Çin Devlet Televizyonu CGTN muhabiri, Gazze Şifa Hastanesi önünde yayın yapıyor:
"Kendi gözlerimle gördüm ki, en az 10 Filistinli çocuk, 5 yaşının altında ve başları yok."
Bunu israil yaptı
El actual presidente de la Iglesia Metodista Pentecostal (la principal congregación evangélica de Chile, con más de dos millones de fieles), Roberto López Rojas, fue agente de la Central Nacional de Informaciones (CNI), la policia secreta de Pinochet.
Este gobierno no ha cumplido pero nada de nada de lo que presentó en su programa de gobierno. No expulsó a los inmigrantes,nunca tuvieron un plan de seguridad, no se bajaron los sueldos, al contrario, se los subieron. Tienen un ministro de hacienda que participó en colusiones...
#ULTIMAHORA La ONU ha declarado oficialmente a Gaza como zona de genocidio, señalando que Israel está atacando deliberadamente a niños y bebés.
Tardaron tres años completos en llegar a esta conclusión, pero ya es un avance y ahora Israel tiene que responder ante la comunidad internacional y la justicia.
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Esto de darle como bombo en fiesta en un feriado al sistema frontal es muy conveniente para la derecha. Para que así no se hable que Quiroz aprobó la reforma tributaria a 25 años que le REGALA 4 mil millones de dólares al año a los más ricos cuando a Ud. le dicen que no hay plata ni para un parche curita.
Todos aprobado además por un solo voto, con toda la oposición en contra y que se están cagando al 99% de los chilenos que jamás pidieron esto cuando votaron a Kast.
No estaba en su programa de gobierno.
GRACIAS POR SU SERVICIO…
AHORA RETÍRESE SIN MOLESTAR
Hay una sinceridad brutal en ciertos lapsus del poder. Un momento en que el maquillaje tecnocrático se corre, el PowerPoint se cae al suelo y aparece, desnuda, la verdadera concepción que algunos tienen de las personas. Esto ocurrió cuando el economista David Bravo, al explicar los costos de despido desde la mirada empresarial, terminó diciendo que “cada persona es un cacho”. Y aunque después llegaron las explicaciones y los “no quise decir eso”, la frase ya había cumplido su función: revelar lo que muchos piensan cuando creen que nadie los escucha.
En la liturgia empresarial contemporánea el trabajador es celebrado mientras produce. Ahí sí aparecen las campañas motivacionales, los discursos sobre “capital humano”, las fotos sonrientes en redes y las charlas sobre liderazgo empático con coffee break incluido. El trabajador es “parte de la familia”, “el motor de la empresa”, “el corazón de la organización”. Hasta que envejece, se enferma, exige derechos o simplemente deja de ser rentable. En ese instante, se transforma en pasivo laboral. La familia pasa a ser un costo. Y el trabajador, un cacho.
La paradoja es grotesca. Los sectores que se llenan la boca hablando de mérito, esfuerzo y cultura del trabajo, son capaces de reducir una persona a una molestia contable cuando llega el momento de despedirla. Como si el trabajador fuera un insumo desechable. Como si detrás de cada contrato no hubiera una vida completa: hijos, deudas, sueños, enfermedades, estudios y décadas de esfuerzo levantando precisamente las utilidades que hoy permiten a algunos dar entrevistas sobre “flexibilización”.
Resulta fascinante escuchar a economistas hablar del empleo con la misma sensibilidad emocional con que un frigorífico explica la temperatura del hielo. Hablan de personas como piezas intercambiables de LEGO.
Si pudieran, medirían el alma en indicadores trimestrales y pondrían a licitación la dignidad humana para mejorar la productividad.
Y después preguntan por qué existe desconfianza hacia las élites empresariales.
El problema no es solamente una frase desafortunada. Es la concepción del mundo. Una donde el trabajador vale mientras sirve y sobra cuando reclama. Una lógica utilitaria donde los derechos laborales aparecen como obstáculos contra la eficiencia, y no como conquistas civilizatorias construidas tras décadas de abusos y desigualdad.
Porque conviene recordar algo elemental: el trabajo no es únicamente una variable económica. Es identidad, integración social, estabilidad familiar y dignidad humana. El empleo sostiene barrios completos, financia estudios, cuida adultos mayores y permite construir comunidad. Detrás de cada sueldo hay familias enteras dependiendo de ese ingreso. Reducir todo a un “cacho” no es tecnocracia; es deshumanización con corbata y lenguaje académico.
