🚨🗣️New: Mohamed Salah on the controversial officiating decisions in Egypt and Argentina game, Messi and Argentina are being favored:
“People will say Argentina showed the mentality of champions. Fine. But tell me this: when exactly did Egypt get the same protection from the officials?
We scored a second goal. The stadium exploded. The world saw it. Then suddenly VAR became an archaeologist, digging through the ruins of football history to find a foul from another lifetime.
Funny how they could rewind the game Five minutes to cancel our goal, but when I was brought down in the box, everyone suddenly forgot where the replay button was.
That’s what hurts. Not losing. Not Argentina.
The inconsistency.
One decision gets examined under a microscope. Another gets buried under the carpet.
We were told football is decided on the pitch. Tonight it felt like it was decided in a control room.
And let’s talk about those final minutes.
Two penalty appeals. Two moments that could have changed everything. Nothing. No review. No urgency. No explanation.
Then Argentina go down the other end and score the winner.
That isn’t a plot twist. That’s the kind of script that leaves millions of people asking questions.
Egypt fought for every blade of grass. We defended. We believed. We earned our moments.
But every time we climbed the mountain, someone moved the summit.
The disallowed goal.
The ignored penalty shouts.
The cards flying around our bench because people who dedicate their lives to this game couldn’t understand what they were witnessing.
And now we’re expected to smile and say football won?
No.
Football wins when the rules are applied equally.
Football wins when VAR is a shield for fairness, not a sword that appears only when convenient.
Because from where I’m standing, Egypt didn’t just lose 3-2.
Egypt lost a goal, lost two penalty appeals, lost faith in consistency, and eventually lost a place in the quarter-finals.
Maybe Argentina deserved to advance.
Maybe they didn’t.
That’s football.
But what will make people angry isn’t the result.
It’s the feeling that one team was forced to play against eleven men, the clock, and a set of decisions that seemed to change shape whenever the game demanded it.
And that’s why this match will be remembered long after the scoreline is forgotten.”
¿El gobierno de Abelardo de la Espriella formalizará la actividad minera en el Páramo de Santurbán? Las primeras declaraciones del ministro de Ambiente designado, Fabio Arjona, dejan entrever que el gobierno entrante priorizará un modelo extractivista, incluso si eso significa ir en contravía de la protección de ecosistemas estratégicos y de las exigencias de las comunidades que durante años han defendido Santurbán.
Algo asi. Y lo mismo pasara en santurban. Eso tiene mas rebaja cualquier cosa que la exploracion del oro. Asi que santandereanos no tienen nada que reclama, desde el momento que eligiron a su tigre le dieron via libre para hacer lo que quiera. a llorar por traicioneros.
De arrieros a rednecks
Por: @juanabotero
No sé si es en todo Colombia —espero que no— pero en Antioquia, la región que habito y donde nací y crecí la mayor parte de mi vida, hay un tufillo aspiracional del sueño americano creciendo silenciosamente y colándose en todos los rincones como una maleza que se come todo lo que encuentra. Una que nadie poda porque posee una aparente belleza, como el ojo de poeta.
La gente quiere parecerse a los gringos desde hace tiempo, pero con más fuerza ahora que la ultraderecha de Trump conquista a Latinoamérica. La gente hoy más que nunca consume desenfrenadamente cosas innecesarias, mantiene conversaciones superfluas sobre plata, yates, ropa, carteras y Toyotas —ahora Teslas— y empieza a repetir tonterías trumpistas y de sus seguidores, los llamados despectivamente cuellos rojos o rednecks.
Este es un fenómeno ético y estético que se puede observar en el cambio de valores, pero también —e incluso— en la forma de vestir de hombres y mujeres. Sudaderas de día, lentejuelas de noche, donde cuestan más los pijamas con los que salen a la calle que la ropa que dura en el tiempo.
