Yo likeando todos los tuits de odio contra Nicolás Maduro y los que piden que Donald Trump venga por Claudia Sheinbaum, López Obrador y Fernández Noroña.
This is the story of a people and their long march toward freedom.
What an honor to hear my Nobel Peace Prize 2025 acceptance speech in the voice of my daughter — and to know that very soon, I’ll be able to embrace her and my family again.
Siete millones por influir: anatomía del caso Negreira
El Fútbol Club Barcelona ya no se defiende: se sienta.
Imputado como persona jurídica, deberá declarar ante el juez por haber pagado durante años a quien controlaba el arbitraje español. Lo que empezó como un escándalo deportivo ha terminado como una causa penal. El caso Negreira ya no es un debate: es una autopsia judicial.
El disfraz se acabó.
El Fútbol Club Barcelona está imputado.
No como víctima.
No como testigo.
Como persona jurídica acusada de corrupción deportiva.
El Juzgado de Instrucción nº 1 de Barcelona lo ha ordenado.
Y su representante, Elena Fort Cisneros, deberá declarar.
No como portavoz, sino como investigada, en nombre del club.
La causa ya no es ruido mediático.
Es proceso penal.
Y las diligencias hablan solas.
Durante casi veinte años, el Barça pagó al vicepresidente del Comité Técnico de Árbitros,
a José María Enríquez Negreira.
Más de siete millones de euros.
Sin contrato.
Sin informe.
Sin justificación.
Pagaban para influir.
No para aprender, sino para condicionar.
No para entender el arbitraje, sino para controlarlo.
No para garantizar neutralidad, sino para comprar poder.
Lo sabían Laporta, Rosell y Bartomeu.
Perrín lo reconoció: “ante las mafias, mejor callar y pagar”.
Freixa lo confirmó: todas las juntas mantuvieron los pagos.
Godall lo justificó: “la buena relación con la Federación nos ayudó”.
Y Gaspart, con su memoria selectiva, admitió sin querer:
“si hubo irregularidades, el presidente lo sabría”.
Claro que lo sabía.
Y ahora el juez quiere nombres y responsabilidades.
Ha citado a declarar como testigos a Joan Gaspart y Ricardo Segura García,
el delegado que conocía como nadie el funcionamiento interno del arbitraje.
Ambos tendrán que responder.
Y lo harán bajo juramento.
Si mienten, podrían salir imputados por falso testimonio.
La frontera entre testigo y acusado nunca fue tan delgada.
Después llegará Elena Fort Cisneros.
Ella no tiene obligación de responder.
Puede callar.
Puede acogerse a su derecho.
Tal vez prefiera callar.
O mentir.
Pero esta vez, ni callar ni mentir borrarán los hechos.
Porque el sumario ya habla.
Y lo hace con nombres, cifras y fechas.
La Fiscalía Anticorrupción lo dejó claro:
no hay contrato, ni informe, ni causa lícita.
Solo una finalidad: influir en las decisiones arbitrales.
El Barça no compraba neutralidad.
La neutralidad no se compra.
Compraba influencia.
Trato.
Protección.
Y cuando Negreira dejó de ser vicepresidente, los pagos se cortaron.
Ni un euro más.
Ni un informe más.
Fin del simulacro.
El delito de corrupción deportiva no exige un penalti amañado.
Basta con pagar para intentarlo.
Y eso está acreditado.
En las transferencias.
En los testimonios.
En las palabras de sus propios dirigentes.
El Barça no jugaba solo en el campo.
Jugaba también en los despachos.
Durante años.
Hasta que el dinero habló.
Ahora el club es imputado.
Y el caso Negreira tiene, por fin, voz judicial y nombre propio.
Pagaban por influir.
Y hoy, por influir, se sientan ante el juez.
Porque esta vez —por fin—
ni callar,
ni mentir,
ni pagar,
servirá.
Llevo 20 minutos en silencio, tenias el partido para meterles 4 o 5 y has cambiado a Arda y Vinicius para encerrarte con Rodrygo y Brahim.
No doy crédito, te han ganado el clásico los jugadores y casi te lo empatan por creerte mas importante que los futbolistas, que decepción.