CARTA ABIERTA AL DIPUTADO CRISTÓBAL URRUTICOECHEA
Sobre la peligrosa tentación de convertir la crueldad en política pública.
Diputado @DipCristobal
Uno esperaría que un parlamentario dedicara su tiempo a combatir la delincuencia, mejorar la salud pública, fortalecer la educación o generar condiciones para que los chilenos vivan mejor. Sin embargo, usted ha preferido invertir el suyo en diseñar mecanismos para aumentar el sufrimiento de mujeres que ya atraviesan una de las situaciones más dramáticas que una persona puede enfrentar.
Hay prioridades. Y luego está usted.
Su proyecto para obligar a una mujer a escuchar los latidos del feto antes de acceder a un aborto permitido por la ley no constituye una propuesta sanitaria, ni científica, ni jurídica. Es un ejercicio de escenificación del dolor. Una liturgia del castigo. Una pedagogía de la culpa administrada desde el Estado.
Y eso merece ser dicho con absoluta claridad.
No estamos discutiendo aquí la legitimidad del aborto. Ese debate existe desde hace décadas y continuará existiendo. Personas inteligentes, honestas y profundamente morales sostienen posiciones completamente opuestas sobre esa materia. Esa discusión es propia de una democracia.
Lo que no pertenece a una democracia es utilizar la ley para humillar deliberadamente a quien ya está sufriendo.
Porque usted no pretende salvar una vida mediante ese procedimiento. Sabe perfectamente que, en los casos contemplados por la legislación chilena, la decisión ya está determinada por circunstancias extremas: una violación, una inviabilidad fetal o un grave riesgo para la madre. Su proyecto no modifica ninguna de esas realidades.
Sólo agrega dolor.
Y cuando el único efecto práctico de una ley consiste en aumentar el sufrimiento humano, deja de ser una norma para convertirse en una forma de violencia.
Resulta inevitable preguntarse qué concepción ética del poder lleva a un legislador a imaginar semejante iniciativa. ¿Qué clase de sensibilidad considera aceptable convertir una tragedia personal en un ritual obligatorio? ¿En qué momento la compasión dejó de ser una virtud para transformarse en una debilidad?
Quizás el problema sea precisamente ese.
Hay quienes confunden convicciones con superioridad moral. Creen que la función del Estado consiste en disciplinar conciencias, castigar emociones y administrar culpas. Se sienten propietarios de la verdad y, desde esa cómoda altura, terminan perdiendo algo infinitamente más valioso: la humanidad.
La historia está llena de personas convencidas de obrar correctamente mientras infligían sufrimiento a otros. Casi nunca comenzaron justificando atrocidades. Empezaron convencidas de que un poco más de dolor serviría para enseñar una lección moral.
Siempre hubo una buena causa.
Siempre existió una explicación.
Y siempre terminaron degradando la dignidad humana.
Lo más inquietante de su proyecto no es que probablemente fracase. Es que haya nacido. Que alguien investido de representación popular haya considerado razonable presentar una iniciativa cuya esencia consiste en hacer sufrir un poco más a quien ya está devastada.
Eso revela un problema infinitamente mayor que una mala técnica legislativa.
Revela una preocupante comprensión de la condición humana.
La política exige inteligencia, pero también exige empatía. Exige firmeza, pero igualmente compasión. Sin esas virtudes, el poder deja de servir a las personas y comienza a servirse de ellas.
Usted tiene pleno derecho a oponerse al aborto.
Lo que no tiene es derecho a utilizar el aparato del Estado para satisfacer una necesidad de castigo revestida de moralidad.
Porque la civilización no se mide por la intensidad de nuestras convicciones, sino por los límites que somos capaces de imponerles cuando éstas amenazan la dignidad de otros.
Y en ese examen, diputado, su proyecto no sólo fracasa, reprueba.
Lea esta carta, luego mírese al espejo, y díganos que se siente encarnar un ser deleznable.
@MisColumnas
Chantaje moral y una cuota de sadismo: para cierta derecha no basta con la objeción institucional de conciencia para negar el derecho al aborto en tres causales, ahora buscan traumatizar a una niña violada escuchando el latido fetal.
¡Cuánta soberbia en estas palabras!
Para este ministro la gente y sus preocupaciones son "minucias", son noticia corta.
Cómo se nota que está solo trabajando para los millonarios de Chile.
Dato del Banco Central: La fuga de capitales desde Chile se aceleró en el útimo trimestre del 2026 en un alza de 155 % o sea, más de DOS MIL CIENTOSESENTA Y TRES MILLONES DE DÓLARES
Con este gobierno que crea inseguridad y malestar los millonarios sacan sus capitales del país.
Dijeron que combatirían la migración, y hoy están flexibilizando los requisitos para que los empresarios traigan mano de obra barata precarizando el mundo laboral de los chilenos.
Que saco weas más grande eligieron.
Los elogios del exvicepresidente de EEUU y Premio Nobel de la Paz, Al Gore, a Michelle Bachelet:
"Sería una secretaria general fantástica" https://t.co/U5D6L0U2uF
🔴ESCÁNDALO EN LA FUNDACIÓN JAIME GUZMÁN🔴
Una investigación del 2020 de #CHVNoticias dio a conocer que 20 diputados UDI traspasaban platas del
Estado a la fundación Jaime Guzmán disfrazandolo de informes que según lo investigado eran plagios de otros documentos de la web de la cámara de diputados, incluso se repetían.