Una región que había sido conocida por su pujanza, sencillez y prudencia con el dinero, trato cordial, conexión con el campo, valor por la familia, los amigos y la comunidad; ahora se parece más a estar en Miami: vulgar, despilfarrador, poco intelectual, con nula conexión con la naturaleza, llena de carros de lujo y muchas clínicas estéticas para inyectarse plástico en el cuerpo.
Cuando se recorre Medellín se puede ver que pululan las plantas de plástico, las fachadas falsas, los restaurantes de comida mala, poquita y costosa, pero instagrameable. Y sobre todo se empieza a sentir un cambio de comportamiento. Personas con personalidad impostada, con un lenguaje lleno de anglicismos y unos intereses vergonzosamente superficiales. Y claro, cómo no, un endeudamiento peligrosamente grande. Muy gringo. Los bancos lo confirman: la carga financiera de los hogares colombianos llegó al 38,4% en 2024 —casi cuatro de cada diez pesos de ingreso se van en pagar deudas— con una tasa de endeudamiento del 382% anual. Ya no ahorramos: compramos ahora y pagamos después, exactamente igual que ellos, y al igual que ellos, con tasas que nadie lee.
Ya otros han escrito sobre la falta de carácter de los colombianos o de la Patria Boba que avanza poco sin mucha transformación. Se ha hablado de un país que sintiéndose avergonzado de quién es, apropia de Estados Unidos una cultura ajena para comprar un sueño que no es suyo, para sentirse cómodo en su propia piel que le incomoda tanto. Y aunque la tendencia venía creciendo, en Medellín particularmente la gente se está enfermando de matchas, lattes, bowls, bótox, Golden Goose, jabones importados, ropa desechable: basura acumulada en las bodegas y en la cabeza.
Debo advertir que esto no es un asunto de clase, como seguro les encantará decir a los ideologizados. Esto es un fenómeno popular —y con popular me refiero a masivo— que no entiende de capacidad adquisitiva, ni de género, ni de nivel de estudios.
Hablo particularmente de Medellín, pero la trumpización de los países latinos es una realidad latente en las democracias vecinas. Sin embargo, en la capital de Antioquia este lamentable retroceso se ve agudizado principalmente por dos asuntos.
El reguetón como cultura de la exageración del cuerpo, de los carros de lujo, los diamantes en los dientes y las mujeres como objeto sexual; y el crecimiento de nómadas digitales y turistas norteamericanos para los cuales la ciudad se está rediseñando de arriba abajo. Los números son brutales: en 2025, Estados Unidos es el primer origen de visitantes a Medellín con más de 310.000 turistas, y cada mes llegan aproximadamente 8.300 nómadas digitales que trabajan en dólares y pagan en pesos, distorsionando precios y empujando a los locales a vivir cada vez más lejos de sus propios barrios. El resultado: los arriendos en Laureles subieron un 80% en apenas cuatro meses de 2023. Para captar ese capital, la ciudad no recibe a los visitantes con lo que es: se vuelve ellos. La Alcaldía tiene incluso un programa oficial llamado Medellínglish para anglizar la ciudad. La infraestructura turística creció un 884% desde 2014. Hay calles del Poblado donde hoy solo se habla inglés. No es cosmopolitismo. Es rendición.
La paradoja es feroz: muchos de esos nómadas huyeron de la cultura americana —de sus costos, su ritmo, su superficialidad— y encontraron en Medellín algo auténtico y diferente. En vez de ofrecerles eso, les estamos construyendo una réplica barata de lo que dejaron.
¿Por qué es peligroso esto? ¿Qué problema hay con quererse parecer a los gringos?
Los riesgos son muchos, pero mencionaré tres.
