La modernidad nos prometió individuos libres. Terminamos aislados, compitiendo por atención. Entonces once tipos con una camiseta nos recuerdan una vieja verdad incómoda: necesitamos pertenecer.
LA MANZANA NO CAE LEJOS DEL ÁRBOL. 🍎
Hay apellidos que forman parte de la historia. Y otros que forman parte de los capítulos más oscuros de esa historia.
El apellido Menem remite inevitablemente al tráfico ilegal de armas, a los sobresueldos, a las valijas de Emir Yoma y a la explosión de Río Tercero, que la Justicia determinó que fue provocada para ocultar el faltante de armamento. También remite a una etapa atravesada por la impunidad y los graves cuestionamientos que rodearon las investigaciones de los atentados contra la Embajada de Israel y la AMIA.
Treinta años después, el apellido volvió al corazón del poder.
Martín Menem preside la Cámara de Diputados. Lule Menem conserva una reconocida influencia política. Y ahora aparece Sharif Menem, un joven sin trayectoria institucional conocida, mencionado en una investigación periodística que derivó en una denuncia penal por presuntas irregularidades patrimoniales y financieras.
Pero lo más preocupante no es solo eso.
Es la lógica con la que parecen entender el Estado.
Mientras cientos de empleados legislativos de carrera sostienen desde hace décadas el funcionamiento de la Cámara con profesionalismo, conocimiento técnico y compromiso institucional, hay quienes creen que un apellido les otorga autoridad para decidir destinos, impartir órdenes, destratar trabajadores y comportarse como dueños de una institución que pertenece al pueblo argentino.
El Congreso no es una empresa familiar. No es un feudo. No es una herencia.
El respeto se gana con capacidad, experiencia y ejemplaridad. No con soberbia, parentescos ni cuotas de poder delegadas entre familiares.
Resulta, cuanto menos, llamativo que quienes hicieron campaña prometiendo terminar con “la casta” hayan terminado concentrando poder en uno de los apellidos más representativos de la vieja política argentina.
Los apellidos no condenan. Las conductas sí.
Y cuando los privilegios se heredan, el poder se concentra entre los mismos de siempre y las sospechas vuelven a repetirse, cuesta no llegar a la misma conclusión:
La manzana no cae lejos del árbol.
tienen 10 años ustedes? en televisión pasaron la foto del cuerpo de angeles en la basura, crónica mostró un suicidio en vivo, periodistas decían que una familia desaparecida había sido abducida por ovnis, hace dias un tipo analizaba la forma de caminar de una nena asesianada
Sylvia Plath escribió en 1953 que ser mujer es una tragedia. El tiempo pasó y la sensación es la misma porque nadie nos ofrece una solución, a nadie le importa nuestra existencia, no nos escuchan, no quieren saber lo que sentimos, lo que pensamos, lo que soñamos para el futuro.
enséñenle a sus hijos a respetar a las mujeres, peleénse con sus amigos abusadores, enójense con los tipos que no pasan cuota alimentaria, ante la menor señal de misoginia no se rían, que de vergüenza de verdad despreciar a las mujeres
"Yo soñé que la Universidad habría de ser la cuna del alma argentina (…) que esa cultura argentinizada en justicia se convertiría en un ejemplo para las juventudes de América"
Hipólito Yrigoyen, 1929