Plantó sus ojos en él. ¿Era un salvador? ¿O quizás un espíritu que veía la oportunidad de acabarla en ese estado?
Observó a la sombra alejarse. Tal vez él no planeaba hacerle daño.
— A-arigatō —.
Nerviosa, se inclinó ligeramente hacia adelante al agradecer.
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Alzó sus cejas cuando escuchó los alaridos agudos, viendo que a unos escasos metros suyo se encontraba una joven siendo rodeada por su sombra. En lo que ella pestañeó, él ya se encontraba frente suyo.
La yōkai pegó un brinco exagerado. ¡Lo sabía! ¡Siempre lo supo! La apariencia de cada Luna nueva le traería problemas. ¡Era su fin!
— ¡S--sumimasen! ¡N--no era mi intención espiarlo! ¡Por favor, n--no me haga daño! —
Una de sus hienas había roto su juguete, estaba concentrado en enhebrar una aguja pero sus dedos iban demasiado rápido. Estaba distraído como para prestar atención a la joven que lo observaba a la distancia, sin embargo su sombra sí lo hizo.
Entrecerró los ojos. ¡Qué emoción! Tendría a un chico tan apuesto como Naru-san protegiéndola hasta que dejara de ser vulnerable.
Con la misma ternura, entrelazó los dedos. Su templo no quedaba muy lejos de ahí.
— Nee, Naru-san. ¿Realmente te parece lindo este color? —.
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Si bien notar ese rubor tan pronunciado lo sorprendió en primera instancia, terminó por entornar un ojo y esbozar una tenue sonrisa ladina.
Con toda confianza, entrelazó sus dedos con los contrarios para afianzar el agarre entre sus manos.
── Guíame, entonces. ~
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— Eso no sucederá. Son manzanas cortadas con forma de conej--. . . —
Un fuerte rubor invadió las mejillas de Yuki. Quién sabe qué imaginó. (?)
— ¿A m--mi templo? E--está bien, Naru-san. V-vayamos. . . —
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── Mmh... Mientras no salgan corriendo, me apunto.
La sonrisa que ya mostraba adquirió cierto matiz divertido.
── Te invitaría a mi casa, pero está 𝘥𝘦𝘮𝘢𝘴𝘪𝘢𝘥𝘰 lejos. No me queda más remedio que autoinvitarme a la tuya. ♪
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— ¡Me encanta la idea, Naru-san! —
Dio un ligero apretón a su mano. La emoción se asomaba en ella.
— ¡Puedo preparar conejitos de manzana! ¿Te gustan? —
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Ante lo primero, camufló el gesto que quiso adueñarse de sus labios con una tenue sonrisa. Por alguna razón, no estaba tan convencido de lo que acababa de escuchar, pero no pretendía externarlo.
── Noche de películas, tú y yo. ¿Qué te parece?
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— Tú eres fuerte, Naru-san. Si te sucediera esto, no tendrías mayor problema —
Nunca notó que llevaba guantes. Eso le dio mayor confianza.
— ¿Películas? ¡Me gustan! —
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── Uh, no podría negarme a eso. Creo que resetearía mi paladar.
Sostuvo la mano ajena sin mayores problemas. Al llevar puestos esos oscuros guantes, el frío que emitían sus propias manos se camuflaba bastante. El contrario no le molestaba.
── Estableces una (+)
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