Y hay algo todavía más irónico: muchos de quienes hoy consideran un estorbo indemnizar trabajadores son exactamente quienes construyeron fortunas gracias a esos mismos trabajadores. Ningún empresario levanta una empresa solo. La riqueza la producen miles de personas levantándose temprano, viajando horas, soportando estrés y sosteniendo el funcionamiento cotidiano del país. Pero cuando llega la hora de repartir dignidad, algunos prefieren quedarse únicamente con las utilidades.
Quizás el verdadero “cacho” para ciertos sectores no sean los trabajadores, sino la idea misma de que las personas tengan derechos. Que exista legislación laboral. Que la sociedad todavía conserve la peligrosa costumbre de considerar a los seres humanos más importantes que los balances trimestrales.
Lo más ofensivo de todo esto, es lo que se transmite a quienes hoy estudian y sueñan con aportar al país. Se les dice, en el fondo, que su valor humano depende exclusivamente de su rentabilidad. Que mientras produzcan serán celebrados, pero que cuando dejen de servir pasarán a ser un problema administrativo. Una carga. Un cacho.
@MisColumnas
Estimado Pepe, ¿conoces el RIGI?, el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones implementado en Argentina.
Fue creado mediante la Ley 27.742 durante el gobierno de Javier Milei, pocos meses después de asumir la presidencia en diciembre de 2023. La promesa era convertir al país en un poderoso imán para el capital extranjero mediante beneficios tributarios, franquicias aduaneras, ventajas cambiarias y una amplia batería de incentivos fiscales.
Sin embargo, tras casi tres años, el balance está muy lejos de aquella promesa. El programa ha fracasado en su objetivo central. Hoy Argentina exhibe uno de los niveles más bajos de inversión extranjera de la región, dejando fuera, por razones obvias, el caso de Venezuela.
La pregunta es inevitable: ¿por qué una propuesta aparentemente tan atractiva no produjo los resultados esperados? La respuesta va mucho más allá de una ecuación tributaria. Quienes realizan inversiones productivas —no los capitales especulativos que entran y salen según la coyuntura financiera, sino quienes construyen industrias, infraestructura y empleo— buscan algo que ningún incentivo fiscal puede sustituir: estabilidad. Estabilidad económica, social y, sobre todo, política. Invierten pensando en décadas, no en el próximo trimestre.
Ese es precisamente el activo del que Argentina sigue careciendo. Puede ofrecer exenciones extraordinarias y rebajas impositivas, pero ninguna compensa la incertidumbre de un país marcado por crisis recurrentes y permanentes cambios de rumbo. La inversión productiva no se enamora de los anuncios; se instala donde encuentra reglas claras y un horizonte predecible.
No es casualidad que más de treinta empresas multinacionales hayan abandonado el mercado argentino. Varias de ellas mantienen operaciones consolidadas en Chile desde hace décadas sin haber necesitado incentivos excepcionales. La explicación es sencilla: Chile ha ofrecido, con virtudes y defectos, un entorno relativamente estable. Y esa previsibilidad vale mucho más que una franquicia tributaria temporal, porque las empresas no invierten solo para aumentar utilidades de corto plazo, sino cuando perciben condiciones para crecer y permanecer.
Por eso resulta tan frágil el relato que sostiene este plan. La teoría económica, cuando se convierte en dogma, suele perder contacto con la realidad. Reducir impuestos, por sí solo, no garantiza mayor inversión, menos aún cuando esa rebaja convive con recortes fiscales y un creciente endeudamiento externo. Si el Estado deja de recaudar y luego debe endeudarse para financiarse, la coherencia del modelo comienza a resquebrajarse. (Ver propuesta de endeudamiento por 6.200 millones de dólares que Quiroz ha señalado).
A ello se suma otro aspecto inquietante: los incentivos tributarios para contratar trabajadores con menores remuneraciones. En la práctica, el sistema termina premiando a quienes incorporan mano de obra al menor costo posible, siempre por encima del salario mínimo. Cuesta sostener que ese sea el camino hacia un desarrollo basado en empleo de calidad.
Todo ello configura una política que parece favorecer a determinados grupos económicos más que reconstruir el tejido productivo del país. Y quizá la mejor muestra de esa lógica sea el nombre escogido para presentarla: “Plan de Reconstrucción Nacional”. Un título grandilocuente que busca envolver la medida en una épica refundacional, aunque los resultados no respalden semejante ambición.
