te extraño mucho, pero te extraño más cuando parecía que vivíamos juntos, cuando cenabamos, nos bañábamos y nos preparábamos para ir a dormir juntos. Te extraño
la importancia de no perder la ternura, de poder registrar y brindar gestos que se alejan de la frialdad que muchas veces usamos por mera defensa ante la inmensidad de sentir más allá de la razón.