4 años de gestión
799.686 kg de marihuana incautada
32.704 kg de cocaína
625.099 pastillas
102.233 detenidos por narcotráfico
2575 búnkeres derribados
Se pudo
Lo más grave de Ceuta es que le hemos confirmado a Marruecos algo que ya sospechaba:
1. No somos capaces de impermeabilizar nuestra frontera.
2. No tenemos capacidad de reacción ante una avalancha.
3. Nunca emplearemos la fuerza para frenar una invasión.
Ceuta y Melilla: RIP ⌛️
In Rome’s Jewish Ghetto, Pasticceria Boccione is famed for its ricotta cheesecake. Under a 1775 papal edict barring Jews from selling dairy, bakers charred the crust so it looked burnt and plain hiding the cheese within.
✍️Martin @martinvars
El mismo relato que apuntó a los judíos en España en su època hoy ataca al catolicismo
Soy judío. Y conozco de primera mano lo que significa desaparecer de un lugar. Pero antes de contarte cómo desaparece un pueblo, necesito contarte algo que siempre ocurre antes. Algo que la historia judía conoce con una precisión dolorosa: una sociedad no expulsa primero a una cultura. Primero la convierte en culpable.
Antes de 1492, los judíos éramos entre el 15 y el 20% de la población de las grandes ciudades españolas. Toledo, Sevilla, Córdoba, Granada, Barcelona. Barrios densos, vivos, con sinagogas, escuelas, mercados, médicos, poetas, filósofos. España era el centro del mundo judío. Aquí vivió Maimónides. Aquí floreció durante siglos una de las civilizaciones intelectuales más extraordinarias de la historia.
El decreto de expulsión de 1492 no llegó de la nada. Lo que llegó primero fue el relato. Durante décadas se construyó cuidadosamente una narrativa: que los judíos éramos una influencia corruptora, que nuestra presencia explicaba los males de la sociedad, que nuestra contribución no era contribución sino amenaza. Primero vino el ataque a nuestra dignidad, a nuestro valor, a nuestra historia. Luego vino la expulsión. Siempre es así. Nunca al revés.
Hoy somos unos 40.000 judíos en un país de 50 millones. Menos de uno de cada mil españoles. Pasamos de ser uno de cada cinco habitantes en las grandes ciudades españolas a ser prácticamente invisibles. Y sin embargo, los barrios siguen ahí. Toledo tiene su Judería. Córdoba tiene su Judería. Sevilla, Girona, Segovia, Cáceres. Barrios enteros que llevan el nombre de quienes los construyeron y los habitaron durante siglos. Pero no hay judíos. Solo el nombre, como una lápida topográfica. La Judería existe. Los judíos, no.
Eso es lo que significa desaparecer de verdad. No que te maten a todos en un día. Que un mundo entero se borre tan completamente que lo único que queda es el recuerdo fosilizado en el nombre de una calle.
Cuento esto porque hoy, cuando hablo con españoles que no reconocen el barrio donde crecieron, no reconozco el decreto. No reconozco la expulsión. Reconozco la fase anterior. Reconozco el relato.
En el espacio intelectual y político español se está construyendo, con una precisión llamativa, un relato sobre la cultura española, la historia española, la identidad cristiana española, que tiene una arquitectura muy familiar para cualquier judío que conozca su propia historia. No llegó de golpe. Llegó como siempre llegan estos relatos, por acumulación, por repetición, por la colonización paciente de universidades, medios, ministerios y libros de texto. Su contenido es simple: la civilización española es esencialmente predadora. Su historia no es historia sino inventario de crímenes. La Iglesia Católica, que durante quince siglos fue el útero cultural de este país, de su arte, su filosofía, sus hospitales, sus universidades, su música, su arquitectura, es presentada hoy como sinónimo de ignorancia y represión. El Cristianismo se identifica con el franquismo hasta hacerlos indistinguibles, de modo que defender la herencia de quince siglos de civilización queda automáticamente sospechoso. Y el español que siente orgullo legítimo de esa herencia es, en el mejor caso, un nostálgico que no ha entendido nada. En el peor, un cómplice.