La metáfora es inevitable: es como amputar la pierna de un paciente sano y llamar al procedimiento “Plan de Salud Eterna”. Cambiar el nombre de una intervención no altera su naturaleza.
Como toda política pública, el plan puede contener aspectos debatibles e incluso algunos elementos positivos. Pero, en lo esencial, parece descansar más sobre una narrativa ideológica que sobre evidencia empírica. Y, por alguna razón inentendible, muy pocos parecen dispuestos a señalar esa contradicción y guardan un vergonzoso silencio.
Atte.
#URGENTE Las imágenes que nos llegan de todas las detenciones y redadas de #ICE son de verdad criminarles.
¿Cómo puede justificar el gobierno de Donald Trump este actuar de su Gestapo?
¿Acaso esto no debería de ser motivo de fuertes críticas y exhortos de organismos internacionales para que Trump respete los Derechos Humanos? @hrw@UNHumanRights@Claudiashein
#UrgenteCOMPARTAN #RTMasivo
CARTA ABIERTA A LA SENADORA VANESSA KAISER.
Senadora @vanessakaiser22
Hay errores que nacen de la ignorancia y otros que brotan de la conveniencia. Los primeros pueden corregirse estudiando; los segundos sólo cambian cuando la honestidad intelectual derrota al interés político. Su afirmación de que el estallido social del 18 de octubre de 2019 constituyó un golpe de Estado parece oscilar entre ambas categorías.
Las palabras importan. Y cuando quien las pronuncia es una senadora de la República, importan todavía más. Porque el lenguaje no sólo comunica: también construye memoria, moldea la historia y educa —o deseduca— a una sociedad.
Un golpe de Estado no es una metáfora. Tampoco una opinión. Es un concepto político y jurídico bastante preciso. Consiste en la toma ilegal del poder mediante la fuerza, con el propósito de destituir al gobierno y sustituir el orden constitucional. Supone el control efectivo de las instituciones del Estado, la captura de los poderes públicos, la subordinación de las Fuerzas Armadas o de parte de ellas y el reemplazo de la autoridad legítimamente constituida.
Eso ocurrió en Chile el 11 de septiembre de 1973.
Ese día los militares bombardearon el palacio presidencial, derrocaron al Presidente de la República, disolvieron el Congreso Nacional, suspendieron la Constitución, proscribieron partidos políticos, censuraron la prensa y establecieron una dictadura que se prolongó durante diecisiete años. Una dictadura reconocida internacionalmente por miles de violaciones a los derechos humanos: ejecuciones, desapariciones forzadas, torturas, exilios y crímenes de lesa humanidad.
Eso, senadora, fue un golpe de Estado.
El 18 de octubre de 2019 ocurrió otra cosa. Hubo una explosión social de enorme magnitud, acompañada de actos delictuales, incendios, saqueos y violencia que deben ser condenados sin ambigüedad. También hubo millones de ciudadanos que salieron a las calles para expresar un profundo malestar frente a abusos, desigualdades y una sensación de abandono acumulada durante décadas.
Podrá discutirse si aquella movilización fue espontánea, parcialmente organizada, aprovechada por grupos violentistas o instrumentalizada por determinados sectores políticos. Ese debate es legítimo. Lo que no resiste análisis serio es convertir esa crisis en un golpe de Estado simplemente porque resulta útil para una determinada narrativa.
Porque durante esos días el Presidente siguió ejerciendo el mando. El Congreso continuó legislando. La Corte Suprema mantuvo sus funciones. Ninguna rama del Estado fue reemplazada. Ninguna junta asumió el poder. Ninguna Constitución fue abolida. Ningún gobierno cayó producto de una insurrección triunfante.
Si todo episodio de violencia social pasa a llamarse golpe de Estado, entonces las palabras dejan de tener significado. Y cuando el lenguaje pierde precisión, la verdad termina convertida en rehén de la propaganda.
Resulta especialmente llamativo que esa banalización provenga de alguien cuya familia ha reivindicado reiteradamente aspectos del régimen nacido precisamente de un verdadero golpe de Estado. Pareciera que la historia sólo merece exactitud cuando favorece determinadas convicciones y elasticidad cuando las incomoda.
No es una cuestión ideológica. Es una cuestión de rigor.
