Señores @Uber_Chile ayer en un viaje solicitado el conductor avisó su llegada y debo haber demorado 40 segundos en salir a tomar el movil. Hoy aparece un cobro con un cargo por tiempo de espera.
Dado lo anterior, agradeceré me indiquen a donde debo enviar la factura por todos los tiempos de espera excesivos, carreras anuladas y retrasos por conductores perdidos que he debido enfrentar con vuestro servicio, ¿o esto sólo corre en favor vuestro?
Quedo atento.
LA VERDAD Y LA MENTIRA
Una historia sempiterna…tan real que parece mentira.
La verdad y la mentira decidieron hacer un viaje. Partieron al amanecer por un camino antiguo, de esos que atraviesan pueblos donde las personas prefieren mirar el ruido antes que el horizonte.
La mentira iba ligera. No llevaba equipaje. Caminaba rápido, sonriente, saludando a todos como si fuera conocida de siempre.
La verdad avanzaba más lento. Cargaba su mochila y arrastraba baúles llenos de pruebas, recuerdos, fechas y testimonios. Cada cierto tiempo debía detenerse para ordenarlos, porque sabía que tarde o temprano alguien le pediría explicaciones.
¿Por qué llevas tantas cosas? preguntó la mentira.
Porque a mí me las exigen, respondió la verdad.
La mentira soltó una carcajada.
Qué agotador debe ser vivir así.
Llegaron a un pueblo donde una multitud las esperaba para escuchar las historias de sus travesías.
La mentira subió a una fuente y comenzó a hablar.
Habló de conspiraciones, héroes inventados, enemigos invisibles, reinos que se caían a pedazos y comarcas quebradas. Habló rápido, fuerte y con absoluta seguridad. No importaba que nada fuera cierto. Sus palabras brillaban como fuegos artificiales: intensas, simples y fáciles de admirar.
La multitud quedó fascinada.
¡Qué claridad!
¡Qué seguridad!
¡Ahora todo tiene sentido!
Entonces la verdad abrió uno de sus pesados baúles.
Mostró antecedentes, contexto y hechos verificables. Explicó que las cosas eran más complejas y que no todo era blanco o negro.
Pero la gente comenzó a impacientarse.
Hablas demasiado.
Todo eso es muy complicado.
¿Y cómo sabemos que tus pruebas son reales?
La verdad guardó silencio un instante.
Le sorprendía que nadie hubiese pedido pruebas a la mentira.
Esa noche ambas llegaron a una posada.
La mentira cenó gratis. Todos querían invitarla. Era entretenida y confirmaba exactamente lo que muchos deseaban escuchar y creer.
La verdad, en cambio, debió pagar su habitación y además soportar interrogatorios.
¿Puedes demostrarlo?
¿Tienes evidencias?
¿Quién respalda lo que dices?
La mentira levantó una copa y sonrió.
Yo regalo certezas; tú repartes dudas. Yo simplifico; tú obligas a pensar.
La verdad observó alrededor y comprendió algo doloroso: muchas personas no buscan la realidad, sino relatos acomodaticios.
Al día siguiente continuaron el viaje.
Atravesaron escuelas, tribunales, parlamentos y templos. Y en cada lugar ocurría lo mismo.
La mentira entraba primero y era recibida con aplausos.
La verdad llegaba después, agotada, intentando ordenar los daños.
Porque mentir era gratis.
No exigía esfuerzo ni paciencia. Bastaba hablar fuerte, repetir mucho y apelar al miedo o al deseo.
La verdad, en cambio, debía probar cada palabra como si fuera culpable desde el inicio.
Y mientras más importante era la verdad, más difícil parecía demostrarla.
Pasaron los años.
La mentira se volvió famosa. Tenía seguidores, defensores y personas dedicadas a difundirla. Algunos incluso terminaron creyéndola sinceramente.
La verdad envejeció.
Sus baúles eran cada vez más pesados, pero nunca dejó de caminar.
Una tarde llegaron al borde de un acantilado desde donde podía verse el mundo entero.
La mentira contempló orgullosa las ciudades iluminadas.
Mira todo lo que he conquistado.
La verdad observó las mismas ciudades, pero vio también las grietas: familias divididas, pueblos confundidos y sociedades incapaces de distinguir entre realidad y espectáculo.
Entonces preguntó:
¿Y cuánto de eso permanecerá cuando llegue el tiempo?
La mentira sonrió.
Pero no respondió.
Porque la mentira corre rápido, seduce rápido y conquista rápido.
La verdad, en cambio, suele llegar tarde.
Pero cuando finalmente llega, casi siempre encuentra las ruinas que dejó la otra.
@MisColumnas