Una vez establecido ese relato, la desaparición de esa cultura del espacio público no se presenta como pérdida. Se presenta como justicia.
Y luego está la palabra que lo resume todo. Genocidio. La misma izquierda que llama genocidio a la guerra de Israel en Gaza llama genocidio a la conquista española de América. Es la misma acusación, el mismo tono moral absoluto, la misma negativa a contextualizar históricamente, y en los dos casos el acusado es idéntico: la civilización judeocristiana occidental. España genocida. Israel genocida. El Cristianismo genocida. El judaísmo genocida. El patrón es demasiado consistente para ser casualidad.
Pero los números no mienten, y los números son los que destruyen este relato con una brutalidad que ningún argumento ideológico puede igualar.
En 1948, cuando se fundó el Estado de Israel, la población árabe del Mandato Británico era de aproximadamente 1,2 millones de personas. Hoy los palestinos y árabes de la región suman más de 7 millones: más de 2 millones como ciudadanos plenos de Israel, casi 2 millones en Gaza y más de 3 millones en Cisjordania. Pasar de 1,2 millones a 7 millones en setenta y cinco años no es genocidio. Es exactamente lo contrario de un genocidio. Es una de las explosiones demográficas más notables del siglo veinte.
Compáralo con lo que ocurrió con los judíos europeos, que sí sufrieron lo que la palabra significa. En 1933 había aproximadamente 9 millones de judíos en Europa. Hoy quedan menos de un millón, y la mayoría vive con miedo creciente, con guardaespaldas en las sinagogas y camuflando su identidad en las calles. La diferencia entre esos 9 millones y el millón que queda no se explica solo por el Holocausto, que mató a 6 millones. El resto desapareció por la misma razón por la que desaparecemos siempre: porque cuando una sociedad decide que tu presencia es el problema, la gente sensata hace las maletas. Se fue a América. Se fue a Israel. Se fue a cualquier lugar donde no tuviera que justificar su existencia cada mañana. Eso sí tiene el nombre correcto. Y la izquierda que tan cómodamente maneja esa palabra nunca la pronuncia mirando en esa dirección.
Lo que hace que este doble uso de la palabra genocidio no sea solo deshonestidad intelectual sino algo más oscuro es precisamente eso: la selectividad perfecta. Genocidio para Israel, que multiplicó por seis la población de sus supuestas víctimas. Genocidio para España, cuya civilización fundó en América universidades, hospitales y sistemas legales de protección indígena antes de que existiera el concepto moderno de derechos humanos. Pero nunca genocidio para los que sí exterminaron judíos. Nunca genocidio para los que hoy en varios países islámicos penalizan con la muerte la apostasía. La palabra tiene un filo que solo corta en una dirección.
Y nadie encarna este relato con más descaro que el actual presidente del Gobierno de España. Pedro Sánchez reconoció a Palestina en mayo de 2024 mientras Israel combatía a Hamás, la organización que el 7 de octubre de 2023 perpetró el peor pogrom desde el Holocausto. Llamó públicamente genocidio a una guerra en la que Israel avisa antes de bombardear edificios, algo que ningún ejército en la historia ha hecho de manera sistemática. Negó a Estados Unidos el uso de bases militares españolas para operaciones contra Irán, poniéndose así del lado del régimen que financia a quienes han prometido la destrucción del único Estado judío del mundo. El ministro de Exteriores israelí lo llamó antisemita. Netanyahu evocó la Inquisición española. No son exageraciones retóricas.
El episodio más revelador fue la Vuelta Ciclista a España de 2025. El equipo Israel-Premier Tech, una entidad privada con un solo ciclista israelí en su plantilla, fue objeto de protestas, agresiones e interrupciones durante tres semanas. Los corredores pedaleaban con miedo. La mañana de la última etapa, Sánchez declaró en un mitin que sentía orgullo por las manifestaciones y admiración al pueblo español que se movilizaba por Palestina. Horas después, cientos de manifestantes derribaron las vallas en Madrid, la etapa fue cancelada, el ganador recibió su trofeo sin ceremonia, y el equipo israelí tuvo que ser escoltado por la policía. El equipo cambió después su nombre para, en sus propias palabras, alejarse de su identidad israelí. Una victoria del odio, celebrada desde la Moncloa.
