Muchas relaciones de pareja donde había mucho futuro, y mucho amor un día se pierden por descuido. Porque lo que no se cuida, se desgasta, se apaga, se acaba. Quizás no hubo infidelidad, no hubo sufrimiento, no hubo engaño. Solo descuido, lo que no se cuida se pierde.
Para muchas mujeres, tener un hombre con un buen físico es un gran logro. Yo pienso que un gran logro es tener un hombre bueno, con principios y valores, educado, decente, que trabaje duro, que te impulse a ser mejor cada día y que juntos cumplan sus metas y objetivos.
No tengo palabras para agradecer todo vuestro cariño.
Ayer fue el mejor y el peor día de mi vida.
Sé que tú querrías verme disfrutar de este momento histórico, por eso estaré con mis compañeras, para que desde donde estés sepas que esta estrella también es tuya papá🌟
A costo de golpes emocionales entendí que valgo mucho y me merezco mucho, yo sé que a veces pueden más nuestros pensamientos y emociones, pero siempre podemos salir adelante solos, quiéranse mucho y valórense mucho más ustedes mismos y verán todo muy diferente.
Cuiden mucho su paz mental y aléjense de las personas que les restan, valórense mucho y por más que quieran a alguien, ubiquen sus acciones y evalúen si realmente son indispensables o solo son capricho ligado al apego.
⭐️ @7olgacarmona, tu gol ha puesto una estrella sobre nuestro escudo. Ya eres historia.
Somos #CampeonasDelMundo y en gran parte es gracias a ti.
Este vídeo es un pequeño homenaje a todo lo que nos has dado.
✨ Un homenaje que deseamos, de corazón, llegue hasta las estrellas.
Y sin saberlo tenía mi Estrella antes de que empezase el partido. Sé que me has dado la fuerza para conseguir algo único. Sé que me has estado viendo esta noche y que estás orgulloso de mí. Descansa en paz, papá 🌟❤️🩹
20 de agosto.
La tranquilidad que da contar
con personas que nos cuidan,
las que están un viernes o
domingo, las que en pocos
minutos nos alegran por varias
horas.
La tranquilidad que da contar
con personas que nos quieren.
- Rafael Cabaliere
Me saqué un peso de encima el día que realmente entendí que hay personas que son pasajeras y que no vale la pena insistir, o peor, sentirse mal por ya no saber cómo mantener algo que en realidad se construye y sostiene de a dos.
A veces la mejor pastilla antiestrés no es una pastilla. A veces es un abrazo.
O pasar tiempo con los amigos, o dar un paseo, o hacer deporte, o disfrutar de la puesta de sol mientras caminas descalzo por el pasto.
A veces la mejor pastilla antiestrés no es una pastilla sino un buen libro, escuchar música, quedarte mirando al infinito por la ventana mientras llueve, incluso dormir una buena siesta (solo o acompañado :-)
Y a ti, ¿Qué te alivia el estrés?
A mi vivir los fines de semana como en los noventa.
Nunca en toda mi vida he estado tan "en el aquí y ahora" como los fines de semana de los noventa.
Éramos jóvenes sin conexión a Internet, pero estrechamente conectados entre nosotros.
Con el poco dinero que nuestros padres nos daban los fines de semana, hacíamos un bote grupal para bocadillos, bebidas y cigarrillos.
Para conseguir ese dinerito teníamos que soportar esos interminables sermones en los que los adultos nos hablaban del valor del dinero y de la hora de llegada.
Y si te quejabas te decían "Cuando seas padre comerás huevos", o "Mientras vivas en mi casa llegarás a la hora que yo te diga".
No podías silenciarlos, no podías cancelarlos; no podías hacerle skip a las cosas que no te gustaban.
No había botón de mute.
La vida no era un feed de TikTok en el que podías pasarte horas desplazándote y descartando las partes que no te gustaban.
Tampoco podías aumentar la velocidad de reproducción a 1,5 como en YouTube o en Netflix y poner a la gente a moverse y hablar como una ardilla puesta de anfetaminas.
Tampoco podías bloquear a tus amigos, ni a tus ex.
Tenías que aguantar un montón de conversaciones incómodas. Tenías que enfrentarte a la realidad. No había forma de evitarla.
No podíamos elegir entre mil fiestas, había una y tenías que hacer que funcionara, sabías que ibas a morir en esa colina.
Porque sabías que la juventud se te escurría entre los dedos como arena de playa.
Lo bueno es que no teníamos que preocuparnos por hacernos buenos selfis.
Las fotos eran de grupo. Como cuando los equipos de fútbol posan antes de un partido.
Y no podías verlas hasta semanas después, cuando el dueño de la cámara las revelaba.
Y todos salíamos con los ojos rojos y las caras desencajadas —no había nadie fotogénico un sábado de madrugada en un parque haciendo botellón en los noventa—, pero felices.
Había que tener una verdadera relación con el aburrimiento.
El tedio del mediodía era un miembro más de la familia.
Y tenías que lidiar con el silencio sepulcral de las tres de la tarde porque si se te ocurría hacer ruido, y despertar a tu padre de la sacrosanta siesta dominical, podías prepararte porque lo de la zapatilla no era una leyenda urbana.
Sólo podías contar con lo que podías ver. Y con eso bastaba.
Porque lo que podías ver era obra de otro ser humano, no de una IA.
Y los encuentros afortunados eran doblemente afortunados porque ningún algoritmo jugaba a ser Dios y te generaba serendipias.
La magia era autentica, o por lo menos no le veías el truco.
Todo era más lento. Mucho más lento. Y lo que nos parecía una desventaja en aquel remoto entonces, hoy lo veo como algo hermoso.
La vida necesita tiempo para ser disfrutada.
Por eso quizá hoy puedas darte permiso para aburrirte, para ir un poco más lento, para reconciliarte con el bienestar y vivir menos "fast" que de costumbre.
Quizá hoy sea un buen fin de semana para tomártelo "slow".
—Malafama1981
19 de agosto.
Todavía sigo creyendo qué hay
gente de buen corazón, no sé si
por ingenuidad o torpeza, pero
no puedo juzgar todas las almas
por una oscura.
- Rafael Cabaliere
A ella le hago el amor en todo momento y no hablo solo de sexo.
Le hago el amor cuando reímos, cuando la escucho con atención hasta el amanecer, cuando la apoyo, cuando la admiro, cuando la respeto, cuando la procuro y le digo la verdad.
Y cada noche inventamos una forma de amar