El bóxer que se asomaba de su pantalón bajo, como si esperara su turno. Sintieron mi presencia, se acomodaron como insinuando que había espacio para uno más.
Estaba parqueado a la orilla de un parque, en medio de la jornada nocturna de Uber. Llevaba poco tiempo en la app, entonces ml conocía muchos lugares, la noche había estado mala, un miércoles de semana laboral no pedían muchos transportes.
En medio de otros tres tipos. Mi sorpresa fue ver que estaba haciéndole una felación a esos hombres. Uno con su pantalón abierto y su pene peludo afuera. El otro, más delgado con su short a las rodillas y su pene erecto al aire. El de más atrás se masturbaba sobre
Con el paso de los años nos hemos hecho expertos en disimular.
Nuestras conversaciones en público son de dos tipos con vidas matrimoniales comunes, casi en los 40s, con proyectos personales y familiares como los de la mayoría.
No chateamos, no salimos solos,
Tal vez esta noche nos olviden de nuevo, tal vez les aburramos otra vez y nos dejen solos en la conversación: es ahí donde aparecemos, nos acercamos, nos rozamos, nos sentimos y jugamos.
Mañana desayunamos en familia
Con el paso de los años nos hemos hecho expertos en disimular.
Nuestras conversaciones en público son de dos tipos con vidas matrimoniales comunes, casi en los 40s, con proyectos personales y familiares como los de la mayoría.
No chateamos, no salimos solos,
No es necesario.
Una tensión en el aire, una mirada cómplice que ambos entendemos. Una cercanía aparentemente cotidiana.
Es un juego de tentar con una sutileza perfeccionada con el tiempo.
Hemos hablado cosas, hemos acariciado límites, conocemos deseos