Aunque ya intuido y asumido, verlo escrito así, con el puño y letra de la fontanera, es vomitivo.
Esto es insostenible
Cuándo se va #PedroSánchez ?
#PSOECorrupción
@europapress Cómo nosotros? no se nos ha informado, dice. Pero si solo quedas tú???
#LaVerdad , dice. Te tienes que reír (por no llorar)
#PSOECorrupción
@profsecundario Totalmente de acuerdo. Pero a estas alturas, por el camino legal y decente no hay nada que hacer. Estos se aferran sin importarles las lineas rojas que deba cruzar. Sólo se le puede sacar a las malas o con lo que ellos harían: quemando las calles. Y estamos ocupados sobreviviendo
Sánchez alega «decepción e indignación» y levanta un muro con Leire Díez: «Nunca he conocido ni nunca se me ha informado sobre las andanzas de Leire Díez. Nunca lo hubiera tolerado».
Me estoy acordando de la ocasión en la que Pedro Sánchez empezó a amenazar a Feijoo que iban a sacar “más cosas” sobre su mujer. Era marzo de 2024 y Pedro, desde su escaño, con sonrisa de enajenado y mirada psicópata, repetía una y otra vez “más cosas, más cosas” mirando a Feijoo.
Un mes después, el PSOE tenía montada la cloaca.
Se comportan como auténticos mafiosos.
@Clonazepamers Me viene a la mente Chanel y Eurovisión. Por lo que sea, la vilipendiaron
Otra vez con el contorsionismo ideológico. Son alérgicas a la coherencia.
Tenemos ahora mismo dos casos de cloacas. La Operación Kitchen. Y por otro lado el caso Leire Díez. Ambos son gravísimos. Ambos apestan a podredumbre institucional. Pero si miramos de frente los hechos, sin filtros partidistas, la conclusión, al menos para mí, es clara. La trama de Leire Díez no es solo un caso de corrupción. Es un salto cualitativo hacia la mafia. Es el cáncer inyectado directamente en el corazón del Estado de derecho.
Hablemos de Kitchen. Año 2013. Partido Popular. El Ministerio del Interior de Jorge Fernández Díaz monta un operativo parapolicial. Usan a Villarejo. Usan fondos reservados. El objetivo es claro. Robar a Luis Bárcenas los papeles de la caja B. Proteger a Mariano Rajoy y a María Dolores de Cospedal. Construir un cortafuegos. Para lograrlo, presionan a los suyos. El inspector jefe de la UDEF, Manuel Morocho, recibe órdenes directas. Le exigen minimizar los informes oficiales. Le piden que saque los nombres de la cúpula del PP. Es un sabotaje a la Justicia. Es el uso del Estado contra un objetivo concreto. Es asqueroso. Pero es la cloaca clásica. Robar, espiar, influir. Suavizar el golpe para sobrevivir.
Y entonces llegamos al caso Leire Díez. Partido Socialista. Año 2024. Aquí no hay cortafuegos. Aquí hay tierra quemada. La supuesta fontanera del PSOE, con el aval de Santos Cerdán, no busca esconder pruebas. Busca destruir personas. Busca aniquilar a los investigadores. Ya no es el intento desesperado de frenar un escándalo. Es un sistema de intimidación y extorsión diseñado para subyugar al Poder Judicial. Para proteger al núcleo duro de Pedro Sánchez, su familia y su entorno.
Las tácticas son demoledoras. Pensemos en la Fiscalía Anticorrupción. No intentan presionar al fiscal jefe, Alejandro Luzón, de frente. Intentan reventarlo desde dentro. Utilizan a sus subordinados. Le ofrecen al fiscal Ignacio Stampa un despacho de vuelta en Anticorrupción. Un soborno a cambio de munición para hundir a su jefe y a la Guardia Civil. Al fiscal José Grinda le ofrecen 300.000 euros y un puesto en el extranjero por traicionar a Luzón. Como no pueden comprar a Grinda, intentan destruirlo. Y recurren a lo más bajo. Leire Díez se pasea por la redacción de El Español. Le enseña a Pedro J. Ramírez un vídeo sexual para destruir la reputación de Grinda. Chantaje puro. Extorsión íntima para apartar a un fiscal incómodo. Pero no funcionó. Solo a una estúpida como Leire Díez se le pudo ocurrir ofrecerle un vídeo sexual a Pedro J para hacer daño.
Con los jueces, la cacería es aún más salvaje. Juan Carlos Peinado imputa a Begoña Gómez. La respuesta es una campaña de descrédito orquestada. Intentan asociarlo con pruebas falsas. Se inventan lo de los dos DNIs. Buscan su recusación mediante el linchamiento público y político. Y siguen difamándolo. Ahora con lo de los caballos. Pero lo de Beatriz Biedma cruza todas las líneas rojas. Es la jueza de Badajoz que investiga a David Sánchez. La trama envía emisarios a recopilar un dosier sobre su vida privada. Rastrean su domicilio. Investigan a su marido. Le hacen 7 inspecciones de Hacienda. Fabrican fotos con IA suyas con falsas infidelidades. Siguen sus pasos hasta el colegio de sus hijas menores. Quieren destruir el procedimiento. Un juez que siente el aliento de la mafia en la nuca de sus hijos deja de ser libre. Eso no es influir en un sumario. Es terrorismo psicológico contra la independencia judicial.
La Unidad Central Operativa de la Guardia Civil tampoco se salva. El teniente coronel Antonio Balas investiga el caso Koldo, a Begoña Gómez y al hermanísimo. La trama necesita neutralizarlo. En una videollamada, Leire Díez lo deja claro. Si está muerto, mejor. No quieren que se convierta en su verdugo. Buscan desesperadamente un papelito. Un trapo sucio. Lo que sea para apartar al jefe del Departamento de Delincuencia Económica.
Aquí radica la diferencia fundamental. La Operación Kitchen es el poder intentando esconderse de la Justicia. El caso Leire Díez es el poder intentando destruir a la Justicia. En Kitchen, el PP presionaba a un inspector para que no pusiera un nombre en un folio. En la trama de Leire Díez, el PSOE perseguía a jueces hasta el colegio de sus hijas. Presionaba con vídeos sexuales. Compraba voluntades. Chantajeaba a fiscales. Extorsionaba a mandos policiales.