🎞️✂️ Me encuentro editando y sincronizando #DragonBallZKai para "intentar" reducir la censura y añadir elementos visuales según lo permita el audio. Sale (quizá) hilo con lo que vaya encontrando, y partiré con esta curiosidad:
"Raditz pisa a Goku"
• En grande: versión sin cortes (que edito para tratar de reducir la censura)
• En miniatura: versión Nicktoons/censurada.
#DBZKai #Anime #Edit
⏬ Continuará (espero xd)
LES AHORRO EL CLICK:
- Eduardo Cretton, UDI
- Cristian Araya, PRCh
- Claudia Mora, RN
- Luis Pardo, RN
- Sara Concha, Partido Social Cristiano.
- Guillermo Ramírez, UDI
- Ximena Ossandón, RN
- Hotuiti Teao, Evopoli
- Leandro Kunstmann, PRCh
TODOS DE DERECHA, TODOS ZÁNGANOS!!
EL PEOR CONGRESO DE LA HISTORIA
Vivir en un país donde la mal llamada clase política se opone a levantar el secreto bancario para perseguir el crimen organizado es repugnante. Es triste. Es desesperanzador.
Ninguna nación cuyos legisladores votan en contra de aquello que juraron proteger, en contra de herramientas destinadas a resguardar a la ciudadanía, puede aspirar seriamente al desarrollo. No porque le falten recursos, talento o capacidades, sino porque le sobra una élite política incapaz de distinguir entre el interés público y la protección de privilegios.
Somos rehenes de una tropa de mercaderes del poder a quienes les pagamos el sueldo. Un grupo de personajes que, cómodamente instalados en dietas financiadas por los contribuyentes, se permite cerrar la puerta a la probidad mientras pronuncia discursos inflamados sobre seguridad. Predican transparencia desde atriles cuidadosamente ubicados frente a muros opacos. Hablan de combatir al crimen mientras se aseguran de que algunas ventanas permanezcan cerradas.
Lo más indignante no es siquiera la decisión. Es la obscena contradicción.
Durante años nos han bombardeado con discursos sobre narcotráfico, delincuencia, terrorismo, crimen organizado y recuperación del orden. Han llenado conferencias, campañas y programas de televisión prometiendo mano firme. Han convertido el miedo en estrategia electoral y la inseguridad en combustible político. Sin embargo, cuando llega el momento de perseguir el dinero que alimenta a las organizaciones criminales, descubren súbitamente una pasión casi poética por la privacidad bancaria.
Qué curiosa coincidencia.
Porque todo investigador sabe que seguir el dinero es seguir el delito. Las mafias no se financian con discursos ni esconden sus ganancias debajo del colchón. Se mueven a través de redes financieras, sociedades, cuentas y mecanismos de lavado. Quien dificulta el seguimiento del dinero no está golpeando al crimen; está debilitando las herramientas para combatirlo.
Y allí aparecen ellos, solemnes, engolados, revestidos de una dignidad que desaparece justo cuando la transparencia toca la puerta. Custodios de un secreto que parece despertar más entusiasmo que la protección de los ciudadanos. Centinelas de una opacidad que defienden con un fervor que rara vez exhiben para defender la educación, la salud o las pensiones.
Después se preguntan por qué la política está desprestigiada.
La respuesta es simple: porque demasiados políticos se han convertido en expertos en exigir confianza mientras fabrican desconfianza. Pretenden respeto mientras degradan las instituciones. Exigen credibilidad mientras dinamitan los puentes que la sostienen.
Han olvidado algo fundamental: la confianza pública no es un derecho adquirido. Es un patrimonio moral que se construye lentamente y puede destruirse en una sola votación.
Lo ocurrido no es sólo una discusión técnica. Es una definición ética. Es la fotografía de una clase dirigente que parece comprender perfectamente la gravedad del crimen organizado, pero que al mismo tiempo se resiste a entregar todas las herramientas necesarias para enfrentarlo. Una clase política que habla como acusadora y vota como defensora. Que promete luz mientras protege rincones oscuros.
Y así, una vez más, los ciudadanos contemplan el espectáculo de una élite que se proclama guardiana de la República mientras actúa como guardiana del secreto.
Porque cuando la transparencia incomoda más que el crimen, cuando la opacidad concita más entusiasmo que la probidad y cuando los representantes parecen más preocupados de proteger sombras que de disiparlas, el problema ya no está en los delincuentes. El problema está sentado en el Congreso.
@MisColumnas
Pero no era que iban a reducir el gasto en US$6.000 millones? Ahora resulta que lo van a aumentar para financiar la reducción de impuesto a los más ricos.
Estafa total.
@Ardefisty Pasa con algunas marcas ahora. Salté de Xiaomi a iPhone el año pasado, y ese teléfono solo viene con el cable tipo C a C. Me salvó el cargador del Xiaomi al principio, que en una de las puntas era tipo C (foto de referencia). Es un cacho eso de que se ahorren el cargador ahora
A propósito del secreto bancario, no faltan los que dicen “el narco no lava las platas en los bancos”.
