EL TRUCO DE LA CEBOLLA JUNTO A LA CAMA. 🧅🌙
Es uno de esos remedios de abuela que suenan a superstición, pero que muchos juran que funciona: cuando alguien de la casa amanecía muy congestionado o con tos, la abuela cortaba media cebolla y la dejaba en un platito junto a la cama por la noche. "Para respirar mejor", decía. Y aunque parezca cuento, tiene una lógica real detrás.
Cuando cortas una 𝐜𝐞𝐛𝐨𝐥𝐥𝐚, libera al aire unos compuestos de azufre volátiles (los mismos que te hacen llorar al picarla). Al respirar ese aire suavemente durante la noche, esos vapores pueden ayudar a que las 𝐯𝐢́𝐚𝐬 𝐫𝐞𝐬𝐩𝐢𝐫𝐚𝐭𝐨𝐫𝐢𝐚𝐬 se sientan un poco más despejadas y las mucosas menos irritadas. Es un efecto suave, parecido en espíritu a cuando respiras vapor de eucalipto o mentol: no cura el resfriado, pero alivia la sensación de congestión.
No es magia ni sustituye a nada. Es un apoyo gentil, natural y sin efectos secundarios, que a mucha gente le ayuda a pasar mejor la noche cuando está resfriada. Y lo mejor: no cuesta casi nada y lo tienes siempre en casa.
Nuestras abuelas no sabían de compuestos de azufre volátiles. Sabían que ayudaba, y lo usaban con cariño. La ciencia solo le pone nombre a esa intuición.
⚡ EL RITUAL VITALÍZATE: RESPIRAR MEJOR DE NOCHE
1. Corta media cebolla y déjala en un platito en la mesita de noche, cerca pero no pegada a la cara.
2. Combínalo con lo que de verdad ayuda: hidratación abundante, la cabeza un poco elevada al dormir, y aire húmedo (un humidificador o un recipiente con agua).
3. Un vaho de agua caliente con eucalipto o manzanilla antes de dormir despeja las vías de forma más directa.
4. Cambia la cebolla cada noche: fresca libera mejor sus compuestos.
Un remedio humilde, gratis y sin riesgos, que acompaña esas noches difíciles de congestión.
¿En tu casa también usaban la cebolla para la congestión? 👇
📚 Contexto: los compuestos de azufre volátiles de la cebolla y el uso tradicional de vapores para aliviar la congestión están documentados en etnobotánica y fitoterapia.
🚨Incendio activo en el Parque Isla Salamanca
Ante el incendio forestal que permanece activo en el Parque Isla Salamanca y que está deteriorando significativamente la calidad del aire en varios sectores del norte de Barranquilla, iClima emite las siguientes recomendaciones para proteger la salud de la población:
Anger may seem to be a source of energy, but it’s blind. It causes us to lose our restraint. It may stir courage, but again it’s blind courage. Negative emotions, which often arise from a spontaneous impulse, cannot be justified by reason, whereas positive emotions can. Scientists suggest that constant anger and hatred undermine our immune system. Compassion, bringing inner strength, is good for our health.
La persona que no votó igual a ustedes no es su enemiga: esa persona también quería salvar al país con su voto. No pierdan amistades ni se vuelvan ruines por culpa de políticos a los que ni siquiera conocen en persona y que al final, si lo necesitan, se terminarán volteando.
Accidente cerebrovascular a los 34 años.
Corre 5 km los fines de semana.
Presión arterial normal.
No tiene diabetes.
Y no fuma.
Pero un hábito común al que recurre mucha gente para aliviar el estrés, se sospecha que causó la ruptura de una arteria principal y llevó a un accidente cerebrovascular grave.
Hilo médico sobre lo que realmente pasó:
El nudo que salva vidas en situaciones de emergencia extrema. Ya sea para un rescate en la montaña, asegurar carga o salir de un apuro en pleno aire libre.
