La senadora Paloma Valencia aseguró que el Gobierno Petro intentó nombrar como comandante del Ejército al general Juan Miguel Huertas, mencionado en los archivos de alias ‘Calarcá’, pero no lo hizo por las alertas de contrainteligencia. “Cuando lo reincorporan, las agencias de inteligencia van y buscan al presidente y le dicen que no lo puede nombrar comandante del Ejército porque este señor tiene unas cosas bien extrañas y mucho ruido, pero Petro dice que es gente buena y efectivamente lo nombran comandante de personal donde maneja el reclutamiento, asignaciones, ascensos, traslados, retiros; es decir esta era la persona que decidía la continuidad de los hombres y mujeres de la fuerza pública”, detalló.
🚨 ATENTOS | El senador @berniemoreno dice que lo que tenemos en Colombia es a un presidente que se eligió gracias a la ayuda de los carteles de droga y que van a agilizar esa investigación.
IMPORTANTE: Asegura que van a incluir a Petro, a su familia y a sus cómplices en la lista OFAC, y que van a designar a más carteles de las drogas como Organizaciones Terroristas Extranjeras.
El senador Moreno concluye que la buena noticia es que los colombianos apoyan a los EEUU, como los EEUU apoyan a los colombianos. Añade que en este momento hay un líder imbécil, pero hay elecciones el próximo año y la relación con Colombia volverá a estar por buen camino después de que Petro se marche.
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Trump no mordió un anzuelo: rompió un pacto de hipocresía. Nos guste o no, esta vez no se equivocó.
Muchos analistas en Colombia han dicho que Donald Trump “mordió el anzuelo” al llamar a Gustavo Petro líder del narcotráfico. Que esa era justo la provocación que el presidente colombiano buscaba para victimizarse y consolidarse dentro del país. Que al responderle, Trump lo engrandeció.
No comparto esa lectura.
El presidente de Estados Unidos no mordió un anzuelo. Dijo en voz alta lo que muchos piensan, pero callan.
Y lo hizo con una crudeza que podrá incomodar, pero que tiene una base real: bajo el gobierno de Gustavo Petro, Colombia ha retrocedido dramáticamente en la lucha contra las drogas, ha relajado la acción del Estado frente a los cultivos ilícitos y ha coqueteado políticamente con estructuras que durante décadas han vivido del narcotráfico.
Petro no es un capo, cierto, pero sí ha ejercido una presidencia permisiva y complaciente con el narcotráfico. Esa complacencia, en un país que ha puesto más de 400.000 muertos por culpa de la droga, es tan grave como el crimen mismo.
Trump no habló como diplomático, sino como político —y eso, para muchos, resulta insoportable—. Pero la diplomacia también tiene límites: no puede ser el refugio del silencio ante el desastre. Y el desastre colombiano hoy tiene un rostro visible.
Durante décadas, los Estados Unidos —con aciertos y errores— han sido socios estratégicos en la lucha contra el narcotráfico. Han invertido miles de millones de dólares, han capacitado fuerzas, han impulsado programas sociales, entre muchas otras cosas.
Pero lo que ven hoy es un presidente colombiano que quiere desmontar la fumigación sin tener una alternativa eficaz, que suspende la erradicación manual, que relativiza la extradición, que criminaliza a la Fuerza Pública y que, en nombre de una supuesta “paz total”, legitima a los mayores beneficiarios del negocio de la cocaína.
No se trata de un insulto. Se trata de un juicio político sobre una realidad evidente. Y que venga de Trump no le quita verdad al argumento. El problema es que en Colombia se ha normalizado el cinismo.
Cuando un líder extranjero señala las consecuencias de nuestras políticas equivocadas, preferimos acusarlo de “intervencionista” en lugar de corregir el rumbo. Cuando un presidente extranjero dice lo que muchos colombianos sienten, la élite progresista sale a explicar por qué “eso le sirve a Petro”.
No. Lo que le sirve a Petro es el silencio, no la confrontación. Lo que lo fortalece es la tibieza del debate interno, la incapacidad del país para llamar las cosas por su nombre. Trump no mordió un anzuelo: rompió un pacto de hipocresía.
El de una comunidad internacional que se queda callada mientras Colombia se desliza hacia un modelo de tolerancia con el crimen. El de quienes confunden estrategia con cobardía. Y el de un sector político que cree que la diplomacia exige callar incluso ante lo evidente.
En el mundo de hoy, donde las democracias están amenazadas por populismos de izquierda y de derecha, la falta de posturas claras es el nuevo pecado capital. Y frente a la expansión del narcotráfico y sus cómplices, callar por “prudencia diplomática” es complicidad.
Trump no fue diplomático. Fue brutalmente claro.
Y a veces, para sacudir conciencias, la claridad duele más que los protocolos.
Si la frase de Trump sirvió para algo, fue para recordarle a Colombia que el narcotráfico sigue siendo el verdadero poder detrás del poder. Que mientras el presidente Petro construye su relato de víctima, las selvas se llenan de coca, los grupos armados se fortalecen y el Estado se repliega.
La diferencia entre la diplomacia y la verdad es que la primera se negocia; la segunda, no. Y Trump, con su estilo frontal, eligió decir la verdad. Nos guste o no, esta vez no se equivocó.
Quien habla fue candidato presidencial en Venezuela este 28 de julio y aparece en el tarjetón venezolano. Obtuvo autorización para ingresar testigos y hoy aporta su valioso testimonio con pruebas en mano para ratificar los resultados que dan a Edmundo Gonzalez ganador 👇
Que el fraude sea descarado es el punto. Las dictaduras usan lo absurdo para matar la esperanza de la gente.
Corea del Norte se hace llamar "República Democrática".
Putin gana elecciones con 88%.
Por eso el total de conteo de votos en Venezuela hoy da 132.3%.
Los que no pudieron pasar por la frontera, se vinieron por el lago de Maracaibo.
@NicolasMaduro la verdad que no me queda duda alguna que el pueblo que luchó bajo el liderazgo de Bolívar te derrotará rutilantemente y para siempre.