La realidad es que en los casos de lavado de activos en más de un 50% de los casos se utilizan los bancos para hacerlo de acuerdo a las estadísticas de la UAF.
Dato mata relato.
LA FALACIA IRLANDESA
Cuando el PIB deja de medir prosperidad.
Cada cierto tiempo reaparece en el debate económico el llamado “milagro irlandés”. Sus defensores sostienen que Irlanda demostró cómo una combinación de bajos impuestos corporativos, apertura económica y atracción de inversión extranjera puede transformar un país en una potencia económica. Las cifras parecen respaldarlo: durante décadas registró algunos de los mayores crecimientos del PIB del mundo y alcanzó niveles de ingreso per cápita entre los más altos del planeta.
Sin embargo, detrás de esa narrativa existe una trampa conceptual que suele inducir a errores de diagnóstico y a malas políticas públicas. La trampa consiste en confundir crecimiento estadístico con prosperidad efectiva.
El PIB es una herramienta útil para medir actividad económica, pero posee limitaciones conocidas. Entre ellas, no siempre distingue adecuadamente entre riqueza que beneficia a los habitantes de un país y riqueza que simplemente se registra contablemente dentro de sus fronteras.
Irlanda constituye uno de los ejemplos más notorios de este fenómeno.
Desde la década de 1990 desarrolló una exitosa estrategia para atraer multinacionales, especialmente tecnológicas y farmacéuticas estadounidenses. Su baja tributación corporativa, su pertenencia a la Unión Europea, el idioma inglés y su estabilidad institucional la transformaron en una plataforma privilegiada para operaciones internacionales.
El problema apareció cuando muchas de estas compañías comenzaron a trasladar a Irlanda activos intangibles, derechos de propiedad intelectual y utilidades generadas en otros mercados. Como consecuencia, enormes volúmenes de riqueza empezaron a contabilizarse en el país sin corresponder necesariamente a actividad económica desarrollada allí.
El resultado fue una significativa —inflación estadística— del PIB.
La situación alcanzó niveles tan llamativos que en 2015 la economía irlandesa reportó un crecimiento anual de 26,3%. No ocurrió una revolución productiva equivalente. Gran parte del fenómeno respondió a movimientos contables asociados a multinacionales. El economista Paul Krugman bautizó el episodio como “Leprechaun Economics”, una referencia irónica a los duendes de la tradición irlandesa.
Lo más revelador es que las propias autoridades del país terminaron reconociendo las limitaciones del indicador. Irlanda comenzó a utilizar métricas alternativas, entre ellas el Ingreso Nacional Bruto Modificado, porque el PIB había dejado de reflejar con precisión la realidad económica doméstica.
En otras palabras, el principal indicador utilizado para exhibir el éxito irlandés resultaba insuficiente incluso para quienes administraban esa economía.
La lección es especialmente relevante para América Latina. Con frecuencia se argumenta que basta con replicar la política tributaria irlandesa para obtener resultados similares. Se omite que Irlanda posee condiciones excepcionales: acceso pleno al mercado europeo, integración financiera avanzada, una posición estratégica para empresas estadounidenses y décadas de construcción institucional orientadas a captar inversión global.
Pero incluso suponiendo que dichas condiciones fueran replicables, permanece una pregunta fundamental: ¿qué queremos maximizar?
Si el objetivo es aumentar una cifra estadística, el PIB puede ser una referencia suficiente. Si el objetivo es mejorar salarios, productividad, innovación, calidad de vida y movilidad social, el análisis debe ser mucho más amplio.
El caso irlandés recuerda una verdad incómoda: no todo crecimiento es equivalente y no toda riqueza registrada beneficia necesariamente a quienes viven donde esa riqueza se contabiliza.
Por eso resulta incorrecto utilizar a Irlanda como argumento concluyente en cualquier debate económico. Más que una prueba universal de éxito, representa una advertencia sobre los riesgos de interpretar indicadores sin comprender los mecanismos que los generan.
@MisColumnas
EPIFANíA
No tengo pruebas pero tampoco dudas.
El gobierno quiere bajar los impuestos a las grandes corporaciones por 25 años, pero en el supuesto que no logre su objetivo quiere endeudar al país en más de 6.000 millones de dólares, de ese modo podemos estar seguros que ese dinero irá a parar a los mismos que busca beneficiar, en préstamos blandos de bajos intereses y en otros beneficios. Préstamo que terminará pagando la ciudadanía. Lo hicieron en los 80’s, porque no lo harían hoy.
Luego irán por algunas privatizaciones…y buscarán hacer crecer el brazo privado.
Al parecer, a toda costa deben devolver los favores gracias a los cuales llegaron al poder. Los medios y las grandes empresas apostaron y le impusieron a Quiroz, ahora le toca a Kast devolver el favor.
Esta historia es conocida, pero la memoria es frágil.