1. La agenda anti-derechos.
Hoy ser gringo para un colombiano es parecerse a la cultura Trump. Es decir, una cultura que bajo el nombre inventado de "anti-woke" —"anti-despertar"— defiende la familia tradicional y las llamadas Trad Wives: mujeres que hacen galletas todo el día en vestidos divinos y defienden la idea de que el hombre es el líder del hogar. Hay líderes cristianos en el Congreso de EEUU promoviendo el llamado Voto Familiar, en el que el hombre, el esposo, vota por toda la familia. Esta cultura importada promueve la reproducción, juzga la decisión de no tener hijos y sataniza a todo aquel con otro plan de vida: gays, mujeres solteras, hombres solteros.
Lo que se pierde, para ser más explícita: el derecho a la reproducción de las mujeres, el derecho al aborto, el derecho al voto de la mujer, los derechos de las parejas del mismo sexo. Cuando esa agenda se instala surgen movimientos como la manosfera, se evita que las mujeres estudien, que los homosexuales se expresen en público, que las mujeres participen en política.
Lo más revelador de todo es que Colombia importó los dos lados del debate americano sin entender ninguno. La izquierda adoptó el vocabulario identitario: woke, pronombres, interseccionalidad. La derecha adoptó el contra-movimiento: anti-woke, ideología de género. Ambos bandos hablan en traducción. El término "woke" no tiene equivalente en español antioqueño porque el fenómeno que describe nació de una historia racial específicamente estadounidense que aquí no ocurrió. Estamos peleando —con todo el ardor del mundo— una guerra cultural ajena, en términos prestados, sobre una realidad que no comprendemos del todo.
2. La pérdida de identidad y el sometimiento al mercado gringo.
Cuando un país no encuentra diferencial en su industria, imita productos y servicios que demostraron resultados en mercados norteamericanos. La pregunta "¿en qué somos buenos?" se cambia por "¿qué se vende?". Y solo un error en la pregunta mueve la economía completamente.
Colombia es ya el tercer mercado de comercio electrónico en Latinoamérica, con 14.400 millones de dólares en ventas digitales en 2024, proyectadas a 81.000 millones en 2027. Amazon, Temu y Shein dominan las preferencias de consumo, especialmente en Medellín. Compramos su basura porque somos el mercado, no el productor. Y mientras tanto, un paisa orgulloso entró al ranking de los grandes conglomerados familiares de Antioquia porque es dueño de veinte McDonald's. El sueño americano paisa ya no es ser el mejor en lo nuestro: es ser el mejor franquiciado de ellos.
3. La homogeneización que destruye justo lo que éramos.
Este es quizás el riesgo más silencioso. Medellín se volvió atractiva para el mundo precisamente por ser diferente: resiliente, cálida, creativa, con una identidad cultural que sobrevivió décadas de violencia. Eso fue lo que la puso en el mapa. Pero al copiar el modelo americano —en la arquitectura, en el consumo, en el lenguaje, en la política, en los valores— estamos destruyendo el único activo que nadie más tiene. Cuando un lugar huele igual, habla igual y consume igual que todos los demás, deja de tener razón de ser. Y el turista que venía buscando algo auténtico encontrará, con justa razón, que le quedaba más cerca Miami.
La identidad no es un lujo cultural. Es el diferencial económico más poderoso que tiene una región. Perderla no es progreso: es el negocio más estúpido y fragil que se puede hacer.
De arrieros a rednecks
Por: @juanabotero
No sé si es en todo Colombia —espero que no— pero en Antioquia, la región que habito y donde nací y crecí la mayor parte de mi vida, hay un tufillo aspiracional del sueño americano creciendo silenciosamente y colándose en todos los rincones como una maleza que se come todo lo que encuentra. Una que nadie poda porque posee una aparente belleza, como el ojo de poeta.
La gente quiere parecerse a los gringos desde hace tiempo, pero con más fuerza ahora que la ultraderecha de Trump conquista a Latinoamérica. La gente hoy más que nunca consume desenfrenadamente cosas innecesarias, mantiene conversaciones superfluas sobre plata, yates, ropa, carteras y Toyotas —ahora Teslas— y empieza a repetir tonterías trumpistas y de sus seguidores, los llamados despectivamente cuellos rojos o rednecks.
