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Os he contado lo que está pasando en China. Todas estas experiencias se viven en Shanghái, una ciudad de 20 millones de habitantes en la que ha habido 342 casos y solo 3 muertos. Repito que en Madrid aún estamos en pañales, y con el doble de casos.
Mientras tanto, en España, la vicepresidenta Nadia Calviño decía el pasado 4 de marzo que prevé impactos “poco significativos” en la economía por coronavirus.
El trastorno económico para China está siendo brutal. El output industrial en febrero se desplomó a la mitad y los perjuicios para el sector de los servicios fueron aún peores. Se estiman unas pérdidas de $196 mil millones de dólares. https://t.co/vmitqSqkM2
Imaginaos que pedís un Big Mac y, cuando te llega a casa, un papelito te indica el nombre del cocinero y te asegura que su temperatura está por debajo de los 37,3 grados. (Fuente: @elgatochino)
El nivel de control es tal que en los ascensores han colocado unas marcas en el suelo que indican el lugar en donde te tienes que situar para evitar acercamientos indeseados.
Cerca de mi casa hay un parque con un carril bici. Para acceder, te bajan de la bici y te toman la temperatura. Si das más de 37.3, un policía reporta tu situación, código rojo y para casa a hacer dos semanas de cuarentena.
En cualquier acceso, ya sea a un lugar público o cerrado, te toman la temperatura. En el metro, en las oficinas (obligatorio a las 10am y a las 3pm), para entrar al edificio en el que vives, en los pocos restaurantes que están abiertos.
Ni que decir tiene que todos los lugares de ocio siguen también cerrados. Los cines, las discotecas, los polideportivos municipales, los gimnasios privados, los parques infantiles… La gente va de casa a la oficina y de la oficina a casa. No hay más.
La mayoría de restaurantes han estado cerrados prácticamente dos meses. A los que han abierto, una ordenanza municipal los ha obligado a reducir el número de mesas para aumentar la separación entre los comensales.
Muchos edificios de oficinas no utilizan la calefacción por miedo a que el virus se propague por los conductos del aire. La gente trabaja con el plumas puesto (y, por supuesto, con la mascarilla, ¡obligatoria!).
Aunque no está prohibido, la gente no viaja fuera de sus ciudades porque es probable que al volver tengan que guardar cuarentena. En las urbanizaciones solo dejan entrar a los residentes; en los lugares de trabajo solo a los empleados. Prohibidas las visitas.
Hace dos semanas, un vecino de mi urbanización llegó a Shanghái en un vuelo en el que se detectó un caso. La policía fue a buscarlo al día siguiente a casa y se lo llevó a pasar la cuarentena a un hospital/hotel. No es un sistema infalible, pero es rápido y bastante eficaz.
Te piden escanear ese QR en tu lugar de trabajo, en las urbanizaciones donde vives, en muchos restaurantes, etc. Así, si un vecino o un compañero de trabajo es ingresado por el virus, tu código saldrá rojo, te negarán el acceso y te mandarán a casa a hacer cuarentena.
Este sistema cruza datos del Ministerio de Sanidad, del de Transporte y de la policía, con la info que tu comité vecinal y tu empleador envían a diario al gobierno. Saben quién eres, dónde estás, con quién estás… Si viajas en un tren con un infectado, el gobierno se entera.