Hay que entender que la caída global de la natalidad y el envejecimiento poblacional han convertido al capital humano calificado en un recurso escaso y estratégico. Varios países han intentado compensarlo con migraciones masivas, pero este modelo está fracasando: los flujos mayoritarios están compuestos por mano de obra poco calificada que genera un costo fiscal neto y muestra una integración cultural y social deficiente o nula. Como consecuencia, muchas sociedades occidentales avanzan hacia su propia desintegración social y cultural.
La única solución viable es reducir drásticamente la dependencia de mano de obra humana mediante un fuerte aumento de la productividad por habitante, impulsado por la adopción intensiva de robótica e inteligencia artificial.
Hay que entender que la caída global de la natalidad y el envejecimiento poblacional han convertido al capital humano calificado en un recurso escaso y estratégico. Varios países han intentado compensarlo con migraciones masivas, pero este modelo está fracasando: los flujos mayoritarios están compuestos por mano de obra poco calificada que genera un costo fiscal neto y muestra una integración cultural y social deficiente o nula. Como consecuencia, muchas sociedades occidentales avanzan hacia su propia desintegración social y cultural.
La única solución viable es reducir drásticamente la dependencia de mano de obra humana mediante un fuerte aumento de la productividad por habitante, impulsado por la adopción intensiva de robótica e inteligencia artificial.