Ese año hasta agosto llevaban
👉🏻$79.000.000 traspasados y en total
👉🏻 $300.000.000 hasta la fecha del reportaje.
🔴Algunos de los diputados son:
Jaime Bellolio
Pepa Hoffmann
Jorge Alessandri
Javier Macaya
Guillermo Ramírez
¿Que pasó con ese dinero?
¿Se siguió investigando?
¿Por qué la derecha guardo silencio y ahora cacarean?
Les dejo el reportaje que hoy dado a la contingencia vuelve a revivir 👇
#Fundaciones
CARTA ABIERTA A LA SENADORA VANESSA KAISER.
Senadora @vanessakaiser22
Hay errores que nacen de la ignorancia y otros que brotan de la conveniencia. Los primeros pueden corregirse estudiando; los segundos sólo cambian cuando la honestidad intelectual derrota al interés político. Su afirmación de que el estallido social del 18 de octubre de 2019 constituyó un golpe de Estado parece oscilar entre ambas categorías.
Las palabras importan. Y cuando quien las pronuncia es una senadora de la República, importan todavía más. Porque el lenguaje no sólo comunica: también construye memoria, moldea la historia y educa —o deseduca— a una sociedad.
Un golpe de Estado no es una metáfora. Tampoco una opinión. Es un concepto político y jurídico bastante preciso. Consiste en la toma ilegal del poder mediante la fuerza, con el propósito de destituir al gobierno y sustituir el orden constitucional. Supone el control efectivo de las instituciones del Estado, la captura de los poderes públicos, la subordinación de las Fuerzas Armadas o de parte de ellas y el reemplazo de la autoridad legítimamente constituida.
Eso ocurrió en Chile el 11 de septiembre de 1973.
Ese día los militares bombardearon el palacio presidencial, derrocaron al Presidente de la República, disolvieron el Congreso Nacional, suspendieron la Constitución, proscribieron partidos políticos, censuraron la prensa y establecieron una dictadura que se prolongó durante diecisiete años. Una dictadura reconocida internacionalmente por miles de violaciones a los derechos humanos: ejecuciones, desapariciones forzadas, torturas, exilios y crímenes de lesa humanidad.
Eso, senadora, fue un golpe de Estado.
El 18 de octubre de 2019 ocurrió otra cosa. Hubo una explosión social de enorme magnitud, acompañada de actos delictuales, incendios, saqueos y violencia que deben ser condenados sin ambigüedad. También hubo millones de ciudadanos que salieron a las calles para expresar un profundo malestar frente a abusos, desigualdades y una sensación de abandono acumulada durante décadas.
Podrá discutirse si aquella movilización fue espontánea, parcialmente organizada, aprovechada por grupos violentistas o instrumentalizada por determinados sectores políticos. Ese debate es legítimo. Lo que no resiste análisis serio es convertir esa crisis en un golpe de Estado simplemente porque resulta útil para una determinada narrativa.
Porque durante esos días el Presidente siguió ejerciendo el mando. El Congreso continuó legislando. La Corte Suprema mantuvo sus funciones. Ninguna rama del Estado fue reemplazada. Ninguna junta asumió el poder. Ninguna Constitución fue abolida. Ningún gobierno cayó producto de una insurrección triunfante.
Si todo episodio de violencia social pasa a llamarse golpe de Estado, entonces las palabras dejan de tener significado. Y cuando el lenguaje pierde precisión, la verdad termina convertida en rehén de la propaganda.
Resulta especialmente llamativo que esa banalización provenga de alguien cuya familia ha reivindicado reiteradamente aspectos del régimen nacido precisamente de un verdadero golpe de Estado. Pareciera que la historia sólo merece exactitud cuando favorece determinadas convicciones y elasticidad cuando las incomoda.
No es una cuestión ideológica. Es una cuestión de rigor.
Confundir una revuelta social —por grave y violenta que haya sido— con un golpe de Estado, equivale a confundir una tormenta con un terremoto porque ambas producen daños. El resultado puede parecer similar para quien sólo observa los escombros, pero sus causas, naturaleza y consecuencias son radicalmente distintas.
La democracia necesita debates intensos. Lo que no necesita es que quienes tienen la responsabilidad de legislar deformen deliberadamente los conceptos fundamentales de la ciencia política para acomodarlos al relato del momento.
Porque cuando todo es un golpe de Estado, al final nada lo es. Y ese día habremos perdido algo más importante que una discusión semántica.
@MisColumnas
🔴LO LEÍSTE?| Por motivos políticos: Gobierno Regional del Maule (UDI) es condenado por despedir a funcionarias afines a la izquierda
https://t.co/GtaCy4CWga
Es una irracionalidad difícil de comprender porque no existe precedente. Si proteger el ambiente obliga al Estado a indemnizar a privados, el interés público queda subordinado al lucro
Socializar pérdidas y privatizar ganancias no es seguridad jurídica, es un saqueo al Estado
Ya que al parecer los matinales y noticieros de un día para otro olvidaron el caso Steinert, a la Camila Flores, las 52 horas , el aumento de años en la jubilación y el bencinazo, Yerko Puchento deja a todos los medios en ridículo en su última performance:
#CNNPrime | Diego Ibáñez, senador del Frente Amplio, por acuerdo de senadores PPD con el gobierno: Es un pésimo acuerdo"
@tv_monica
💻https://t.co/Ox6C5F6K3w
Prisión preventiva para 2 carabineros por cohecho: Víctima no tenía efectivo así que lo llevaron a cajeros automáticos en la misma patrulla https://t.co/NXj0MoZyz9