Todo esto ocurre mientras esa misma izquierda presenta el Islam como una religión perseguida que merece protección especial. Y aquí el misterio se hace más denso, porque requiere una memoria histórica que la izquierda española ha decidido abandonar selectivamente.
Los judíos llevamos más de tres mil años en la tierra de Israel. El rey Salomón construyó el Primer Templo en Jerusalén en el siglo X antes de Cristo. Los Rollos del Mar Muerto, escritos en hebreo entre los siglos III antes de Cristo y I después de Cristo, son el testimonio arqueológico de una civilización que habitaba esa tierra mil años antes de que existiera el Islam. En el año 637 después de Cristo, las fuerzas del Califato árabe conquistaron Jerusalén, expulsando o sometiendo a sus habitantes históricos. Eso es colonización por cualquier definición honesta. Y en 1948, después de dos mil años de dispersión, el pueblo judío hizo lo que España hizo en 1492: reconquistó su tierra después de siglos de ocupación.
España fue colonizada por el Islam en el año 711 cuando las fuerzas musulmanas cruzaron el estrecho de Gibraltar y sometieron en pocos años a la población cristiana que habitaba la península. Durante casi ocho siglos, esa población resistió, luchó y finalmente en 1492 completó la Reconquista, recuperando su tierra y su identidad. España e Israel son los únicos dos pueblos en la historia moderna que lograron reconquistar su tierra después de siglos de colonización musulmana. Las fechas son distintas, los siglos son distintos, pero el proceso es idéntico: un pueblo sometido que no renunció a su identidad y que finalmente recuperó lo suyo.
España debería entender esto mejor que nadie. Debería sentir una empatía instintiva y profunda hacia el pueblo judío que hizo exactamente lo que España hizo. Y sin embargo tiene un gobierno que llama genocida a Israel, que ampara a quienes boicotean a sus deportistas, que se alinea con Irán, el país que financia a quienes quieren destruir al pueblo judío. La ironía histórica es tan densa que casi resulta incomprensible. Casi.
Porque la incoherencia desaparece en cuanto entiendes el relato. El relato no necesita coherencia histórica. Necesita un culpable. Y el culpable siempre es el mismo: Occidente, el Cristianismo, España, el judaísmo, Europa cristiana. Todo lo que pueda etiquetarse como civilización judeocristiana merece deconstrucción. Todo lo que pueda oponérsele merece protección. La Alhambra es símbolo de tolerancia universal. La catedral de Córdoba, construida sobre una mezquita que a su vez fue construida sobre una iglesia visigoda, es símbolo de opresión cristiana. El Al-Ándalus que colonizó a los españoles y expulsó a sus judíos aparece en los libros de texto progresistas como un modelo de convivencia que el Occidente moderno debería envidiar.
Esta asimetría es tan perfecta, tan consistente, tan universal en todo Occidente, que ya no parece accidental. Tiene la forma de una decisión. Da igual que el opresor de ayer sea el protegido de hoy. El relato tiene su propia lógica, y la coherencia histórica no forma parte de ella.
Y mientras el relato avanza en las universidades y los ministerios, avanza también en las calles. Lavapiés, el Raval, Russafa, Tetuán, Salt, Villaverde. Barrios que cualquier español reconoce y que en una generación han cambiado su fisonomía de manera radical. Cuando una comunidad se descubre minoría en su propio barrio, no suele quedarse a debatirlo. Simplemente se siente triste, afligida, derrotada. Y se va. Del barrio, de la ciudad, de la conversación pública. Igual que nos fuimos nosotros. Primero pierdes la legitimidad simbólica. Luego pierdes el barrio. El orden importa y siempre es el mismo.
