Há uns anos vi a Argentina trocar cinco passes curtos junto à linha, talvez contra a Croácia, talvez contra a Holanda ou até antes, e tive a sensação estranha de reconhecer uma coisa que o futebol moderno se tinha esforçado por nos convencer que já não existia. A bola não avançava ainda. Ficava ali, presa a dois ou três corpos, num pequeno atraso deliberado, como se recusasse a obrigação contemporânea de se tornar logo progressão, métrica, vantagem territorial.
É a Argentina de Menotti, da Scaloneta, de Aimar e Manna, de Messi, do toco y me voy, da pausa, do corta-luz. É a magia do enganche e dos criativos contra o império da força, da velocidade, dos dados e da optimização. O húngaro @Jozsef_Bozsik
chamou-lhe, com razão, “a última equipa de futebol”, numa era em que, como nos profetiza, evocando Mark Fisher, o bom velho @stirling_j , parece ser mais fácil imaginar o fim do mundo do que o fim do sistema posicional.
A globalização futebolística operou uma arrepiante desterritorialização do modelo de jogo, desde a academia até ao campo. Neste Mundial isso está evidente. Todos parecem ter aprendido a falar com o mesmo sotaque neutro: a mesma educação da jogada, a mesma saída a três, o mesmo duplo pivô, os mesmos extremos fixos, os mesmos laterais por dentro, as mesmas zonas ocupadas com zelo, os mesmos mapas, os mesmos relatórios. Sentamo-nos à frente da televisão e vemos a mesma gramática limpa e abstracta aplicada a corpos, histórias e culturas diferentes, com a bola a passar por estações previstas e o jogador a cumprir, muito direitinho, a pequena liturgia da posição.
A Argentina promoveu um retorno às suas raízes, a um modo de jogo que começa no potrero, no bairro, na cumplicidade dos jogadores que aprendem a reconhecer-se antes de obedecerem ao desenho. E fê-lo sem fingir que o presente não existe: a análise, o vídeo e a preparação estão lá, mas não chegam para confiscar o instante. O jogador aproxima-se, espera, toca e oferece-se, infere o tempo do outro antes de consentir a ordem do campo. A bola deixa de ser apenas uma circulação temporizada entre espaços para voltar a tornar-se numa conversa entre jogadores.
Há então um nostos rumo a um entendimento histórico e sociocultural da bola, relocalizando as relações afectivas entre os jogadores no seu devido contexto. A equipa não aparece como soma de funções, mas como comunidade de gestos, memórias e cumplicidades. Uma forma de jogar que ainda reconhece o improviso, a pausa, a hesitação, a parede, a diagonal e o encontro como parte essencial do jogo.
O tempo canonizou o atleta impecável; convém aqui distinguir o milagre da ginástica. Há uma santidade de ginásio, vontade e penitência que encanta multidões e vende mais suplementos. Mede-se a fome, vigia-se o sono, educa-se o músculo, corrige-se a alma ao espelho e entra-se em campo com a compostura de quem vai disputar um Mister Olympia contra Ronnie Coleman. Bonito, edificante, exemplar. Uma monotonia com jejum intermitente.
O futebol começa noutro sítio, longe da perfeição: no instante em que a bola descobre um corpo mais disponível ao assombro. O jogador torna-se protagonista e vemos que joga, como nas palavras do grande Eduardo Galeano, “pelo puro prazer do corpo que se lança na proibida aventura da liberdade”.
E sim, Messi é levado ao colo. Por Deus.
¿Tú con quién estás? ¿Con Harari o con Henrich?
Joseph Heath critica en este artículo el relato de la evolución humana que presenta Yuval Noah Harari en Sapiens por ser anticientífico y obsoleto. Lo contrasta con la teoría mucho más sólida y actual, según él, de Joseph Henrich (The Secret of Our Success), que invierte completamente el orden explicativo.
Heath identifica cuatro capacidades únicas que diferencian a los humanos:
-Inteligencia superior (incluyendo razonamiento abstracto y matemático).
-Lenguaje complejo y gramatical.
-Cooperación ultrasocial (con no parientes).
-Cultura acumulativa (transmisión y mejora continua de conocimiento y artefactos).
Cualquier teoría seria debe explicar cómo evolucionaron estos rasgos en un tiempo evolutivo muy corto (Homo erectus apareció hace unos 2 millones de años o así).
La secuencia de Harari sigue el orden clásico: Inteligencia → Lenguaje → Cooperación → Cultura. Pero Heath le ve muchos problemas:
-El cerebro grande es muy costoso (energía y mortalidad en el parto). No está claro qué beneficio compensatorio habría tenido en la sabana.