Tras un terremoto, los traumas de cráneo y columna son comunes. Un movimiento en falso puede causar parálisis permanente. Si vas a auxiliar a alguien atrapado o golpeado por escombros, sigue este hilo con lo que SÍ y NO debes hacer. 👇🧵
Si tienes celular con sistema operativo Android, debes ir a ajustes o configuración, bajar hasta la campanita de seguridad y emergencia, luego activar la opción de alerta de sismo. Puede salvar tu vida, a mí me avisó unos segundos antes mediante una alarma. 👇
Hilo:1) Los médicos miraron a la nena de dos años que no hablaba, no fijaba la vista y gritaba como si la quemaran ante el más mínimo roce. El diagnóstico fue una sentencia de muerte social: "Su hija tiene autismo. Nunca va a ser normal.
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Hilde Back se murió convencida de que no había hecho nada del otro mundo. Así era ella: una maestra de preescolar bajita, que vivía sin hacer ruido en un departamento de Västerås, en Suecia, y que prefería gastar sus ahorros en ir al teatro antes que en lujos. En los años setenta, vio un folleto de una ONG para apadrinar nenes en países pobres. La cuota era de quince dólares al mes. Revisó una lista de nombres, apuntó con el dedo a uno al azar y dijo que sí.
se llamaba Chris Mburu y vivía en Kenia.
Hilde no tenía la menor idea de quién era. No sabía que el chico dormía en una choza de barro, que estudiaba de noche con el reflejo de una lámpara de queroseno ni que, si nadie ponía la plata para sus estudios, estaba condenado a matarse la espalda juntando café por monedas en los campos de su aldea. Para ella eran solo quince dólares. El precio de un par de cafés en Suecia a cambio del futuro de un desconocido.
Pero lo que Hilde tampoco le contó a nadie —y se lo guardó durante décadas hasta que una documentalista se lo sacó con paciencia— era el infierno del que ella misma había escapado.
Hilde nació en Alemania en 1922. Era judía. Su adolescencia se terminó de golpe cuando los nazis firmaron las Leyes de Núremberg y la echaron de la escuela por su apellido. El ambiente se puso tan peligroso que sus padres hicieron lo indecible para subirla a un tren rumbo a Suecia como refugiada. Llegó con una valija de cartón y la certeza de que nunca más los volvería a ver.
Y así fue. A sus padres los metieron en campos de concentración. El papá se murió de hambre y la mamá desapareció en las cámaras de gas. Hilde se quedó sola en un país extraño, masticando el dolor de saber exactamente de lo que es capaz el ser humano cuando el Estado legaliza el odio.
Pero no se volvió loca ni se llenó de veneno. Estudió, consiguió el puesto de maestra y vivió de forma ultra sencilla en el mismo departamento durante 35 años. Por eso, cuando vio la oportunidad de salvar a un nene que se estaba quedando fuera del colegio por culpa de la pobreza —una injusticia que ella conocía de memoria— no lo dudó. Pagó los quince dólares mes a mes, año tras año.
Gracias a ese goteo de dinero, Chris pudo seguir estudiando.
El chico le mandaba cartas contándole cómo le iba en geografía o en matemáticas, y ella le respondía con notas de aliento. Chris no lo sabía, pero esas cartas le sembraron algo en la cabeza , Chris Mburu se rompió el alma estudiando. Se recibió en la Universidad de Nairobi y después lo becaron en Harvard. Terminó convertido en abogado de derechos humanos de la ONU, metiéndose en países en guerra e investigando genocidios y crímenes de lesa humanidad. El nene que se salvó por quince dólares dedicó su vida adulta a meter presos a los monstruos que hacían exactamente lo mismo que los nazis le habían hecho a la familia de Hilde.
Cuando Chris se consagró en la ONU, empezó a buscarla. Con la ayuda del embajador sueco en Kenia, logró ubicarla en su viejo departamento de Västerås. Estaba vieja, pero impecable. En 2001, el abogado armó la fundación "Hilde Back" para pagarle los estudios a miles de chicos pobres y la invitó a Kenia para la inauguración. Cuando Chris la abrazó llorando, esperando encontrarse con una filántropa imponente, se topó con una abuelita asombrada que le decía: "Pero mi amor, si solo eran quince dólares, era lo lógico".
Para enero de 2024, la fundación de Hilde ya le había pagado la secundaria a casi 1,000 chicos en Kenia. Mil vidas rescatadas del barro porque alguien entendió que quince dólares no te hacen más rico ni más ".
