Liberal. Todos lo días sueño con una pieza de arte que se apodera del subconsciente humano en alguna parte del mundo. *Cuando estoy aburrido escribo mala poesía
Un juez de carrera revisó el expediente contra Ruffo y negó las órdenes de aprehensión: la Fiscalía no acreditaba nada. Tres semanas después, la misma Fiscalía tocó otra puerta, una jueza recién electa, de guardia, y en 24 horas el que había sido citado como testigo amaneció convertido en líder criminal, rumbo al Altiplano.
Puede ser culpable. No es ese el punto. El punto es que, con las mismas leyes, a unos les toca penal de máxima seguridad y a otros el Senado, la Cámara de Diputados o un consulado en Florida. La norma es una sola; el rigor se reparte según el color político del apellido.
Eso tiene nombre: justicia selectiva. No necesita inventar culpables; le basta decidir qué carpetas corren y cuáles duermen. Y una fiscalía que escoge a sus presos no imparte justicia: administra selectivamente a quien debe castigarse.