@LaInca_ Tienen que empezar por dejar de llamarse “Eh Ñery, Eh Kumpi, Eh Ñery, Eh Kumpi” mientras demuestran que tienen las convicciones de pantalla y solo están por la propia. Y basta de tomar falopa escuchando a los redondos, ya cansaron y no conmueven a nadie.
@MartinARG_OK@GuidoValsalva Usted da en el blanco. Así que uno, que viene a 120, tiene que tirarse atrás de un camión a 80 para dejar pasar al prepotente que encima te acusa de infringir la ley. Qué cabezas de tacho, viejo. Si la ruta está vacía me corro, si no, ésta!
@PJavierOR Aguante el Padre Gilherme, el Arzobispo García Cuerva, Leon XIV y Francisco. La rave es la música sacra de este tiempo. Dejen de criticar y abracen el Tecnocristianismo. Y nombren un exorcista por diócesis. VivaCristoKingofKings!
Juan consiguió un nuevo laburo en Constitución, en el maxiquiosco 24 hs,
ese bunker fluorescente que parpadea como migraña.
"Al fin algo estable", piensa mientras acomoda las H2O en la heladera.
Todo el día atiende pasajeros y a los fantasmas que rondan la vereda.
Los zeques son sus clientes fieles, como sombras con ojos de vidrio roto a expensas del hidrante.
Vienen en zigzag, pidiendo plata
Juan los conoce de vista: duermen en la puerta de la estación, sus crías se quedan mirando fijo la caja
como si fuera un tesoro enterrado.
Una madrugada de esas entran dos con capucha y mirada de perro rabioso.
"Dame todo tincho la caja y las birras", grita con el fierro improvisado, un cuchillo de cocina en la mano temblorosa del eterno bajón.
El otro, más roto, se rasca la cara como si tuviera hormigas adentro.
Juan no es Duki en modo diablo,
es solo un kiosquero con deudas y un botón de pánico debajo del mostrador.
Pero en vez de apretar, les habla: "Tranqui, hermanos, tomá un trago.
Yo fui como ustedes también, un bardo, yo soy de Pompeya, pero salí del pozo. Soy uno de los 300.”
Les miente una historia de un amigo que se salvó, mientras el corazón le late como freestyle de plaza. Los Z dudan, el paco nubla el cerebro, uno agarra la birra, el otro "vamos, no vale la pena". Se van tambaleando, el cuchillo a la vereda,
Juan cierra la persiana un rato.
Al final del turno, cuando el sol sale como rappi atrasado,
Juan cuenta la caja, menos 20000 mangos que dio de "fiado eterno",
mira a los fisura durmiendo en la plaza y se dice
"Somos lo mismo,
solo que yo tengo llave del kiosco
y ellos la del infierno".
Maliantero ronda, el troncho acecha,
pero en este maxiquiosco 24 hs. de Constitución, zafo con palabras y tabaco
hasta que la suerte se acabe
o el segundo periodo de prueba
lo que pase primero.
La grieta sigue ahí.
El fisura es el hueso que el trap usa de base para pararse alto.
Uno es la realidad que mata,
el otro es el sueño que vende.
Y la calle sigue pariendo ambos:
al que se quema en la pipa
y al que la convierte en hit.