El Mundial 2026 no es solo fútbol: es un experimento económico que revela cómo México aprovechó —y desaprovechó— una oportunidad histórica.
El torneo puede sumar hasta 62 puntos base al PIB, pero sin estrategia ese impulso se diluye.
🔗 Descubre por qué en mi nueva columna.
El metro de NYC está en una Isla, cruza ríos, rascacielos, parques, tiene estaciones elevadas, en superficie y subterráneas, su población es un poco menor a la de CDMX pero tiene casi 500 estaciones de metro.
Y aquí nos dicen que ya no se puede ni se necesita construir más metro.
Ser Puma es un acto de esperanza, es una profesión de fe, es una larga paciencia, un prolongado estoicismo entre unas cuantas alegrías, es un grito que se ahoga y, para peor, ser Puma es irrenunciable.
- German Dehesa (1944-2010)
México no está entrando en una crisis espectacular. Y ese es precisamente el problema. Lo que estamos viendo es algo mucho más peligroso: un país que empieza a acostumbrarse al estancamiento. Más gasto corriente, más deuda, más subsidios… pero menos inversión, menos productividad y menos crecimiento real. Estamos financiando el presente mientras hipotecamos el futuro.
El dato verdaderamente brutal no es la deuda. Ni Pemex. Ni siquiera el déficit. Es que el PIB per cápita sigue por debajo del nivel de 2018 y que la inversión lleva meses cayendo mientras el Estado pierde espacio para educación, salud, infraestructura y seguridad. Un país puede repartir dinero un tiempo. Lo que no puede hacer eternamente es repartir lo que no produce.
Y aquí entra lo más delicado: la incertidumbre institucional. Cuando se debilita la confianza en las reglas, en los jueces y en el rumbo económico, el capital deja de apostar por el país. La inversión se frena, la productividad se desploma y el crecimiento desaparece lentamente. El riesgo para México no es una explosión. Es algo peor: normalizar el deterioro.
Hay un hilo invisible…
un fuego silencioso que pasa de generación en generación.
Porque Pumas no solo produce jugadores…
produce identidad.
Mejía Barón. Hugo. Tuca. Memo. Efraín.
Distintas épocas. La misma sangre futbolística.
Y quizá el sueño de la octava…
sea el siguiente capítulo de un linaje.
El día de hoy se en el DOF el Programa Nacional de Población 2026-2030.
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El país cambió demográficamente. Va un hilo sobre lo que dicen los números:
Je veux présenter mes excuses, au nom des Français, pour avoir enfanté la French Theory (qui a enfanté la pire des merdes idéologiques : le wokisme).
Nous avons donné au monde Descartes, Pascal, Tocqueville. Et puis, dans les ruines intellectuelles de l'après-68, nous avons donné Foucault, Derrida, Deleuze. Trois hommes brillants qui ont fabriqué, dans l'élégance de notre langue, l'arme idéologique qui paralyse aujourd'hui l'Occident.
Il faut comprendre ce qu'ils ont fait. Foucault a enseigné que la vérité n'existe pas, qu'il n'y a que des rapports de pouvoir déguisés en savoir. Que la science, la raison, la justice, l'institution médicale, l'école, la prison, la sexualité, tout n'est qu'une mise en scène de la domination. Derrida a enseigné que les textes n'ont pas de sens stable, que tout signifiant glisse, que toute lecture est une trahison, que l'auteur est mort et que le lecteur règne. Deleuze a enseigné qu'il fallait préférer le rhizome à l'arbre, le nomade au sédentaire, le désir à la loi, le devenir à l'être, la différence à l'identité.
Pris isolément, ce sont des thèses discutables. Combinées, exportées, vulgarisées, elles forment un système. Et ce système est un poison.
Car voici ce qui s'est passé. Ces textes, illisibles en France, ont traversé l'Atlantique. Les départements de Yale, de Berkeley, de Columbia les ont absorbés dans les années 80. Ils y ont trouvé un terreau qui n'existait pas chez nous : le puritanisme américain, sa culpabilité raciale, son obsession identitaire. La French Theory s'est mariée à ce substrat, et l'enfant de ce mariage s'appelle le wokisme.
Judith Butler lit Foucault et invente le genre performatif. Edward Said lit Foucault et invente le post-colonialisme académique. Kimberlé Crenshaw hérite du cadre et invente l'intersectionnalité. À chaque étape, la matrice est française : il n'y a pas de vérité, il n'y a que du pouvoir, donc toute hiérarchie est suspecte, toute institution est oppressive, toute norme est violence, toute identité est construite donc négociable, toute majorité est coupable.
