu y recuérdame que mi historia no termina en la prueba. Estoy siendo preparado, moldeado y refinado para algo más grande. Que ningún rugido del infierno me haga olvidar quién está conmigo. Tú eres mi escudo, mi torre, mi roca firme. Hoy no seré víctima del caos, sino testigo de Tu poder. En el nombre de Jesús, amén.
#danielhabif