Los españoles cristianos están empezando a vivir una fase que a cualquier judío le resulta inquietantemente familiar. Su historia reescrita como crimen. Su Iglesia identificada con el franquismo mientras se guarda silencio reverencial ante otras religiones. Sus barrios transformados en una generación. Y señalarlo, más peligroso socialmente que callarlo.
El Cristianismo es la cuna de la civilización española y de su proyección en Hispanoamérica. Es la fuente de la que bebieron la democracia, la dignidad humana, el arte del Siglo de Oro, la filosofía que hizo grande a Europa. Identificarlo únicamente con los errores de un régimen de cuarenta años, usando esa sombra para borrar quince siglos de civilización, es una falsificación histórica al servicio de un proyecto político. Nadie aceptaría que se redujera la cultura hebrea a cualquier controversia del Estado de Israel. Pero con el Cristianismo español funciona perfectamente, porque ya nadie se atreve a defenderlo.
Una sociedad no expulsa primero a una cultura. Primero la convierte en culpable. Luego la hace desaparecer del espacio público. Luego, cuando ya no queda nadie que recuerde cómo era antes, le pone su nombre a la calle para que los turistas saquen fotos.
Las juderías españolas llevan el nombre de quienes ya no están. Me pregunto cómo llamarán dentro de cien años a los barrios que hoy son irreconocibles para quienes los construyeron. Y me pregunto también si alguien, entonces, dirá que no lo vio venir.
Nosotros lo estamos viendo. Y esta vez, al menos, nadie podrá decir que no avisamos.
🚨🇮🇱🇪🇸 | El director de La Derecha Diario, Javier Negre, destruyó al corrupto Pedro Sánchez: "El presidente que más ataca a la religión católica inventándose otro bulo más contra Israel. Cerraron los templos ante el inminente riesgo de bombardeos".
Esta semana, las redes y los satélites van locos analizando imágenes de bases iraníes. Dicen que han pintado helicópteros y aviones en el suelo y usado lanzamisiles falsos para que los misiles estadounidenses e israelíes revienten objetivos de cartón piedra en lugar de los reales.
Suena a táctica moderna para engañar a la IA y a los satélites, pero la realidad es que ese tipo de engaño visual es viejísimo. El mayor caso de troleo militar a escala industrial ocurrió hace 80 años en la Segunda Guerra Mundial. 🧵👇
El USS Gerald R. Ford no está estacionado cerca de Irán. Está estacionado frente a Israel. Y nadie se pregunta lo único que importa: por qué.
La joya de la corona de la Marina de los Estados Unidos, valorada en 13 300 millones de dólares, el buque de guerra más grande jamás construido, acaba de posicionarse frente a Haifa. No en el mar Arábigo, donde el Lincoln se encuentra a 850 kilómetros de las costas iraníes, cargado para operaciones ofensivas. No en el Golfo, donde el alcance de ataque es óptimo. Frente a Israel. Defendiendo a Israel.
No se trata de redundancia. Se trata de arquitectura.
Dos portaaviones. Dos misiones. Dos funciones estratégicas completamente diferentes. El Lincoln es la espada, posicionado para lanzar paquetes de ataque al espacio aéreo iraní en cuestión de horas tras recibir la orden. El Ford es el escudo, con sus sistemas de defensa antimisiles Aegis creando un paraguas sobre los centros de población israelíes contra la represalia que sigue al primer Tomahawk.
Estados Unidos acaba de dividir su doctrina de portaaviones en ofensiva y defensiva simultáneamente. Eso no había ocurrido desde el teatro del Pacífico en 1945.
Pero el posicionamiento revela algo más profundo que la táctica. Cuando Irán tome represalias, y todos los juegos de guerra dicen que Irán tomará represalias, sus misiles y drones volarán hacia Israel. Volarán a través del mismo espacio aéreo donde ahora está estacionado un grupo de ataque de portaaviones estadounidenses. Todos los misiles iraníes dirigidos a Tel Aviv o Haifa deben atravesar la envolvente defensiva del Ford. Disparar contra Israel significa disparar contra, alrededor y a través de un grupo de portaaviones estadounidenses.
