Yo solo quiero ser herramienta de cambio y construcción, no tengo interés de ser protagonista, no tengo interés en ganar luchas de poder que roban mi paz.
Me desperté con el corazón roto, soñando que mi mamá hablaba fluidamente. Luego de repetir "nosotros vamos" (es una ecolalia que tiene ahora) comienza a decir muchas otras cosas más, solo podía preguntarle: ¿te das cuenta de lo que haces, mamita? Estás hablando!
En Montería por ejemplo acabamos de vivir una emergencia por inundaciones que deja más de 5.000 familias afectadas. Madres que perdieron camas, neveras, ropa, medicamentos, utensilios básicos. Gente que literalmente se quedó con lo puesto.
Y desde un escritorio en Bogotá se frena un aumento que para muchos significaba 200 o 300 mil pesos más al mes.
Algunos dirán que no es la mayoría.
Pero para una madre que hoy perdió todo, 300 mil pesos no son una cifra técnica:
Son un sanitario nuevo.
Son una estufa pequeña para volver a cocinar.
Son mercado para varias semanas.
Son medicamentos.
Son colchones para que sus hijos no duerman en el piso.
Son herramientas para empezar de nuevo.
En medio de una catástrofe, ese dinero no es populismo. Es dignidad inmediata.
Podemos discutir la fórmula, la concertación, los impactos fiscales. Yo mismo he dicho que hay que bajar impuestos y reducir la burocracia del Estado.
Pero lo que no puede faltar es sensibilidad.
Porque cuando más de 5.000 familias están sacando barro de sus casas, quitarles 300 mil pesos mensuales a quienes sí alcanzan a ganarse un mínimo no es solo una decisión jurídica. Se siente injusta. Se siente inhumana.
Por favor, reconsideren lo que sea necesario para que esto no termine castigando a quienes hoy más lo necesitan.
Cuando una mujer está con su madre, se vuelve una niña. Pero cuando la pierde, no le queda más que ser una mujer: no hay espacio para volver a ser niña.