NO APRECIAN NADA
Existen personas en esta vida que no aprecian nada, y esa es su condena. Tienen gente muy buena cerca de ellos, pero los tratan como si fueran reemplazables o desechables. Y cuando por fin despiertan, ya no queda nadie esperando a su lado, porque hasta la paciencia más noble se cansa, queridos. Hasta el corazón más leal se rompe. Y esa es la tragedia de los que no saben agradecer.
Lo tienen todo, pero actúan como si nada fuera suficiente. De hecho, pierden sin que nadie los traicione. Se quedan solos sin que nadie los abandone. No fue el otro el que se fue, fue su indiferencia lo que los empujó. No fue el amor lo que se acabó, fue su falta de cuidado lo que lo marchitó.
Entonces lloran, pero ya no hay hombros. Buscan, pero ya no hay puertas abiertas. Porque la vida tiene una regla: lo que no se valora, se va; y lo que se ignora, se cansa. Pero para muchos ese despertar nunca llega, porque siguen creyendo que el mundo está en deuda con ellos, que merecen todo sin dar nada, y que el amor siempre tiene prórrogas para ellos.
¿Y entonces qué pasa? Envejecen rodeados de gente que los tolera, pero que no los ama. Recuerdan momentos, pero ya no tienen con quién compartirlos. Eso es lo que ocurre cuando confundes permanencia con presencia. La gente se queda, hasta que un fucking día aprende a irse.
Y si se van, te lo mereces, cabrón.
#danielhabif
Hay batallas que no se pelean afuera,
se ganan dentro.
Cuando te eliges a ti
por encima de lo que te está destruyendo o preocupando,
entonces Dios sonríe.
No te apresures por alcanzar lo que otros ya lograron. Cada alma tiene su ritmo, cada corazón su propio compás. Como las plantas que brotan con la luz adecuada, tú también crecerás cuando sea tu momento.
Confía en tu proceso, abrázate en tus pausas, y sigue caminando.