Irán no puede tomar represalias contra Israel sin enfrentarse a los activos navales estadounidenses. La posición del Ford lo hace físicamente imposible. El portaaviones no defiende a Israel como un favor. Está posicionado de manera que cualquier respuesta iraní a los ataques estadounidenses se convierta automáticamente en un ataque contra las fuerzas estadounidenses, lo que desencadena todo el peso de la respuesta militar estadounidense sin necesidad de una sola decisión política adicional.
Se trata de un seguro contra la escalada escrito en acero y agua de mar. Si la campaña se prolonga más de lo previsto, si las municiones se agotan en 7 o 10 días, si los aliados dudan, la posición del Ford garantiza que la represalia iraní haga el trabajo político que Washington no puede hacer por sí solo: transforma un ataque estadounidense limitado en un acto de autodefensa que ningún aliado puede negarse a apoyar.
No se estaciona un portaaviones de 13 300 millones de dólares donde el fuego enemigo lo alcanzará, a menos que se quiera que el fuego enemigo lo alcance.
El Ford no está allí para evitar la escalada. El Ford está allí para garantizar que, si se produce una escalada, sea en términos que hagan políticamente imposible la moderación estadounidense y políticamente inevitable la participación de los aliados.
¿Alguien se acuerda del proyecto SETI@Home, un soft que instalabas en tu PC para usar el tiempo muerto de tu CPU para ayudar a analizar señales del espacio en búsqueda de vida extraterrestre?
Luego de dos décadas, analizaron los resultados y llegaron a 100 orígenes que vale la pena mirar con detalle y lo harán con el telescopio chino FAST.
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1️⃣ Por un tuit perdido me entero de que se ha clausurado la Conferencia de Seguridad de Munich, un foro internacional de geopolítica y defensa que se celebra anualmente desde 1963.
2️⃣ Voy al sitio web y, como el año pasado, descargo el informe completo de la Conferencia¹. Es un PDF de 122 páginas.
3️⃣ Se lo enjareto a ChatGPT Pro y le digo —de viva voz, mientras como— «hey, aquí va un informe del que te voy a hacer algunas preguntas».
Y así paso una amena hora, dictando preguntas como lo haría a un experto, leyendo respuestas y aprendiendo de un asunto de complejidad fractal a través de una fuente primaria que una IA hace asequible al diálogo.
Si me informara por los medios de comunicación generalistas, probablemente me quedaría con el relato oficial: «Putin es un dictador», «sueña con reconstruir la URSS», «los oligarcas sostienen el régimen», «autocracias contra democracias»… Explicaciones simples a problemas complejos. Pero yo no busco recetas; busco entender.
«Hablando» con el informe de Munich, en cambio, he adquirido una visión más racional de los poliédricos equilibrios y las complejas dinámicas de la seguridad global:
El informe habla de la instrumentalización de los flujos migratorios, de Kaliningrado como elemento desestabilizador, de la tensión como elemento legitimador del orden político doméstico ruso, de la redefinición de los países bálticos y Polonia, de la vulnerabilidad que supone para España —y el sur de Europa— el desmantelamiento del orden internacional basado en reglas contentivas y cooperación y, sobre todo, del choque de cosmovisiones entre Occidente y Oriente, que no resolverá ningún cambio de liderazgo porque tiene un anclaje estructural, histórico y sociológico.
¿Cómo va a competir el periodismo con esto, si los diarios digitales están infestados de clickbait, publi, cookies de seguimiento, columnistas proselitistas, zascas, noticias-basura y articulistas proyectando sus propias pasiones y neuras? Qué mala relación señal-ruido.
Soy de los que piensan que el periodismo —no este, sino otro que no acabo de ver amanecer— es necesario.
Pero, ¿qué espacio le queda al periodismo cuando puedo, literalmente, extraer de un informe técnico todo el conocimiento que necesito… y hacerlo hablando, mientras hiendo la cuchara en el postre!?
Y, en el proceso, despojándolo del sesgo interpretativo de periódicos y periodistas.