-El lenguaje como “mutación casual” (Tree of Knowledge) tiene problemas graves: el primer mutante no tendría con quién hablar (problema de arranque).
-Sin cooperación previa, el lenguaje sería “cheap talk” (habla barata) y poco creíble.
-La cooperación no surge fácilmente de la inteligencia (teoría de juegos y dilema del prisionero lo demuestran).
-La cultura no es solo “más gente trabajando junta”; es evolución cultural acumulativa.
Así que Heath prefiere la secuencia que propone Henrich (siguiendo a Boyd y Richerson): Cultura → Cooperación → Lenguaje → Inteligencia. La historia sería más o menos lo siguiente. El ajuste inicial que lo arranca todo fue una mayor capacidad de imitación fiel: los humanos copian comportamientos complejos con gran precisión, incluso sin entenderlos del todo, a diferencia de los chimpancés. Esta capacidad permitió el surgimiento de la evolución cultural acumulativa, es decir, que las herramientas, técnicas y conocimientos mejoren y se transmitan de generación en generación. La imitación conformista (“haz lo que hace la mayoría”) y la tendencia a imitar a los más exitosos aumentaron la homogeneidad cultural dentro de los grupos, lo que potenció la selección entre grupos: aquellos más cooperativos culturalmente dominaron a los demás, favoreciendo el surgimiento de normas prosociales. Esto, a su vez, desencadenó un proceso de auto-domesticación, en el que los individuos más agresivos eran marginados reproductivamente, haciendo a los humanos más prosociales por naturaleza. Con mayor cooperación, el lenguaje se volvió útil y creíble. Finalmente, la inteligencia (incluido el cerebro grande) fue impulsada por la explosión cultural: valía la pena invertir en mejor memoria y cognición porque permitía absorber y aprovechar una cultura cada vez más compleja.
En resumen, el artículo es una defensa clara de la co-evolución gen-cultura.
La industria cayó 2,77% interanual en abril.
Construimos un índice de exposición provincial: cuánto siente cada provincia la caída del IPI, según su mix industrial. 🧵
Costó muchísimo que en Argentina haya aprobación social para la minería.
Este tipo de cosas es todo lo que está mal y nos vuelve más parecido a un país africano que a uno desarrollado.
La minería no puede ser una mera actividad de enclave. Tiene que ser un verdadero motor del desarrollo productivo del país.
Muy lindo tu RIGI... si seguimos así le vamos a dar la razón al ecolochantismo y vendrá el fantasma de Pino a susurrarnos "saqueo". https://t.co/EDbz0DPuYb
Muy lindo tu RIGI... si seguimos así le vamos a dar la razón al ecolochantismo y vendrá el fantasma de Pino a susurrarnos "saqueo". https://t.co/EDbz0DPuYb
Yo sé que a todos nos gusta comprar espejitos de colores pero aún con las proyecciones súper optimistas oficiales de exportaciones de energía y minería, en 2035 tendríamos casi 10 veces menos de exportaciones de recursos naturales per cápita que Noruega, 4 veces menos que Australia, menos de la mitad que Canadá e incluso menos que Chile hoy.
Los recursos naturales son una palanca clave de nuestro desarrollo. Creer que con eso nos desarrollamos y que todo lo demás hay que tirarlo a la basura porque "aguante la destrucción creativa" es falopa libertaria mal cortada.
Notición. Reparada la profanación del sacrifício humano por el hombre blanco usurpador, auguran que volverán las lluvias zonas amenazadas por la megamineria. "Wanca Willka dijo que será el niño quien indicará dónde quiere estar, ahí, en su territorio."
https://t.co/SD05BmbBpH
Es fascinante esta idea de que la política tarifaria la tienen que definir expertos en clima porque solo ellos saben realmente cuánto frío hace. El progresismo siempre encuentra formas de hacer que ideas súper tontas suenen intelectuales y universitarias. Notable talento
¿Quiénes son los ganadores y perdedores del nuevo régimen comercial (lease más apertura)? Combinando precios mayoristas (IPIM), empleo formal, salarios y datos de importaciones, se puede hacer una radiografía sectorial bastante clara del shock 2024-2025. Hilo 👇
El problema con las tarifas de los servicios no es el frío, es el nivel de salarios. No hay guita peor gastada que los subsidios directos, salario indirecto que nadie te agradece, o sea que ni siquiera te sirve políticamente. No se puede tropezar 100 veces con la misma piedra.
