Se fue el canal del futbol, ya no escucharemos los gritos de robalinoooo, Golazooo a angulooooo. Para ver a tu seleccion no debes pagar nada es tuya, nuestra de todos vamooo tricolor querida
En todos estos años ECDF, empresa ecuatoriana, invirtió decenas de millones de dólares al fútbol ecuatoriano. Empleó a cientos de profesionales ecuatorianos. No le robó a nadie, y hay subnormales que se alegran que ya no estará! Hay gente que tiene el alma negra y un mojón en la cabeza.
3 de octubre de 2010. Ibarra.
Hay fechas que no pertenecen a los calendarios. Pertenecen a la memoria de los pueblos.
Aquella tarde, más de quince mil almas vestidas de amarillo y rojo subieron hasta Ibarra como antiguas caravanas que peregrinaban hacia un santuario. No iban simplemente a ver un partido de Segunda Categoría. Iban a buscar el regreso de una nación futbolera que llevaba años exiliada.
Aucas no era un club cualquiera. Era un viejo reino caído.
Había conocido la gloria, las multitudes, las tardes infinitas del Atahualpa, el arbolito, y ahora sobrevivía en las canchas polvorientas del ascenso, cargando sobre sus hombros el peso de una historia demasiado grande para esa categoría.
Dicen que los grandes imperios no mueren cuando pierden una batalla, sino cuando su gente deja de creer. Pero ese día ocurrió exactamente lo contrario. Más de quince mil personas demostraron que un equipo podía estar en el fondo de la pirámide y seguir convocando a una multitud digna de una final nacional.
Durante ochenta y cinco minutos el tiempo pareció detenerse.
El empate clasificaba a Aucas. El sueño estaba al alcance de la mano. Los hinchas miraban el reloj una y otra vez, como quien observa el horizonte esperando el regreso de un barco perdido.
Entonces llegó el minuto 86.
Un balón. Un descuido. Un disparo.
Y Marlon Rodríguez escribió una de esas líneas que el fútbol reserva para las tragedias. Silencio.
No el silencio de un estadio vacío, sino el de quince mil corazones rompiéndose al mismo tiempo.
La historia oficial dirá que Valle del Chota ganó 1-0 y que Aucas terminó el hexagonal con 23 puntos, dos menos que su rival. Las estadísticas siempre son cruelmente insuficientes.
Lo que realmente ocurrió fue otra cosa.
Aquella tarde nació una leyenda.
Porque los equipos pequeños se desintegran después de un golpe así. Las instituciones comunes desaparecen. Las hinchadas ocasionales buscan otro refugio.
Aucas, en cambio, sobrevivió.
Sobrevivió a las lágrimas de los niños que preguntaban por qué el equipo de sus padres nunca podía volver. Sobrevivió a los hombres adultos que salieron del estadio sin decir una palabra. Sobrevivió a la burla de quienes creían que un gigante podía quedarse para siempre de rodillas.
Quizá por eso el campeonato obtenido doce años después, en 2022, tuvo un significado distinto. No fue solamente un título.
Fue la respuesta que tardó doce años en escribirse.
Fue la revancha de aquellos más de quince mil peregrinos que, un octubre de 2010, llenaron un estadio en Ibarra en Segunda Categoría para demostrar que el amor no entiende de divisiones.
Porque los clubes nacen de una escritura pública.
Las leyendas, en cambio, nacen de tardes como aquella.
Y si algún día alguien pregunta por qué Aucas tiene una de las hinchadas más fieles y numerosas del Ecuador, habrá que contarle esta historia: la de un equipo que perdió a cuatro minutos de la gloria… y aun así jamás dejó de ser "ídolo", el ídolo de Quito.
Amigos empecé a llenar el álbum del mundial para mi sobri bebé que nace este año de mundial
Así que si tienen cromos sobrantes compro los 100 x $10
Si les interesa vender y ni quedarse con eso guardado 🤭 me escriben
Ya no hay excusas válidas para la directiva de @Aucas45 Las negociaciones con Huracán por Agostino y la renovación de Bruno tienen que cerrarse ya. 💪💛❤️