Mi madre vivía sola, pero tenía el colgante y el teléfono de cruz roja.
La operaron de càncer y se vino a mi casa, pero en cuanto se repuso se quiso ir a la suya. Las personas mayores son por norma general reticentes a ir a residencias.
Pidió plaza en una residencia que además es casa sacerdotal, asistida por monjas. Yo sabía que no se iba a ir.
Un mes de junio la llamaron que tenía plaza (a 2 minutos de mi casa, andando) y dijo: “uy ahora que me voy al pueblo con mi Lurdes (yo) para todo el verano, que me guarden la plaza hasta octubre”. Evidentemente le dijeron que no.
Sé que en Y ahora Sonsoles hablais de las “residencias de los horrores” que siento mucha pena por esos ancianos.
Afortunadamente no son todas así. De la vivienda tutelada que hay en el pueblo donde vivo todos los inquilinos hablan maravillas. Vamos, que de mi edad y más jóvenes estamos todos seguros de que vamos a ir ahí cuando lo necesitemos.