Este es un fenómeno ético y estético que se puede observar en el cambio de valores, pero también —e incluso— en la forma de vestir de hombres y mujeres. Sudaderas de día, lentejuelas de noche, donde cuestan más los pijamas con los que salen a la calle que la ropa que dura en el tiempo.
Una región que había sido conocida por su pujanza, sencillez y prudencia con el dinero, trato cordial, conexión con el campo, valor por la familia, los amigos y la comunidad; ahora se parece más a estar en Miami: vulgar, despilfarrador, poco intelectual, con nula conexión con la naturaleza, llena de carros de lujo y muchas clínicas estéticas para inyectarse plástico en el cuerpo.
Cuando se recorre Medellín se puede ver que pululan las plantas de plástico, las fachadas falsas, los restaurantes de comida mala, poquita y costosa, pero instagrameable. Y sobre todo se empieza a sentir un cambio de comportamiento. Personas con personalidad impostada, con un lenguaje lleno de anglicismos y unos intereses vergonzosamente superficiales. Y claro, cómo no, un endeudamiento peligrosamente grande. Muy gringo. Los bancos lo confirman: la carga financiera de los hogares colombianos llegó al 38,4% en 2024 —casi cuatro de cada diez pesos de ingreso se van en pagar deudas— con una tasa de endeudamiento del 382% anual. Ya no ahorramos: compramos ahora y pagamos después, exactamente igual que ellos, y al igual que ellos, con tasas que nadie lee.
Ya otros han escrito sobre la falta de carácter de los colombianos o de la Patria Boba que avanza poco sin mucha transformación. Se ha hablado de un país que sintiéndose avergonzado de quién es, apropia de Estados Unidos una cultura ajena para comprar un sueño que no es suyo, para sentirse cómodo en su propia piel que le incomoda tanto. Y aunque la tendencia venía creciendo, en Medellín particularmente la gente se está enfermando de matchas, lattes, bowls, bótox, Golden Goose, jabones importados, ropa desechable: basura acumulada en las bodegas y en la cabeza.
Debo advertir que esto no es un asunto de clase, como seguro les encantará decir a los ideologizados. Esto es un fenómeno popular —y con popular me refiero a masivo— que no entiende de capacidad adquisitiva, ni de género, ni de nivel de estudios.
Hablo particularmente de Medellín, pero la trumpización de los países latinos es una realidad latente en las democracias vecinas. Sin embargo, en la capital de Antioquia este lamentable retroceso se ve agudizado principalmente por dos asuntos.
El reguetón como cultura de la exageración del cuerpo, de los carros de lujo, los diamantes en los dientes y las mujeres como objeto sexual; y el crecimiento de nómadas digitales y turistas norteamericanos para los cuales la ciudad se está rediseñando de arriba abajo. Los números son brutales: en 2025, Estados Unidos es el primer origen de visitantes a Medellín con más de 310.000 turistas, y cada mes llegan aproximadamente 8.300 nómadas digitales que trabajan en dólares y pagan en pesos, distorsionando precios y empujando a los locales a vivir cada vez más lejos de sus propios barrios. El resultado: los arriendos en Laureles subieron un 80% en apenas cuatro meses de 2023. Para captar ese capital, la ciudad no recibe a los visitantes con lo que es: se vuelve ellos. La Alcaldía tiene incluso un programa oficial llamado Medellínglish para anglizar la ciudad. La infraestructura turística creció un 884% desde 2014. Hay calles del Poblado donde hoy solo se habla inglés. No es cosmopolitismo. Es rendición.
La paradoja es feroz: muchos de esos nómadas huyeron de la cultura americana —de sus costos, su ritmo, su superficialidad— y encontraron en Medellín algo auténtico y diferente. En vez de ofrecerles eso, les estamos construyendo una réplica barata de lo que dejaron.
