Un país no puede darse el lujo de tener políticos intelectualmente mal preparados.
Gobernar exige estudiar, entender economía, instituciones, historia y políticas públicas.
El poder sin preparación termina costándole muy caro a la sociedad y por lo tanto al país.
Como vivo en Venezuela y no en EUA, siempre estoy pendiente de entender qué piensan allá respecto a nosotros: es la potencia más relevante para Venezuela.
Durante 27 años (desde 1999 y antes), EUA permitió que el chavismo consolidara su dominio del país.
Nunca se opusieron de forma decisiva a los avances de su enemigo estratégico.
Jamás respondieron con contundencia a sus insultos (“Mr. Danger” a Bush, "Váyanse, Yankis de mier...").
Permitieron que Venezuela se convirtiera, ante sus ojos, en guarida y plataforma estratégica de Rusia, Irán y China en el continente americano.
Permitieron que se desarrollara una fuerte presencia del chavismo en el negocio de las drogas (CdlS y redes vinculadas).
Facilitaron, con políticas de fronteras abiertas, la entrada y expansión del Tren de Aragua (TdA) para que comenzara sus desmanes para-militares en territorio estadounidense.
Permitieron que el chavismo se convirtiera en la caja chica de la izquierda en América. No sólo Argentina, Chile, Colombia, Brasil, etc. sino en los propios EUA.
Toleraron expropiaciones, invasiones y saqueos de empresas estadounidenses: Kellogg’s, Kimberly-Clark, ConocoPhillips, ExxonMobil y cientos más.
E incluso dejaron que tecnologías y redes del chavismo se usaran para interferir en la elección de 2020.
En Trump 1 hubo un intento serio de apoyar una salida (reconocimiento a Guaidó, sanciones máximas), pero los venezolanos no cumplieron sus promesas de transición efectiva. Nunca ejecutaron la promesa de tomar el poder.
Hasta que llegó Trump 2 y cambió todo.
Trump decidió tomar el toro por los cachos.
Se llevó a Maduro y estableció un régimen interino con Delcy Rodríguez y su grupo para que ejecutara un Plan de Estabilización, Recuperación y Transición.
Ahora Venezuela perdió su soberanía para decidir su futuro por sí sola.
Ante esto, solo hay dos caminos: corremos o nos encaramamos. O colaboramos con el Plan que está en marcha, con propuestas y apoyo real.
O lo atacamos y lo saboteamos.
Lo primero requiere paciencia, pero podría llevarnos en el tiempo a una solución profunda y real de la tragedia venezolana del último siglo.
Lo segundo, lo que llamo infantilismo político, sería desperdiciar la oportunidad histórica más grande que hemos tenido en un siglo.
En 1980, el presidente Jimmy Carter mandó helicópteros a rescatar 52 rehenes en Irán, tomados por radicales de los ayatolas. La operación fracasó antes de llegar a Teherán: helicópteros tumbados, misión abortada, choque en el desierto, 8 militares americanos muertos. Desert One se convirtió en el símbolo de la impotencia de Carter. Le costó la presidencia.
Venezolanos: ahora pensemos bien en el riesgo político y geopolítico que asumió el presidente Trump el #3E en Venezuela. Mandó fuerzas americanas al corazón militar de Caracas, contra un régimen armado y amenazante, a capturar a Maduro vivo y sacarlo del país.
Imaginen por un segundo 5 helicópteros americanos derribados sobre Caracas. 30 comandos muertos. 20 capturados. Maduro en TV celebrando la derrota de EUA.
Ese podía haber sido el final político de Trump. Y el triunfo más grande del radicalismo comunista del mundo.
Pero Trump dio la orden.
Y salió bien.
Por eso el #3E no fue solamente una operación militar extraordinaria. Fue una decisión presidencial de un riesgo político y personal gigantesco.
Venezuela debe entender la magnitud de la apuesta que Trump hizo por ella.
Basta de malagradecimiento y egoismo. Y egotismo.
Esta es mi lectura de la entrevista realizada por @LuisOlavarrieta a @MariaCorinaYA: una conversación que, más allá de la coyuntura política, dejó al descubierto la dimensión moral, humana y espiritual de su liderazgo.