Confundir una revuelta social —por grave y violenta que haya sido— con un golpe de Estado, equivale a confundir una tormenta con un terremoto porque ambas producen daños. El resultado puede parecer similar para quien sólo observa los escombros, pero sus causas, naturaleza y consecuencias son radicalmente distintas.
La democracia necesita debates intensos. Lo que no necesita es que quienes tienen la responsabilidad de legislar deformen deliberadamente los conceptos fundamentales de la ciencia política para acomodarlos al relato del momento.
Porque cuando todo es un golpe de Estado, al final nada lo es. Y ese día habremos perdido algo más importante que una discusión semántica.
@MisColumnas
"Lo que ocurre dentro de las prisiones de Israel, es que son un cementerio. Desde que entras no paran de agredirte, me agredieron desde que me arrestaron delante de mis hijos. Tras las palizas no pude recordar la imagen de mi hijo y perdí la capacidad de respirar".
Mujahed Bani, un periodista palestino de 37 años, que fue brutalmente torturado por "Israel" hasta perder la memoria y no poder respirar, por las torturas sufrió un derrame cerebral y perdió parte de su craneo.
Ni siquiera tenían pruebas contra él, solo era un periodista que denunciaba los crímenes de "Israel"... cosa que no hacen los mercenarios de la prensa occidental que ocultan estas barbaridades y tenemos que ser nosotros quienes las denunciemos.
🚨🇮🇱👁️💥Urgent : Israël a largué un nouveau type de bombes à Gaza. Les Palestiniens la décrivent comme une « bombe nucléaire miniature », mais l'analyse indique qu'il s'agit probablement d'une arme thermobarique (à vide). Israël viole le droit international
Digan a Kast que el PIB nominal de Paraguay ronda los USD 60.540 millones, con un PIB per cápita de aproximadamente USD 9.371, según datos del Fondo Monetario Internacional (FMI).
Un índice HDI de 0,756 que lo sitúa en el lugar 99° a nivel global. Y su índice de libertad económica lo sitúa en el lugar 56 a nivel global.
No es por comparar, pero Chile tiene un PIB de USD 360 mil millones, un PIB percápita de USD 19.000. Un índice HDI de 0,878 (el tercero de América después de Canadá y USA), el 1º en Latinoamérica y 42º a nivel global. El
Índice de libertad económica de Chile lo sitúa en el lugar 17º a nivel global.
Vale la pena aclarar…la reducción de impuestos no asegura mejoría alguna.
Ecuador debería leer con cuidado lo que The Economist llama la “trumpificación” de América Latina. No se trata solo de que llegue la derecha; se trata de gobernar con miedo, convertir la inseguridad en capital electoral y presentar la Constitución como obstáculo.
Noboa entendió que una sociedad aterrorizada por extorsiones, homicidios y cárceles tomadas puede aceptar casi todo si se le promete “orden”: estados de excepción permanentes, militares en las calles, toques de queda, allanamientos sin control y opositores políticos convertidos en enemigos.
El problema es que el “estado de guerra” no ha pacificado al país. Ha normalizado la excepción. Ha desplazado el debate democrático. Y ha creado una ciudadanía a la que se le pide elegir entre seguridad y derechos, como si la vida pudiera protegerse destruyendo el Estado constitucional y los Derechos Humanos.
Cuando un gobierno administra el miedo mejor que el presupuesto público y fracasa en el combate al crimen, la democracia retrocede sin necesidad de tanques en Carondelet. Basta con que el miedo vote, que la rabia aplauda y que el país acepte obedecer antes que exigir resultados, lo vemos en Colombia, lo vemos en Perú, pero lo sentimos más en los territorios sin desarrollo, en los pueblos sin educación, sin salud, entrampados en el fango de la pobreza, mientras los operadores del “Escudo de las Américas” se vuelven más absurdamente ricos.
Luis Guastavino en Canal 5 de Valpo, ad portas de las elecciones del 89. Este programa se dice fue borrado del canal a pedido de la misma periodista q conducia
#URGENTE EEUU está utilizando armas nunca antes vistas en Irán.
SEGUNDA ráfaga de la Resonancia Schumann, ahora han ocurrido dos terremotos consecutivos de magnitud 5.8 y 6.0 en Irán.
Dolores de cabeza,
zumbidos en los oídos
y sentimientos de inquietud alcanzarán su punto máximo.
#EEUU quiere acabar con la humanidad, Urgente Difundir