¿Por qué es peligroso esto? ¿Qué problema hay con quererse parecer a los gringos?
Los riesgos son muchos, pero mencionaré tres.
1. La agenda anti-derechos.
Hoy ser gringo para un colombiano es parecerse a la cultura Trump. Es decir, una cultura que bajo el nombre inventado de "anti-woke" —"anti-despertar"— defiende la familia tradicional y las llamadas Trad Wives: mujeres que hacen galletas todo el día en vestidos divinos y defienden la idea de que el hombre es el líder del hogar. Hay líderes cristianos en el Congreso de EEUU promoviendo el llamado Voto Familiar, en el que el hombre, el esposo, vota por toda la familia. Esta cultura importada promueve la reproducción, juzga la decisión de no tener hijos y sataniza a todo aquel con otro plan de vida: gays, mujeres solteras, hombres solteros.
Lo que se pierde, para ser más explícita: el derecho a la reproducción de las mujeres, el derecho al aborto, el derecho al voto de la mujer, los derechos de las parejas del mismo sexo. Cuando esa agenda se instala surgen movimientos como la manosfera, se evita que las mujeres estudien, que los homosexuales se expresen en público, que las mujeres participen en política.
Lo más revelador de todo es que Colombia importó los dos lados del debate americano sin entender ninguno. La izquierda adoptó el vocabulario identitario: woke, pronombres, interseccionalidad. La derecha adoptó el contra-movimiento: anti-woke, ideología de género. Ambos bandos hablan en traducción. El término "woke" no tiene equivalente en español antioqueño porque el fenómeno que describe nació de una historia racial específicamente estadounidense que aquí no ocurrió. Estamos peleando —con todo el ardor del mundo— una guerra cultural ajena, en términos prestados, sobre una realidad que no comprendemos del todo.
2. La pérdida de identidad y el sometimiento al mercado gringo.
Cuando un país no encuentra diferencial en su industria, imita productos y servicios que demostraron resultados en mercados norteamericanos. La pregunta "¿en qué somos buenos?" se cambia por "¿qué se vende?". Y solo un error en la pregunta mueve la economía completamente.
Colombia es ya el tercer mercado de comercio electrónico en Latinoamérica, con 14.400 millones de dólares en ventas digitales en 2024, proyectadas a 81.000 millones en 2027. Amazon, Temu y Shein dominan las preferencias de consumo, especialmente en Medellín. Compramos su basura porque somos el mercado, no el productor. Y mientras tanto, un paisa orgulloso entró al ranking de los grandes conglomerados familiares de Antioquia porque es dueño de veinte McDonald's. El sueño americano paisa ya no es ser el mejor en lo nuestro: es ser el mejor franquiciado de ellos.
3. La homogeneización que destruye justo lo que éramos.
Este es quizás el riesgo más silencioso. Medellín se volvió atractiva para el mundo precisamente por ser diferente: resiliente, cálida, creativa, con una identidad cultural que sobrevivió décadas de violencia. Eso fue lo que la puso en el mapa. Pero al copiar el modelo americano —en la arquitectura, en el consumo, en el lenguaje, en la política, en los valores— estamos destruyendo el único activo que nadie más tiene. Cuando un lugar huele igual, habla igual y consume igual que todos los demás, deja de tener razón de ser. Y el turista que venía buscando algo auténtico encontrará, con justa razón, que le quedaba más cerca Miami.
La identidad no es un lujo cultural. Es el diferencial económico más poderoso que tiene una región. Perderla no es progreso: es el negocio más estúpido y fragil que se puede hacer.
Cristian:
Entre 1992 y 2013 el fotógrafo argentino Martin Weber, nacido en el exilio en Chile, viajó por varios países de América Latina para llevar a cabo un proyecto fotográfico.
Éste consistía en retratar a personas de varios países latinoamericanos sosteniendo un pizarrón en el que esas personas escribían cuáles eran sus sueños y sus anhelos.