Uno de esos hijos vivía en una choza de Kenia y terminó combatiendo dictadores. Nos pasamos la vida esperando que los gobiernos, los millonarios o las grandes instituciones arreglen el mundo, pero la historia casi siempre cambia por tonterías. Por la decencia de una maestra jubilada que se acordó de lo que se siente estar sola en el mundo y decidió poner un billete en un sobre para salvar a un desconocido
Hay una cicatriz redonda que lleva décadas desapareciendo del mundo. Quienes la tienen en el brazo nacieron antes de 1980. Los que nacieron después, no.
Esa diferencia lo dice todo.
La herramienta que dejaba esa marca era la aguja bifurcada, un pequeño varilla de acero de unos cinco centímetros con dos puntas en el extremo, capaz de retener entre sus prongs una dosis exacta de vacuna liofilizada. La inventó el doctor Benjamin Rubin, de los Laboratorios Wyeth, como alternativa económica a las pistolas de vacunación del ejército estadounidense. Costaba cinco dólares por cada mil unidades. Con un solo vial de vacuna podían hacerse hasta cien dosis. D.A. Henderson, director del programa de erradicación de la OMS, dijo años después que sin aquella aguja la campaña habría tardado mucho más. La llamó un milagro.
La técnica era simple: sumergir las puntas en la vacuna, apoyar la aguja en perpendicular sobre la piel del brazo y hacer quince pinchazos rápidos y ligeros en un área circular del tamaño de una moneda. La vacuna entraba por los orificios. El cuerpo respondía. Primero enrojecimiento, luego ampolla, luego costra. Al caer la costra, quedaba la marca.
Esa cicatriz no era un daño. Era la señal de que el sistema inmunitario había aprendido a reconocer y destruir el virus de la viruela antes de que llegara de verdad.
La campaña de erradicación de la OMS duró once años, de 1966 a 1977. En su punto álgido, la aguja bifurcada entregaba más de 200 millones de vacunas al año. La viruela desapareció de América del Sur en 1971, de Asia en 1975 y de África en 1977. El último caso natural ocurrió en octubre de 1977: un cocinero somalí llamado Ali Maow Maalin, que se recuperó. En mayo de 1980, la OMS publicó la portada de su revista con tres palabras en grandes letras: "Smallpox is dead."
La viruela había matado a más de 300 millones de personas solo en el siglo XX. Era una enfermedad que acompañó a la humanidad durante milenios, que desfiguró rostros, cegó ojos y vació ciudades. Y fue eliminada completamente del planeta por 300 millones de dólares, una aguja de cinco centímetros y décadas de trabajo colectivo.
Quienes tienen esa cicatriz llevan en el brazo la huella de la única enfermedad infecciosa que el ser humano ha erradicado por completo de la Tierra.
Acabo de leer en una entrevista que, supuestamente, García Márquez no era «muy generoso». Muy bien: cualquiera puede decir misa si hay quien lo escuche. Pero quizá valga la pena recordar que, cuando R. H. Moreno Durán enfermó del cáncer que acabaría matándolo, recibió una…
¿Por qué Barranquilla es tan susceptible a #ElNiño? 🌡️
#Barranquilla es una ciudad costera que, por naturaleza, no se caracteriza por registrar lluvias abundantes durante gran parte del año. Normalmente maneja dos temporadas lluviosas: una entre finales de abril y mediados de junio, y otra entre septiembre y mediados de noviembre, siendo estos los periodos donde más precipitaciones recibe la ciudad.
¿Entonces qué hace tan susceptible a Barranquilla?
Principalmente, los vientos y la falta de una barrera natural que retenga la humedad. La ciudad está altamente expuesta a los vientos alisios del Caribe, los cuales empujan las nubes hacia el sur. Por eso muchas veces se observan fuertes aguaceros en municipios vecinos como Soledad, mientras en Barranquilla apenas caen algunas gotas o no llueve.
Esto ocurre porque no existen suficientes barreras naturales, como grandes zonas boscosas o elevaciones montañosas, que ayuden a frenar los vientos y favorecer el desarrollo de nubosidad sobre la ciudad.
Aun así, la ciudad es amada. Así quieren a “La Arenosa”. ❤️
Ahora bien, con los datos anteriores se entiende por qué Barranquilla se vuelve aún más vulnerable durante eventos de #ElNiño.
