me dan una risa los hombres con su “te iba a comprar flores” “pensé en traerte esto” “me gustaría que fuéramos para…” y nunca concretan nada, nunca te dan nada, nunca hacen nada. Si no vas a hacer algo no lo digas y ya, que flojera esa palabrería todo el tiempo.
me pesa el corazón cuando no me siento querida de la forma que sé que merezco y me alejo porque la distancia salva, resguarda, no me gustan las dudas, ni la intermitencia, ni la fachada de una exclusividad inexistente. Me gusta que te decidas, me elijas y quieras querer(me) bien.
se siente bien cuando el otro no se defiende ante tu enojo, es decir, no lo invalida. Lo escucha, y así como lo escucha, aprende una nueva forma de tratarte. Por eso es tan importante comunicar la causa de nuestro enojo.