Pasopalabra a mi amigo periodista @TeoPenarroja, a quien aprecio mucho. Y, muy cordialmente, a @CarlosBarraganT e @InmaGomezLobo, pues también me interesa su opinión (si quieren darla).
Y a todo el que pueda aportar constructivamente a este debate, que es otro de los debates que definen el signo de los tiempos que nos toca vivir.
___
¹ https://t.co/UnqmSug77S
Este es Mickey, Mickey y su familia del Kibutz Nahal Oz se despertaron con fuertes disparos en la mañana del 7 de octubre.
Cuando recibieron la advertencia de que terroristas habían entrado al kibutz, Mickey amartilló su arma y comenzó a defender a su familia que estaba escondida en la habitación protegida.
Los terroristas de Hamás intentaron entrar por las ventanas, pero Mickey les disparó y los ahuyentó.
Después de que regresaron con un cohete RPG y volaron la puerta principal, unos 12 terroristas entraron en su casa.
Mickey se quedó solo frente a todos, escondido detrás de un muro de concreto y librando una tenaz lucha durante aproximadamente una hora y media, eliminando a cada terrorista que se acercaba.
En un momento dado, le lanzaron una granada aturdidora y le obligaron a encerrarse en la habitación protegida junto a su esposa y su hija.
Los terroristas intentaron sacarlo, pero cuando lograron abrir la puerta, disparó una ráfaga y mató al terrorista y el resto huyó.
Sólo horas después llegaron las fuerzas de las FDI para rescatarlos.
Miki salvó a su familia con su cuerpo y emergió de ese día como un HÉROE.
Vía @EliAfriatISR
🇵🇸 Nayib Bukele: “Como salvadoreño con ascendencia palestina, estoy seguro de que lo mejor que le podría pasar al pueblo palestino es que Hamás DESAPAREZCA por completo.
Esas bestias salvajes no representan a los palestinos. Cualquiera que apoye la causa palestina cometería un gran error al ponerse del lado de esos criminales.
Sería como si los salvadoreños nos hubiéramos puesto del lado de los terroristas de la MS13, sólo porque compartimos ancestros o nacionalidad.
Lo mejor que nos pasó como nación fue deshacernos de esos violadores y asesinos y dejar que la gente buena prosperara.
Los palestinos deberían hacer lo mismo: deshacerse de esos animales y dejar que la gente buena prospere.
Se ha generado mucho revuelo en mi perfil de IG con este efecto óptico (el efecto Munker-White), ahí que voy a explicarlo por aquí con imágenes que podáis ampliar, vídeos que podáis parar, etc. y espero que así nadie crea que os estoy engañando 😅 #Hilo va 👇🏼
Sí, puedo responder basado en datos verificados. Aquí va la lista breve de 20 organizaciones terroristas religiosas grandes por influencia/ataques:
1. Estado Islámico (ISIS) - Islam
2. Al-Qaeda - Islam
3. Talibán - Islam
4. Boko Haram - Islam
5. Al-Shabaab - Islam
6. Hamás - Islam
7. Hezbolá - Islam
8. Lashkar-e-Taiba - Islam
9. Tehrik-i-Taliban Pakistán - Islam
10. Jaish-e-Mohammed - Islam
11. Hutíes (Ansar Allah) - Islam
12. Abu Sayyaf - Islam
13. Yihad Islámica Palestina - Islam
14. Jemaah Islamiyah - Islam
15. Movimiento Islámico de Uzbekistán - Islam
16. Ejército de Resistencia del Señor - Cristianismo
17. Ejército de Dios - Cristianismo
18. Kach - Judaísmo
19. Babbar Khalsa - Sijismo
20. Aum Shinrikyo - Movimiento religioso (budista influido)
Uno creería que lo que está pasando en Irán sería el sueño húmedo de la izquierda: Una revolución del pueblo, liderada por mujeres, contra una dictadura extremadamente conservadora y religiosa. Sin embargo, quienes dan visibilidad al alzamiento son los "extremistas de derecha".