El Niño incrementa la cizalladura del viento, un factor que muchas veces “corta” o debilita las nubes, impidiendo su desarrollo y avance hacia el norte del Atlántico. Además, suele favorecer un Atlántico más frío y un fortalecimiento de los vientos alisios.
Y como Barranquilla ya es una ciudad muy influenciada por estos alisios del Caribe, el efecto reductor de lluvias se potencia considerablemente, provocando temperaturas más altas, mayor sensación térmica y periodos secos más intensos.
No es saladera, no es brujería y tampoco “el poste que menos mean”. 😅
Es importante entender cómo funciona el clima de la ciudad y cómo fenómenos como #ElNiño y #LaNiña pueden alterar significativamente sus condiciones atmosféricas
Pidió perdón, pero queda claro que no sabe por qué fue que tuvo que hacerlo. Para él este episodio fue un derroche de humor inofensivo que Laura no entendió por qué carece del sentido del humor. No, candidato. El problema no es que Laura no hubiera entendido sus chistes. El tema es que usted la irrespeto públicamente y la forzó a que exaltara el tamaño de su miembro. Pero además, los hombres que estaban en la mesa permitieron también el ultraje porque ninguno de ellos fue capaz de pararle el macho a Abelardo.
Verduras que queman grasa sin que vayas al gimnasio.
La mayoría de las personas ignora que ciertos vegetales obligan a tu metabolismo a trabajar horas extra. No es solo comer sano, es usar la termogénesis a tu favor.
Añade estas 10 opciones a tu dieta hoy mismo: 🧵
"She wasn't posing for history. She was just trying to get her children to the other side.
It was September 1965, in the coastal lowlands of South Vietnam. A mother — her name never recorded by the world — waded into a river with her four children clinging to her body. The U.S. Air Force had ordered everyone out of their village near Qui Nhon. Vietcong fighters had been using the surrounding area to fire on American Marines, and now the bombs were coming. She had no time to pack, no time to plan. She had only her children and the water in front of her.
A young Japanese photojournalist named Kyoichi Sawada was there that day.
Sawada had begged his editors at United Press International for months to send him to Vietnam. They kept saying no — it was an American conflict, not his to cover. So in early 1965, he used his own vacation time and flew there himself, camera in hand, on his own money. His photographs were so powerful that UPI finally relented and gave him the assignment.
That single image — a mother, chest-deep in water, four small children wrapped around her — stopped the world.
It was titled Flight to Safety. It went on to win the 1965 World Press Photo of the Year. It earned Sawada the Pulitzer Prize for Photography. It swept the Overseas Press Club Award and the US Camera Achievement Award — all in the same year. Critics called him the finest, most daring photographer working in Indochina.
But here is the part that history almost forgot.
After the awards ceremonies, after the applause, after the recognition that would have satisfied most — Sawada went looking for her. He searched through villages disrupted by war, through communities scattered by conflict, until he found not just the mother and her children, but the second family that had also been captured in the frame. He found both families.
And he gave them every cent of the prize money.
Not a portion. All of it.
He also made sure each family received a copy of the photograph — so that the woman who had waded through that river with terror in her chest could hold, in her own hands, the image that had moved the entire world.
He never spoke publicly about it as an act of generosity. To Sawada, it simply wasn't his story to keep.
He understood something that many forget: behind every iconic image is a real human being who never asked to become a symbol. The mother in that river wasn't representing a cause. She was saving her children. The least the world could do — the least he could do — was make sure she knew her struggle had been witnessed with dignity, not just documented for acclaim.
Sawada kept working. He kept going back to the front lines — to Vietnam, to the Battle of Hue, to the places other photographers hesitated to enter. Those who knew him described a quiet contradiction: a man so daring that he once ran through a minefield for a photograph, yet so careful that he never removed his helmet in the field.
In October 1970, while traveling toward Kirrirom Pass in Cambodia, his car was ambushed. He was 34 years old.
He left behind no famous last words. Only photographs — and a legacy of quiet integrity that stands apart from almost anyone else in the history of war photography.
Most people who pick up a camera want to capture the world.
Kyoichi Sawada captured it — and then tried, in whatever small way he could, to give something back to the people inside the frame.
The mother crossed the river to save her children. Sawada crossed something harder — the distance between observer and human being.
Not everyone with a camera remembers that behind every photograph, there is still a life being lived.
He never forgot."