𝐋𝐚 𝐝𝐞𝐫𝐫𝐨𝐭𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐞𝐥 𝐫é𝐠𝐢𝐦𝐞𝐧 𝐧𝐮𝐧𝐜𝐚 𝐯𝐢𝐨 𝐯𝐞𝐧𝐢𝐫
María Corina Machado habló del mandato del 28 de julio, de la transición, de su regreso y de la negociación que comienza. Sin embargo, la idea más poderosa de la entrevista fue otra: después de veintisiete años de hambre, miedo y despojo, Venezuela no es una sociedad moralmente destruida.
Por Elizabeth Sánchez Vegas
Hay entrevistas que se recuerdan por una denuncia, una primicia o una frase destinada a ocupar titulares; esta, en cambio, termina quedándose en la memoria por una promesa hecha a una madre ante la tumba de su hijo.
María Corina Machado habló del 28 de julio como un acto de soberanía y de renacimiento nacional, evocando a quienes guardaron las actas dentro de la ropa o debajo de los colchones, como si aquellos papeles contuvieran algo más delicado que un resultado electoral: la prueba material de que Venezuela todavía podía reconocerse a sí misma. Dijo que ese mandato sigue pendiente de cumplimiento y explicó cómo sabremos que finalmente ha sido cobrado: cuando los presos políticos regresen a sus casas, los exiliados puedan volver, los periodistas hablen sin miedo, los centros de tortura hayan sido desmontados y exista una fecha cierta para que la voluntad ciudadana vuelva a expresarse.
No habló de una transición reducida a fotografías, ceremonias diplomáticas o documentos redactados con esa ambigüedad que permite a cada parte regresar a casa proclamándose vencedora. Su medida es menos decorativa y bastante más severa: la vida concreta de los venezolanos. Mientras alguien continúe encarcelado por pensar, mientras una madre conserve intacta la habitación del hijo que partió y mientras un periodista deba elegir entre callar o marcharse, la transición seguirá siendo apenas una palabra esperando cuerpo.
También confirmó que no fue consultada sobre el proceso de conversaciones que ahora comienza, aunque aseguró que no lo obstaculizará y que lo respaldará en la medida en que conduzca al cumplimiento del mandato popular. Su límite quedó formulado sin recovecos: puede discutirse lo accesorio, pero no aquello que los venezolanos decidieron el 28 de julio. “Si lo que buscan es que yo ceda en lo esencial, en los valores o en el mandato, eso no va a pasar jamás”, afirmó.
Sin embargo, la verdadera revelación de la entrevista aparece cuando María Corina deja de hablar de poder y comienza a hablar del carácter de un país.
Durante años se ha repetido que Venezuela sufrió un “daño antropológico”, como si el hambre, el miedo, la corrupción y el exilio hubieran deformado para siempre la sustancia moral de los venezolanos. Ella sostuvo exactamente lo contrario: “Los años de hambre nos hicieron más generosos que nunca. Los años de terror, más valientes que nunca”. No niega la devastación ni le concede al sufrimiento una nobleza que jamás tuvo; afirma algo mucho más incómodo para quienes quisieron domesticar a la sociedad mediante la penuria: junto a las heridas aparecieron anticuerpos cívicos, una conciencia más aguda de la libertad y una capacidad de reconocernos en el dolor ajeno que el régimen nunca consiguió extirpar.
Ese planteamiento cambia la lectura de estos veintisiete años. Las instituciones fueron demolidas, millones de familias quedaron dispersas y el país fue empobrecido hasta extremos inconcebibles, pero el proyecto de envilecer a la sociedad fracasó. Quizá esa sea la derrota que el régimen nunca vio venir: haber conseguido arruinar casi todo sin lograr arruinar por completo a los venezolanos.
El terremoto le dio cuerpo visible a esa tesis. Allí donde el Estado desapareció, aparecieron ciudadanos excavando con sus propias manos, vecinos rescatando vecinos, desconocidos compartiendo agua, comida y refugio sin preguntar nombres ni filiaciones. María Corina lo resumió en una frase que contiene un programa entero de reconstrucción: frente a la ausencia del Estado surgió el ciudadano. Mientras unas instituciones se desmoronaban, la comunidad demostraba que seguía en pie.
