Los ojos son capaces de transmitir una amplia gama de emociones, desde la picardía y el misterio hasta la vulnerabilidad y la pasión. Pequeños gestos como arquear una ceja o guiñar un ojo pueden añadir un toque erótico.
Hablo de ese dolor que es tan grande que ni siquiera parece que te nace de dentro, sino que es como si hubieras sido sepultada por un alud. Y así estás. Tan enterrada bajo esas pedregosas toneladas de pena que no puedes ni hablar.
Esa pausa microscópica en la que unos dedos rozan tu cuello por primera vez y la piel decide erizarse antes de que tu mente lo procese.
Ahí es donde empieza todo.