Julio Anguita (líder histórico del PCE e Izquierda Unida) criticó duramente el voto a políticos corruptos en varias intervenciones, enfatizando la responsabilidad de los votantes y priorizando la honestidad por encima de las siglas o la ideología.
“Lo único que os pido es que midáis a los políticos por sus hechos y aunque sea de la extrema derecha, si es un hombre decente y los otros unos ladrones, votad al de la extrema derecha. Votad al honrado, al ladrón no, aunque tenga la hoz y el martillo.”
Hoy, D. Julio Anguita sería tachado de facha.
Me pregunto si alguna vez saldremos de esto. Izquierda y derecha, derecha e izquierda, como dos equipos de fútbol que ya no recuerdan por qué juegan, solo que hay que ganar al de enfrente. Cambian los nombres, cambian las caras, cambian hasta las banderas que ondean, pero el guion es el mismo: nosotros somos los buenos, ellos son el problema, y cualquier matiz es traición. Y mientras tanto, los problemas reales siguen ahí, esperando a que alguien se digne a mirarlos sin gafas partidistas.
Lo difícil es aceptar que la verdad no cabe en una ideología. Ninguna. Ni en la tuya ni en la mía. La realidad es tozuda, cambiante, llena de aristas, y se ríe de los manuales. Hay momentos en los que conviene que el Estado intervenga, y momentos en los que conviene que se aparte. Hay problemas que se resuelven con más mercado y otros que se resuelven con más autoridad. Hay políticas que funcionan en un país y fracasan en otro, la masa no es la misma en todas partes. Pero admitir esto te deja sin tribu, sin aplausos y sin rts, y por eso casi nadie lo hace.
El pack ideológico es cómodo precisamente porque te ahorra pensar. Te dan el paquete entero: qué opinar de la vivienda, de la inmigración, de la energía, de la educación, del aborto, de la guerra de turno. Todo viene en el mismo lote, como si las preguntas estuvieran misteriosamente correlacionadas. Pero la realidad no funciona así. La realidad pide a veces medidas que a tu tribu le horrorizan, y otras veces pide lo contrario. Y quien no es capaz de moverse según lo que el problema exige, no está gobernando ni pensando: está repitiendo.
Quizá el verdadero salto, el que nadie quiere dar, sea aceptar que ese mapa minúsculo que llevamos en la cabeza no es el territorio. Que las ideas son herramientas, no identidades. Que se puede defender algo hoy y revisarlo mañana sin que se te caiga la dignidad. Mientras sigamos creyendo que pensar es elegir bando, seguiremos atrapados en el mismo bucle de atrofia mental.
Tiene que ser duro ir de inteligente, de 'leer muchos libros', y luego pensar que la Fiscalía Anticorrupción, la UDEF, la DEA, la policía suiza y la policía francesa se han compinchado con los fachas españoles para imputar a Zapatero con el único propósito de acabar con Sánchez.
Un pensador de la talla de Antonio Escohotado (1941 - 2021) ya veía en Zapatero a un tipo indigno que debía estar en la cárcel por múltiples razones y sobre todo por haber vuelto a fomentar la división entre españoles. Y aún no se sabía lo siniestro y corrupto que podía ser.
Dijo una vez Paul Auster: “Se vive solo. Los demás están cerca, pero la vida se vive en soledad. A veces logramos asomarnos al misterio del otro, rozar su verdad, pero eso ocurre rara vez. Es el amor, casi siempre, lo único que permite esos breves encuentros, esas grietas luminosas en la pared de nuestra soledad. Y aun así, volvemos a estar solos. Siempre.”
La televisión pública TVE presenta un documental sobre el apagón que no es más que un ejercicio de exculpación de Red Eléctrica de España, de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia y del Gobierno, en el marco de una política energética condicionada por decisiones ideológicas y no técnicas.
El tráiler del documental titulado ’Se nos ha ido de las manos’ pone en primer plano a representantes del lobby renovable, con un evidente conflicto de intereses, que reducen todo a un mensaje simplista, casi infantil, y desvían el foco de lo que realmente falló. Nadie serio sostiene que la culpa sea de «las renovables». El problema fue otro.