El régimen pudo vaciar ministerios, hospitales y tribunales; no consiguió vaciar la conciencia de quienes corrieron a salvar a otro.
La entrevista adquiere todavía más hondura cuando entra en el territorio de las pérdidas personales. María Corina habla de personas queridas de las que no pudo despedirse, de momentos irrepetibles en la vida de sus hijos, de amistades que creyó irreductibles y terminaron rindiéndose. Habla también de su distancia física de Venezuela con una frase extraordinaria: “El país sabía dónde yo estaba, aunque no sabía dónde yo estaba”. No es una pirueta verbal, sino una definición del liderazgo: hay presencias que no dependen de la geografía, sino del vínculo que una persona ha construido con quienes la reconocen como propia.
Entonces recuerda una enseñanza de su padre: “Lo que tú tienes es tu palabra, María Corina”. Allí se entiende por qué define esta causa como “una lucha ética por la verdad, existencial por la vida y espiritual por el bien”. Todo lo demás, el reconocimiento, la influencia, incluso la victoria, puede desvanecerse; la palabra dada es la única propiedad que acompaña a una persona cuando ya no quedan aplausos ni cargos capaces de protegerla.
Un país puede perder sus instituciones y conservar todavía una reserva moral: la palabra de quienes se niegan a traicionarlo.
Esa idea reaparece al final, lejos de los grandes salones y mucho más cerca del dolor ordinario de Venezuela. Una madre de Nueva Bolivia, en Mérida, perdió a su hijo Anderson como consecuencia del terremoto. Logró enterrarlo allí y le pidió a María Corina que, apenas regresara, la acompañara al cementerio. Ella le respondió: “Te lo prometo, allá estaré. Es una promesa. Yo cumplo mi palabra”.
Tal vez esa escena explique mejor su concepto del regreso que cualquier cronograma. Volver no consiste únicamente en pisar de nuevo el territorio, aparecer ante una multitud o pronunciar un discurso desde una tarima. Volver será saldar las deudas íntimas que deja una nación herida: abrazar a quienes arriesgaron la vida, agradecer a los héroes anónimos, mirar de frente a los deudos y caminar junto a una madre hasta el lugar donde descansa su hijo.
La conversación comenzó con millones de votos y terminó frente a una sepultura. Entre ambos extremos quedó dibujada una concepción exigente del liderazgo: representar a una nación entera sin perder la capacidad de responder por una sola persona.
Venezuela todavía conserva su palabra.
📺 Comparto la entrevista completa para quienes quieran escucharla en su contexto. Vale la pena cada minuto. https://t.co/WieDCLPoyG
Hola Nelson y yo creo que ha llegado la hora que las personas que no viven en Caracas comprendan, que los caraqueños no tenemos la culpa de que no nos quiten la luz. No tenemos la culpa de que el centro del poder se encuentre en Caracas y que esta gente sea tan cagada, que no pueda verse sin luz ni siquiera 3 horas . Igual a Caracas nos tienen sin agua por lo menos 5 días a la semana y no estamos culpando a las personas que viven en los distintos estados del país. Esto no es una guerra entre venezolanos. Esto es una guerra en contra de un régimen dictatorial que nos ha destruido no solo al país, sino a todos nosotros , al punto de hacer pensar a otro venezolano que los de Caracas tenemos la culpa de las pésimas gestiones y decisiones de estos delincuentes. Lamento muchísimo lo que vive la gente fuera de Caracas, pero el culpable es uno solo y se llama el socialismo del siglo XXI, no los caraqueños. Saludos
Algo que nunca entenderán las futuras generaciones, es cómo sus progenitores teniendo 300 mil millones de barriles de petróleo confirmados debajo de sus pies, más de 30 billones de pies cúbicos de gas, toneladas de oro y otros minerales valiosos, y en un mundo con la tecnología avanzada para extraerlos y venderlos de forma literalmente rápida, dejaron que el 80% de la población (ellos) naciera en pobreza, y un 50% en pobreza extrema. El Chavismo no debería ser perdonado nunca, ni en esta, ni en alguna otra vida si es que existe.😡
En el contexto venezolano, con una desigualdad económica y de ingresos y una desigualdad territorial inmensas, las cuales no han dejado de crecer en décadas y hoy alcanzan su rostro más feroz, el intento de remozar las instituciones sin atender la lacerante realidad económica, no conducirá a nada. Como lo demuestra nuestra propia historia, además de la experiencia internacional, no hay legitimidad sustentable en el hambre, el abandono y la prepotencia de unos pocos.