El proyecto se materializó en el libro "Mapa de Sueños Latinoamericanos" que resultó ser una radiografía del dolor y las esperanzas del continente americano.
En 2007 Weber llegó a una comunidad de Medellín en Colombia.
Allí conoció a Cristian, un adolescente de 15 años que iba todos los días a su escuela.
No para estudiar, sino para comer.
Su cuerpo estaba lleno de cicatrices:
Marcas de balas y puñaladas, evidencia física de peleas callejeras entre sicarios.
Tenía una mirada opaca.
Le dijo al fotógrafo que si lo hubiera visto por la calle le habría robado el equipo, y que si se hubiera resistido, probablemente lo habría lastimado.
Como parte de su proyecto, Weber antes de fotografiar a Cristian le pidió que escribiera en el pizarrón.
Éste escribió:
"Mi sueño es morirme".
Meses después de haberlo fotografiado, el cuerpo de Cristian fue encontrado baleado a las orillas de un río. Weber le preguntó cuando le tomó la fotografía por qué ese sueño.
Cristian le respondió que porque no tenía hogar y hacía cosas malas.
Weber escribió:
"Nuestro destino sólo se puede cambiar si nos permitimos imaginar uno diferente del que nos ha sido dado"...
Lo escrito en ese pizarrón más que un sueño, era un grito pidiendo ayuda.
🥇 Top
・ASICS (Novablast arrasa en ventas y con razón)
・Nike (Vomero, la favorita del corredor popular)
・Hoka (amortiguación brutal para articulaciones)
・Brooks (las más cómodas para rodar a diario)
・Saucony (las más infravaloradas)
・Altra (drop cero y horma ancha)
@fdbedout Entiendo que Colombia - Portugal es una tentación muy grande y que si se tiene el dinero para ir pues cada quién hace con su plata lo que quiere, pero ¿qué posibilidades reales hay de que vaya a uno o más partidos de este mundial? Saludos y toda mi admiración por su trabajo
@MariaC_Arangoe y todo eso viaja hasta acá por las mismas 2 redes sociales y no es raro ver desde el año pasado carros con afiches pegados de "FIRMES POR LA PATRIA". Pero uno es el que no tiene ni idea de lo que habla y el que se dejó lavar el cerebro 🙄 Es literal/ hablar con una pared
@MariaC_Arangoe Cadenas de Facebook y WhatsApp reenviadas por tías y papás uribistas que sólo creen lo que les conviene creer, desestimando cualquier argumento en contra tachándolo de guerrillero, izquierdoso o momento, o las 3 al mismo tiempo con el apellido hpta al final
Tanto la candidata @PalomaValenciaL como @JDOviedoAr conocen a la persona que opera la cuenta @everstrongever que difundió información falsa sobre mis supuestos apoyos a personas que jamás he apoyado. He recibido amenazas directas contra mi vida por cuenta de esa información falsa.
Acá pueden ver a ambos candidatos en fotos con la señora que opera esta cuenta de desinformación, acreditada como “comité organizador” de su campaña.
@DiegoTrujilloD tan a la deriva como creo q estamos todos los que no le creemos a Cepeda ni vemos otros 4 años de Iván Duque 2.0 (sea con Abelardo o con Paloma) creo q esto es un llamado para despertar del sueño q representa Fajardo. Sueño literal, por utópico y por dormido
@LucasJaramilloD Buen día. Vivo en Sarasota FL y me gustaría contactarlo para un tema de representación de un jugador jóven, colombiano. No se si pueda comunicarme con usted a través de algún correo electrónico para darle más información. Agradezco de antemano su atención
No soy de dejarme llevar por teorías conspiranoicas, pero que en 1969 se haya logrado transmitir en vivo por televisión la llegada del hombre a la luna, y ahora se les corte a los informativos un móvil desde las criollas me hace sospechar un poco.