Los audios filtrados entre técnicos del sistema y operadores, que Red Eléctrica no quiere que se hagan públicos, son especialmente reveladores. En ellos se describe la dificultad de gestionar una proporción elevada de generación variable sin suficiente respaldo firme, con referencias explícitas a la falta de nuclear en el sistema en momentos determinados. No es un debate teórico, es la operativa real en situaciones críticas y bajo tensión.
El sistema se operó durante muchos días con una proporción insuficiente de potencia firme frente a generación variable. Lo sabemos todos en el sector eléctrico, incluso los participantes en el documental. La potencia firme es la que puedes programar y que aporta estabilidad cuando la necesitas, como la nuclear, los ciclos combinados de gas y la hidráulica gestionable. La generación variable depende del recurso en cada momento, como la eólica y la solar.
Cuando esa relación se desequilibra, faltan inercia, control de tensión y capacidad de respuesta rápida, que es lo que mantiene la estabilidad de la red. Por eso, desde el apagón, Red Eléctrica opera en modo reforzado, con más potencia firme programada y más restricciones técnicas para sostener el sistema. Es una operación más conservadora que encarece el precio de la electricidad, pero aumenta la seguridad. Ese cambio es un reconocimiento tácito y una prueba de que antes del apagón faltaba potencia firme.
A esto se suma un fallo de diseño que se arrastra desde hace años. Red Eléctrica de España ya había advertido de la necesidad de reforzar los requisitos de control de tensión en renovables, pero la CNMC no adaptó la normativa. Tras el apagón se introdujeron cambios para exigir mayor capacidad de control, pero el sistema sigue operando en modo reforzado. Eso indica que la corrección llega tarde, que su despliegue no es inmediato y que, incluso así, no sustituye completamente el papel de la potencia firme.
La CNMC ha reaccionado abriendo decenas de expedientes sancionadores a múltiples agentes del sistema, incluidas centrales nucleares. Todo apunta a un movimiento que tarta de diluir responsabilidades y desplazar el foco. Muchos de esos expedientes previsiblemente se cerrarán sin consecuencias dentro de meses, cuando el impacto mediático sea inexistente. Aunque yo me encargaré de recordarlo.
El Gobierno adoptó una posición defensiva desde el primer momento. Fue el propio Pedro Sánchez quien afirmó que el apagón no fue culpa de las renovables y que la nuclear no lo evitó, obviando que más del 50% del parque nuclear estaba parado con autorización de Red Eléctrica, y fijando así el marco ideológico del debate desde el inicio. Ese énfasis no responde a una acusación técnica dominante, sino a la necesidad de proteger una política energética concreta de «apostarlo todo al verde».
La responsabilidad no es difusa, recae en quien opera la red, en quien regula y en quien fija las directrices. Red Eléctrica debía garantizar la seguridad de suministro, la CNMC debía establecer tiempo los requisitos técnicos, y el Gobierno es quien define la orientación de la política energética bajo la que se toman esas decisiones tan temerarias.
"El socialismo es una religión política cuyo Dios es el Estado y cuyos sacerdotes son los burócratas... Es una filosofía del fracaso, el credo a la ignorancia y la prédica a la envidia; su virtud inherente es la distribución igualitaria de la miseria"
Winston Churchill
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Elon Musk avait dit un truc qui m'avait marqué sur l'allocation de ressources. En substance : passé un certain niveau de richesse, l'argent n'est plus de la consommation, c'est de l'allocation de capital.
Cette phrase change tout.
L'économie, dans le fond, c'est juste un problème d'allocation. Tu as des ressources finies et des usages infinis. Qui décide où va quoi ?
Imagine une cour de récré. 100 enfants, des paquets de cartes Pokémon distribués au hasard. Tu laisses faire. Très vite, un ordre émerge. Les bons joueurs accumulent les cartes rares, les collectionneurs trient, les négociateurs trouvent des deals. Personne n'a planifié. Et pourtant chaque carte finit dans les mains de celui qui en tire le plus de valeur. Le système maximise le bonheur total de la cour. C'est ça, la main invisible.
