En el Uruguay el fútbol no es fútbol. Una reflexión que escribí en 2024 en @SemanarioVoces me resuena nuevamente en estos días de ver signos sociales de sacralidad: https://t.co/WOJZ78LFYs
“le he preguntando a chatgpt”
si? bueno yo lo he preguntado a Ra dios del sol creador de la vida y representante de la luz y el orden
y ha dicho que 𓂀𓋹𓁈𓃠𓆃☥𓅓𓆣
– Periodista: ¿Qué es un hombre inteligente?
– Borges: Realmente, no sé. Muchas veces cuando uno dice que tal o cual persona es inteligente se refiere más a que es ocurrente, que tiene algo que decir de un tema inmediatamente. Esa persona puede no ser inteligente. La inteligencia puede ser lenta.
– Periodista: ¿Usted es inteligente?
– Borges: Si me dan algunos años para pensar, soy inteligente. Si me hacen preguntas como las suyas, inmediatas, soy mas bien estúpido.
#Entrevistas
Hay personas que no saben lo que es un ensayo (y no tienen por qué saberlo) y respondieron que su ensayo favorito es “Ensayo sobre la ceguera”, que es una novela.
En este texto (cuyo vínculo pongo abajo), el escritor Luigi Amara explica (y ensaya) lo que es el ensayo-ensayo; es decir, el ensayo literario: el género que Montaigne hizo inmortal y que, a la vez, hizo inmortal a Montaigne.
https://t.co/eXnQ4rEzje
¿Sabías que Joaquín Sabina tuvo que pagar la factura de un club de alterne a un abogado de Bilbao por culpa de una figura del Derecho Romano? Abro hilo para explicar cómo la "Magdalena" se convirtió en una obligación jurídica real. 👇 #DerechoRomano
Hace diez años se les decía a los estudiantes de Humanidades: «Si quieren conseguir trabajo, aprendan a programar». Hoy muchos programadores temen que la inteligencia artificial los deje sin empleo. La ironía de la historia es que las empresas de IA están contratando filósofos.
Los datos son elocuentes. En Estados Unidos, el desempleo entre quienes estudiaron Ciencias de la Computación alcanzó en 2024 el 7 %. Entre los graduados en Filosofía fue del 5,1 %. El dato no demuestra por sí solo que estudiar Filosofía garantice trabajo, pero obliga a revisar algunos prejuicios.
¿Por qué necesita filósofos la industria tecnológica?
Porque la IA plantea problemas que la programación no puede resolver por sí sola. Un modelo debe aprender a detectar contradicciones, reconocer lo que ignora, argumentar sin limitarse a complacer al usuario y distinguir una respuesta plausible de una respuesta verdadera. El viejo método socrático vuelve a ser sorprendentemente actual.
También hay decisiones éticas inevitables. ¿Debe una IA obedecer reglas que nunca podrían violarse? ¿Puede aceptar un daño para evitar otro mayor? ¿Qué debe hacer un vehículo autónomo ante un accidente inevitable? ¿Cómo se traducen la dignidad humana, la libertad o la justicia en el comportamiento de una máquina?
Detrás de cada sistema de IA hay una determinada concepción del ser humano, de la verdad y del bien. Aunque sus creadores no la reconozcan, hay allí una filosofía.
Y queda una pregunta todavía más incómoda: si delegamos cada vez más decisiones morales en las máquinas, ¿perderemos nosotros la capacidad de juzgar?
Estudiar Filosofía no es aprender opiniones de pensadores muertos. Es aprender a preguntar mejor, descubrir supuestos, precisar conceptos, examinar argumentos y pensar qué fines merecen ser perseguidos.
Cuanto más poderosas sean las máquinas, más necesitaremos personas capaces de pensar qué hacer con ellas. 👇🏼
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Durante años nos repitieron que el futuro era aprender a programar. Que las humanidades eran adorno. Que filosofía, ética y derecho eran cosas lentas para un mundo que iba a vivir de datos, código y velocidad. Pero ahora ocurre algo revelador: los grandes laboratorios de inteligencia artificial están contratando filósofos. No porque se hayan vuelto románticos, sino porque descubrieron que la pregunta más difícil ya no es técnica.
El problema ya no es si una máquina puede escribir, diagnosticar, conducir, resolver, vigilar o decidir. El problema es desde qué idea de verdad, daño, libertad, dignidad y responsabilidad lo va a hacer. Una IA no contesta desde el vacío: trae una arquitectura moral escondida. Puede privilegiar eficiencia sobre derechos, seguridad sobre privacidad, obediencia sobre criterio, propiedad sobre igualdad. Y cuando esa lógica entra a tribunales, hospitales, escuelas, bancos o gobiernos, deja de ser software: se vuelve poder.
Por eso este debate es gigantesco. La pregunta brutal no es si la IA va a pensar por nosotros. La pregunta es quién va a decidir cómo debe pensar. Porque si empresas y gobiernos empiezan a diseñar “constituciones invisibles” para máquinas que ordenan nuestra vida, sin transparencia, sin control democrático y sin responsabilidad jurídica, no estaremos frente al futuro: estaremos frente a una nueva forma de autoridad, más rápida, más elegante, más opaca y mucho más difícil de combatir.
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