Voilà comment trois philosophes parisiens, qui n'ont probablement jamais imaginé leurs conséquences pratiques, ont fourni le logiciel d'exploitation à une génération entière d'activistes, de bureaucrates universitaires, de DRH, de journalistes, de législateurs. Voilà comment on a obtenu une civilisation qui ne sait plus dire si une femme est une femme, si sa propre histoire mérite d'être défendue, si le mérite existe, si la vérité se distingue de l'opinion.
C'est de la merde pour une raison simple, et il faut la dire calmement. Une civilisation se tient debout sur trois piliers : la croyance qu'il existe une vérité accessible à la raison, la croyance qu'il existe un bien distinct du mal, la croyance qu'il existe un héritage à transmettre. La French Theory a entrepris de dynamiter les trois. Pas par méchanceté. Par jeu intellectuel, par fascination du soupçon, par haine de la bourgeoisie qui les avait nourris. Mais le résultat est là. Une génération entière a appris à déconstruire et n'a jamais appris à construire. Une génération entière sait soupçonner et ne sait plus admirer. Une génération entière voit le pouvoir partout et la beauté nulle part.
Je m'excuse parce que nous, Français, avons une responsabilité particulière. C'est notre langue, nos universités, nos éditeurs, notre prestige qui ont donné à ce nihilisme son emballage chic. Sans la légitimité de la Sorbonne et de Vincennes, ces idées n'auraient jamais traversé l'océan. Nous avons exporté le doute comme d'autres exportent des armes.
Ce qui se construit maintenant, en silicon valley, dans les labos d'IA, dans les startups, dans les ateliers, dans tous les lieux où des gens fabriquent encore des choses au lieu de les déconstruire, c'est la réponse. Une civilisation se reconstruit par les bâtisseurs, pas par les commentateurs. Par ceux qui croient que la vérité existe et qu'elle vaut qu'on s'y consacre. Par ceux qui assument une hiérarchie du beau, du vrai, du bon, et qui n'ont pas honte de la transmettre.
Alors pardon. Et au travail.
@headbangirl El pago es en efectivo. No hay trazabilidad ni evidencia para pagar impuestos. No hay manera de saber a dónde va ese dinero. Los beneficios a las comunidades serían por el programa que ya existe y que todos pagamos, no por los dividendos de la cafetería.
🚨 Look at the size of those circles in Texas
in the image is mapped every major US data center against the high-voltage transmission grid.
The biggest clusters by far sit inside the Dallas–Fort Worth–Houston triangle.
It’s actually an energy map.
The visible layers are:
🟤 Data centers = demand
⚡ Transmission lines = delivery
The invisible layer is the one that matters most:
🔥 Power generation
And in Texas, the marginal megawatt feeding AI through 2028 is gas-fired.
That gas comes from the Permian.
So the real question is not who owns the AI models.
It’s: who owns the pipes connecting Permian gas to the Texas AI corridor?
the answer is in the below comments👇
Hoy estuve en una conferencia de Fitch Ratings acerca de la calificación soberana de México. Mis apuntes:
Las noticias sobre México no fueron muy alentadoras. La lectura general es que el país sigue teniendo cierta resiliencia, pero con claras señales de deterioro. En crecimiento económico, estamos dentro de los países más rezagados de América Latina; prácticamente solo por encima de Jamaica y Bolivia.
El tema más delicado parece ser la gobernanza. La debilidad institucional, el deterioro del Estado de derecho y la incertidumbre regulatoria están afectando la inversión privada y reduciendo el potencial del nearshoring. Según la presentación, este es uno de los factores que más presiona a la baja la calificación soberana del país.
En lo fiscal, México cada vez tiene menos margen. Ya no hay mucho espacio para seguir recortando gasto. El CAPEX —es decir, la inversión en activos fijos como maquinaria, edificios o tecnología— ha caído, mientras que las pensiones contributivas y no contributivas presionan cada vez más.
Las pensiones contributivas son aquellas que se reciben porque se aportó al sistema, es decir, porque se trabajó y se cotizó. Las pensiones no contributivas, como las del Bienestar, se otorgan sin haber cotizado, como apoyo social a quienes no tienen recursos.
Si el ajuste tiene que venir por mayor recaudación, el problema es que las grandes empresas ya están muy presionadas —y, además, tienen grandes equipos de fiscalistas y abogados—, por lo que las Pymes podrían terminar siendo las más afectadas.
Pemex también sigue siendo un problema enorme: mucha deuda, menor producción y una necesidad permanente de apoyo del gobierno. En buena medida, el año pasado no se alcanzó el objetivo de consolidación fiscal por Pemex.
La conclusión de la charla: desde 2018, la calificación soberana de México se ha deteriorado, y hoy estamos más cerca de una baja que de una mejora. El crecimiento débil, la gobernanza, el déficit fiscal y Pemex son los cuatro focos rojos.
#Opinión