Ahora que comienza un nuevo ciclo en nuestro país, es bueno recordar (y recordarnos) la famosa frase de James Carville: "Es la economía, estúpido".
* atención contertulios del 1 de agosto.
Cuando vuelva a un salón de clase, no será simplemente a enseñar derecho contencioso administrartivo. Tendrá un sentido mas profundo: acompañar a los futuros operadores de justicia (abogados privados, auxiliares, fiscales, jueces y magistrados) en su formación ética, preparándolos espiritual y jurídicamente para que sean virtuosos instrumentos útiles en la reparación de los daños causados a una sociedad que durante 26 años ha padecido la injusticia provocada por un regimen autoritaritario, en todos los ordenes de la existencia humana... @bloqueconstitucional2023 https://t.co/4hvvlOfYik
Aquí fue donde de acuerdo a información actualizada por el Servicio de Geología de los EE.UU, se originó el segundo terremoto de 7.5 Mw, el cuál según él último parte de Jorge Rodríguez, se ha llevado 5.546 vidas y 16.740 heridos, pero estamos seguros que son más.
El Servicio Geológico de los EE.UU no estaba muy convencido luego de ver los daños en la Guaira y realizó un nuevo análisis más preciso, usando datos de 64 estaciones sísmicas de la Red Global de Sismografia (GSN), diferentes satélites y estaciones de GPS, entre otros datos refinados que le permitieron desarrollar un modelo avanzado de falla finita, y ver con precisión cómo se rajó la tierra por dentro y hacia dónde se desplazó la energía destructiva unilateralmente.
Finalmente reubicaron el epicentro del segundo terremoto ocurrido en Venezuela el 24 de junio de 2026 con una magnitud de momento 7.5.
Se originó en el mar, 17.7 km al oeste de Catia La Mar con una profundidad o hipocentro de 10 km. 😱
Si no fuera por los EE.UU que no descansan hasta hacer las cosas bien, jamás hubiéramos sabido donde se originó realmente ese segundo terremoto. Porque al ocurrir dos sismos seguidos le puso todo más difícil a los expertos. Gracias @USGS.
Si vivir en Venezuela era difícil antes del terremoto,no les quiero contar ahora. No solo la parte económica se ha agravado, los servicios están en su peor fase y a esto le sumamos las consecuencias del doble sismo, no hay ascensores y lo que medio funcionaba terminó de joderse😣
En estos 459 años de Caracas, la autopista Francisco Fajardo de Caracas,se llama Francisco Fajardo. Hijo de madre indígena y padre español. Con él comenzó esa combinación genética tan buena , que nos hizo a todos bellos. Recuerden: Autopista Francisco Fajardo.
¿Entonces La nave espacial más grande la historia Starship 13, se llevó al espacio 20 satélites de starlink de más de 1 millón de dólares cada uno, solo para probar que la nave era capaz de desplegarlos y ponerlos en órbita y recolectar telemetría, pero además 6 de esos satélites llevavan cámaras especiales, para que una vez desplegados fotografíaran desde afuera a la nave y así ver cómo se comportaba el escudo termico de la misma al reingresar a la atmósfera de la tierra?
Esta foto es real, tomada por las cámaras de los satélites de starlink que se desintegraron al reingresar a la tierra, tal y como lo había planificado SpaceX. 😱
Honor y gloria para Elon Musk.