Smartphones are not the explanation for the recent decline in fertility. Instead, they are an accelerator of deeper forces already at work.
Let’s start with the facts. Fertility is falling almost everywhere: in rich, middle-income, and poor countries; in secular and religious countries; and in countries with high and low levels of gender equality.
The decline accelerated around 2014. So, no country-specific explanation will work unless you are willing to believe that 200 distinct country-specific explanations arrived at roughly the same time.
Smartphones look like the obvious candidate: the first iPhone was released in 2007, and global adoption has been astonishingly fast.
Economists understand the first major decline in fertility in advanced economies, from 6 or 7 children per woman throughout most of human history to about 1.8, that occurred between the early 1800s and roughly 1970, well before smartphones. The main drivers were a sharp fall in child mortality (effective fertility was rarely above 3 and often close to 2) and the shift from a low-skill, rural agrarian economy to a high-skill, urban industrial one. We have quantitative models that fit these facts well.
Country-specific factors mattered too, of course. Proximity to low-fertility neighbors accelerated Hungary’s decline, while fragmented landowning structures accelerated France’s. But these were second-order mechanisms.
This is also why most economists long considered Paul Ehrlich’s doom scenarios implausible. We forecast that fertility in middle- and low-income economies would follow the same path as in the rich, probably faster, because reductions in child mortality reached India or Africa at lower income levels (medical technology is nearly universal, and most gains come from handwashing and cheap antibiotics, not Mayo Clinic-level care). Much of what we see in Africa or parts of Latin America today is still that old story.
But in the 1980s, a new pattern appeared. Japan and Italy fell below 1.8, the level we had thought was the new floor. By 1990, Japan was at 1.54 and Italy at 1.36.
This second fertility decline began in Japan and Italy earlier than elsewhere, driven by country-specific factors, but the underlying dynamics were widespread: secularization, an education arms race, expensive housing, the dissolution of old social networks, and the shift to a service economy in which women’s bargaining power within the household is higher. The U.S. lagged because secularization came later, suburban housing remained relatively cheap, and African American fertility was still high. U.S. demographic patterns are exceptional and skew how academics (most of whom are in the U.S.) and the New York Times see the world.
My best guess is that, without smartphones, Italy’s 2025 fertility rate would be about 1.24 rather than 1.14. I doubt anyone will document an effect larger than 0.1-0.2. Italy was at 1.19 in 1995, not far from today’s 1.14. The TFR is cyclical due to tempo effects, so I do not read too much into the rise between 1995 and 2007 or the decline from 1.27 in 2019 to 1.14 today. The direct effect of smartphones is not zero, but it is not, by itself, that large.
Where social media, in general, and smartphones, in particular, matter is in the diffusion of social norms. What would have taken 25 years now happens in 10. Social media are not the cause of fertility decline; modernity is. But they are a very fast accelerator.
That is why social media are a major part of the story behind Guatemala (yes, Guatemala) going from 3.8 children per woman in 2005 to 1.9 in 2025. Without them, Guatemala would also have reached 1.9, just 20 years later.
Modernity, in its current form, is incompatible with replacement-level fertility. By modernity, I do not mean capitalism: fertility fell earlier and faster in socialist economies than in market economies. Socialist Hungary fell below replacement in 1960, and socialist Czechoslovakia in 1966 (both experienced small, short-lived baby booms in the mid-1970s). By modernity, I mean a society organized around rational, large-scale systems and formalized knowledge.
Countries will not converge to the same fertility rate. East Asia is likely stuck near 1, possibly below, given its unbalanced gender norms and toxic education systems. Latin America faces the same gender problem plus weak growth prospects, so I expect something around 1.2. Northern Europe has more egalitarian family structures and might hold near 1.5. The very religious societies are probably the only ones that will sustain 1.8.
All of this could change with AI or changes in population composition. We will see. But on the current evidence, deep sub-replacement fertility is the “new new normal.” Unless we reorganize our societies, better learn to handle it as best we can.
One of great virtues of football as a sport was that it mimicked life: it is a game with few points (goals), they are often scored by a worse or simply luckier team, and injustice is rampant. And because injustice is rampant everyone can complain to be a victim of something and not feel inferior when losing a game.
🔴La consolidación de una nueva era
El encuentro entre Donald Trump y Xi Jinping expuso con claridad el nuevo equilibrio global: una China en ascenso, un Occidente en retroceso relativo y un mundo atravesado por tensiones económicas, tecnológicas y sociales que también impactan de lleno en la Argentina.
Por @ClaudioScaletta ✍️
https://t.co/xWL7yWQVbe