Y lo siento mucho porque le tengo mucho cariño a Argentina, pero qué bochorno de final. Nunca quiso ganarla, fue a no perderla y a desquiciar a España con juego sucio.
Lo de Messi y Enzo pidiendo roja para Cucurella es de una antideportividad tremenda. Estoy muy decepcionado. Y de Paredes prefiero ni hablar. Perdedor dantesco.
Hoy ganó el fútbol porque ganó la única que quiso jugarlo.
Lo que es una VERGÜENZA es que alguien sea tan tonto como para empujar tres veces, TRES veces, a alguien DELANTE del arbitro.
Cualquier selección criticaría a su jugador por bajo IQ, vosotros criticáis al árbitro XD
"ves machismo en todos lados"
veo machismo en el cinturón de coche que al abrocharme me recuerda que fue diseñado bajo la antropometría del hombre, veo machismo en la temperatura de oficina climatizada teniendo en cuenta el metabolismo del hombre, veo machismo en la dificultad de diagnosticar a una mujer en cosas tan mundanas como un infarto porque los protocolos de diagnóstico y la educación social se construyeron sobre el modelo masculino como estándar universal, o como el mapeado de terminaciones nerviosas de vuestro miembro se realizó hace tres décadas y el de nuestro clítoris ESTE AÑO
1️⃣ Derrocar a un dictador suena moralmente justo. Nadie llora por un tirano. Pero el derecho internacional no se construyó para proteger a los buenos, sino para contener a los poderosos. Por eso prohíbe la fuerza casi sin excepciones: no porque ignore la injusticia, sino porque sabe que, si cada país decide a quién “liberar” a balazos, el mundo vuelve a la ley del más fuerte.
2️��� El problema no es Maduro. El problema es el precedente. Cuando la fuerza militar se usa para cambiar gobiernos sin reglas claras, la soberanía deja de ser un límite y se vuelve un estorbo. Hoy es “derrocar a un dictador”; mañana será “corregir una elección”, “proteger intereses”, “restaurar el orden”. El derecho no absuelve dictaduras, pero tampoco legitima cruzadas unilaterales.
3️⃣ La pregunta incómoda no es si un tirano merece caer, sino quién decide cuándo y cómo. Porque la historia enseña algo brutal: sacar al dictador es fácil; construir justicia después, no. Y cuando la legalidad se rompe en nombre del bien, casi siempre lo que sigue no es libertad, sino caos, violencia y nuevas víctimas. El derecho existe para recordarnos eso, incluso cuando incomoda.