Unas palabras de una venezolana que vivió en Buenos Aires. 🇦🇷🇻🇪
Antes de vivir casi 9 años en Argentina viví en España un tiempo. Tanto en Madrid como Alicante. A pesar de que me trataron bien y tengo hermosos recuerdos, siempre me sentí una extranjera. En Argentina pasó lo contrario, desde el primer día me sentí como en mi hogar. El país y los argentinos me hicieron sentir bienvenida, me trataron como si fuese una más, me invitaron a sus asados y me abrieron las puertas de sus casas para tomar unos mates o un vino. Cuando decía que era venezolana me preguntaban inmediatamente con profunda preocupación por mi familia y la situación en Venezuela. Desde el kioskero, el taxista, los profesores en la Universidad a luego los compañeros de trabajo.
Aunque no entendían lo que estábamos (y seguimos atravesando) empatizaron con nuestro dolor, tenían miedo de que a la Argentina le pasara lo mismo. Nos acogieron con amor y alegría en nuestro peor momento. Adoptaron incluso parte de nuestra gastronomía: los tequeños, las arepas y el sazón. Nos integramos bien y no sufrimos xenofobia por parte de la población o de los medios de comunicación como si ocurrió con otros países supuestamente “humildes” o mas “avanzados” de Latinoamérica.
Por eso me duele profundamente la campaña maliciosa de odio y mentiras hacia Argentina a raíz del mundial. Vivimos en la época de las noticias falsas, el click y la monetización a base de deshumanizar a personas y ahora a naciones enteras. Sólo una persona que no ha visitado o vivido en Argentina podría creer que son racistas o xenofóbicos, cuando es uno de los países más diversos que existe. Cuando incluso los inmigrantes pueden acceder a educación y salud pública sin ser residentes permanentes, cosa que no ocurre casi en ningún otro país del mundo. Tener criterio, discernimiento y curiosidad no está de moda. Lo de hoy es creer que estás “del lado correcto” de acuerdo a lo que te muestra un algoritmo. No conocen su historia y no comprenden lo que es realmente amar a su patria y no agachar la cabeza.
Me siento muy agradecida de las oportunidades pero sobre todo los amigos y amigas que me dio Argentina. Siempre me dieron una mano e incluso luego del terremoto fueron los primeros en escribirme o llamarme para preguntarme cómo estaba. Pude estudiar y trabajar allá tranquila. Mis años más felices fueron allá, mis documentos son argentinos también, y la llevo y la llevaré siempre en el corazón.
Es mi segundo país, mi segundo hogar y siempre la defenderé cuando la ataquen injustamente. Hay que saber ser agradecido en la vida.
La Gran Revancha de los alemanes tras la derrota, la invasión y la ocupación por Estados Unidos no fue el resentimiento. Fue decir: “Les vamos a ganar haciendo los mejores carros, la mejor ingeniería y la mejor industria farmacéutica del mundo.” De allí salieron gigantes como Mercedes-Benz, BMW y Bayer.
Los japoneses, después de dos bombas atómicas, la ocupación y un general norteamericano dándole órdenes al emperador, tampoco eligieron el victimismo. Dijeron: “Les vamos a ganar con la tecnología, la electrónica y los automóviles.” De allí nacieron Sony, Toyota, Yamaha y Mitsubishi como símbolos de una potencia industrial.
Los coreanos hicieron lo mismo. Su revancha fue construir gigantes industriales capaces de competir con cualquiera. Así nacieron Samsung y LG.
¿Y cuál debe ser la revancha de los venezolanos?
No llorar la intervención. No vivir del pasado. No alimentar el resentimiento.
Decir: “Vamos a convertir a Venezuela en la primera potencia petrolera y energética del mundo, y en el país más rico del continente.”
Esa debería ser nuestra Gran Revancha.
No habrá bandera blanca, no levantaré mis manos ni me rendiré, obstinadamente seguiré luchando por ti, aún con grillete, solo con mi palabra, tratando de convencer a otros de que se sumen. Y si te hundes, yo me hundo contigo…seguiré aquí…porque estoy seguro, que volveremos a ser libres, pronto…porque nuestra alma ya lo es…