Maintenant fais entrer la maîtresse. Elle trouve ça injuste. Léo a 50 cartes, Tom en a 3. Elle confisque, redistribue, impose l'égalité. Trois effets immédiats. Les bons joueurs arrêtent de jouer, à quoi bon. Les mauvais n'ont plus de raison de progresser, ils auront leur part. Les échanges s'effondrent. La cour est égale, et morte. Elle a maximisé l'égalité, elle a détruit le bonheur.
Le problème de la maîtresse, c'est qu'elle ne peut pas avoir l'information que la cour avait collectivement. C'est le problème du calcul économique de Mises, formulé en 1920. L'URSS a essayé de le résoudre pendant 70 ans avec le Gosplan. Résultat : pénuries, queues, effondrement. Pas parce que les Soviétiques étaient bêtes, parce que le problème est mathématiquement insoluble en mode centralisé.
Quand Musk a 200 milliards, il ne les consomme pas, il les alloue. SpaceX, Starlink, Neuralink, xAI. Chaque dollar est un pari sur le futur. Et lui a un track record. PayPal, Tesla, SpaceX. Il a démontré qu'il sait identifier des problèmes immenses et y allouer des ressources avec un rendement spectaculaire.
L'État aussi a un track record. Hôpitaux qui s'effondrent, éducation qui décline, dette qui explose, services publics qui se dégradent malgré des budgets en hausse constante. Le marché identifie les bons allocateurs, la politique identifie les bons communicants.
Le profit n'est pas une finalité, c'est un signal. Il dit : tu as alloué des ressources rares vers un usage que les gens valorisent suffisamment pour payer. Plus le profit est gros, plus la création de valeur est grande. Quand Starlink est rentable, ça veut dire que des millions de gens dans des zones rurales ont enfin internet. Quand un ministère est en déficit, ça veut dire qu'il consomme plus qu'il ne produit. L'un crée, l'autre détruit, et on appelle ça redistribution.
Dans nos sociétés il y a deux catégories d'acteurs. Les entrepreneurs et les bureaucrates. L'entrepreneur prend un risque personnel pour identifier un problème, mobiliser des ressources, créer une solution. S'il se trompe il perd. S'il a raison, ses clients gagnent, ses employés gagnent, ses fournisseurs gagnent, l'État collecte des impôts. Il est la cellule de base du progrès humain.
Le bureaucrate ne prend aucun risque personnel. Son salaire est garanti. Au mieux il maintient une rente existante. Au pire il la détruit par excès de réglementation, mauvaise allocation forcée, incitations perverses qui découragent ceux qui produisent. Mais dans aucun cas il ne crée.
Regarde les 50 dernières années. iPhone, internet civil, SpaceX, Tesla, Google, Amazon, Stripe, mRNA, ChatGPT. Toutes des inventions privées, portées par des entrepreneurs, financées par du capital risque. Pas un seul ministère n'a inventé quoi que ce soit qui ait changé ta vie au quotidien.
La France est devenue le laboratoire mondial de la dérive bureaucratique. 57% du PIB en dépenses publiques, record absolu. Une administration tentaculaire, une fiscalité qui pénalise la création de richesse. Résultat : décrochage face aux États-Unis, à l'Allemagne, à la Suisse. Fuite des cerveaux. Désindustrialisation. Dette qui explose.
Et le pire c'est que la mauvaise allocation s'auto-renforce. Plus l'État prélève, moins les entrepreneurs créent. Moins ils créent, moins il y a de base fiscale. Plus l'État s'endette et taxe. Boucle de rétroaction négative parfaite. La maîtresse pense qu'elle aide, et chaque année la cour produit moins.
Dans nos sociétés, ce sont les entrepreneurs, toujours, qui font avancer la civilisation. Les bureaucrates au mieux maintiennent une rente, au pire la détruisent. Aucune société n'a jamais progressé en taxant ses créateurs pour subventionner ses gestionnaires.
La question n'est jamais qui a combien. C'est qui alloue le mieux la prochaine unité de ressource pour maximiser le futur de l'humanité. La réponse depuis 200 ans n'a jamais changé. Ce ne sont pas les fonctionnaires.
Armengol: “Jamás, jamás en mi vida… con total rotundidad… no lo he hecho nunca”.
Mintió en el Supremo…
Mintió en el Congreso…
Mintió en el Senado…
La tercera autoridad del Estado es miembro de la trama Koldo.