En el diálogo Habermas - Ratzinger, la frase que más grabada me quedó en realidad no toca la relación con la religión, aunque sí muestra el diagnóstico de la sociedad moderna que permite a Habermas volver a prestarle oído:
"Una modernización descarrilada de la sociedad en conjunto podría aflojar el lazo democrático y consumir aquella solidaridad de la que depende el Estado democrático sin que él pueda imponerla jurídicamente. Y entonces se produciría precisamente la situación temida: la transformación de los miembros de las prósperas y pacíficas sociedades liberales en átomos aislados, que actúan interesadamente, que no hacen sino lanzar sus derechos subjetivos como armas, los unos contra los otros".
Como muchas personas, mi corazón está a la izquierda. Siempre he votado por alguna variación de ella. Mi forma de entender el mundo tiene raíces profundas tanto en el marxismo como en sus críticas desde la misma izquierda, de Camus a Orwell. Pero descubro que lo que me separa de la izquierda oficial —o al menos de su versión tuitera— es precisamente el corazón.
Porque soy de izquierda, mi primer impulso ante la caída de Maduro es una alegría visceral. No por quien la provocó —Trump no despierta en mí ninguna simpatía— sino por los millones de venezolanos que llevan años huyendo de una parodia grotesca del socialismo. Por las madres que no han visto crecer a sus hijos. Por los profesionales manejando Uber en Santiago. Por los que murieron cruzando el Darién.
La izquierda que conozco en Twitter piensa al revés: primero el antiimperialismo, después la soberanía, luego la no injerencia, y al final —si queda espacio— los venezolanos. Como si el principio de no intervención pesara más que los cuerpos torturados en El Helicoide. Como si los derechos humanos del tirano importaran más que los de sus víctimas.
Este reflejo automático se repite en cada crisis. En Cuba, la corrupción dinástica de los Castro siempre pesa menos que el embargo. Cuando las iraníes se quitan el velo y enfrentan a los mulás, la izquierda busca primero denunciar a la CIA. Cuando quemaron el metro en Santiago, había que entender la rabia antes que lamentar a la cajera que no pudo llegar a su trabajo. No importa que los mulás ejecuten homosexuales, que los muyahidines lapiden mujeres, que los Castro encarcelen poetas: si están contra Estados Unidos, merecen comprensión.
Entiendo el razonamiento. Conozco la historia de las intervenciones, los golpes de Estado, la Escuela de las Américas. Sé que Estados Unidos no regala nada y que Trump es un personaje siniestro. Pero lo que no puedo entender es la ausencia de emoción humana elemental. Esa frialdad doctrinaria que no se conmueve ante los videos de venezolanos llorando de alegría en las calles de Caracas. Que no siente nada ante las iraníes cortándose el pelo en señal de rebelión. Que siempre tiene un "pero" listo antes que un abrazo.
Preferiría, por supuesto, que los venezolanos hubieran derrocado solos a su tirano. Pero sé —porque la historia lo enseña— que pocas dictaduras caen sin alguna forma de presión internacional. La chilena no lo hizo. La argentina tampoco. La española menos. Y de todas las salidas posibles después del fraude brutal de julio, esta es de las menos sangrientas.
Hoy los venezolanos celebran. Las calles de Caracas se llenan de una esperanza que creíamos muerta. Y yo, que sigo siendo de izquierda precisamente porque creo en la dignidad humana antes que en las abstracciones geopolíticas, celebro con ellos.
Mañana habrá tiempo para analizar, criticar, contextualizar. Hoy, solo hoy, déjenme sentir esta alegría sin pedir permiso al manual del buen antiimperialista. Déjenme poner el corazón donde siempre debió estar la izquierda: del lado de la gente, no de los mapas.
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✨ ¡Premiada! Felicitamos a la profesora Mónica Bengoa por el reconocimiento que recibió hoy gracias al @CirculoCriticos de Arte, otorgado en la categoría de Investigación por su exposición De los tiempos a ras de suelo, presentada en Aninat Galería 👏👏👏 #ArtesUC#Cultura
Adiós, adiós, amigo queridísimo, solo puedo pensar en ti, en tu mujer, en tu hijo, en tu vida. Adiós, qué buenos fueron los tiempos, las alegrías, las penas compartidas, los trabajos.
@MollyBoys ir al baño, no es solo ir resolver algunas necesidades propias de la biología que nos constituye, sino también de la socialización de seres gregarios
Queremos felicitar a @karydelfino , @TomasVodanovic y @fmunozv, alcaldes reelectos en Quinta Normal, Maipú y Estación Central 🙌🏻👏🏻
Sociólogos/a ISUC y, por ello, nos sentimos muy orgullosos que sigan trabajando en pro del país y aportando a políticas públicas a nivel.