@revenergetica Sigue eso sin responder a la pregunta. Si el sistema es mucho más fuerte que hace un año. ¿Porque los consumidores pagan un concepto, dentro del precio final, a más de 30€/MWh (doble que hace un año) y 10 veces más que hace 5 años? ¡Estamos hablando de 3 céntimos!
@revenergetica Eso no es cierto Xavier, el coste de la electricidad es más caro que uno y que hace dos años. Y la producción y capacidad renovable es mucho mayor. Aquí no se trata de partidos políticos, se trata de poner paños calientes a un absurdo. OMIE a 15€, y precio final a 50€.
Y sí, Amigas.
Cuando creas que tu bato trae pedos, es muy probable que sí los traiga.
Pero no te va a decir, porque no quiere preocuparte.
A los hombres nos enseñan a lidiar con los problemas solos. Al final, un hombre solo es querido de acuerdo a su capacidad de proveer.
Red Eléctrica ha vuelto a lanzar una señal de alarma: está detectando variaciones bruscas de tensión en la red y pide medidas urgentes para evitar un nuevo apagón. No lo dice abiertamente, pero el mensaje técnico es claro: al sistema español le falta potencia firme y síncrona (nuclear, gas e hidráulica), que aporta inercia, control de tensión y estabilidad.
Las renovables conectadas por inversores pueden cambiar su potencia en segundos, prácticamente en escalón. Esa rapidez, que en apariencia parece positiva, puede provocar oscilaciones que el sistema no siempre logra amortiguar. Antes, esas perturbaciones se disipaban gracias a las máquinas síncronas de las centrales nucleares, hidráulicas o de ciclo combinado, cuyos alternadores giran solidarios con la frecuencia eléctrica. Su masa rotante actúa como un estabilizador natural, frenando los cambios bruscos y manteniendo la tensión dentro de márgenes seguros.
Pero cada vez hay menos generación síncrona conectada. Cuando una nube cubre una planta solar o el viento cambia de golpe, el sistema responde con saltos eléctricos que pueden causar desconexiones automáticas de generación o demanda. Si eso ocurre en cadena, el resultado es un apagón.
REE no puede resolverlo por sí sola. El mercado eléctrico decide qué centrales operan, y si las síncronas quedan fuera por precio, el operador no puede encenderlas aunque las necesite para dar estabilidad. Por eso pide al Gobierno y a la CNMC que modifiquen los procedimientos de operación, limiten las rampas de las renovables y refuercen el control de tensión.
No menciona directamente la falta de potencia firme porque hacerlo implicaría reconocer su propia responsabilidad en el apagón de abril, cuando el sistema operó con una fracción mínima de generación síncrona. Pero el mensaje entre líneas es inequívoco: el sistema necesita más masa girando, más generación estable conectada para sostener la red.
La transición energética no consiste solo en producir megavatios-hora con bajas emisiones, sino en mantener el sistema en pie. Las centrales nucleares, que el Gobierno quiere cerrar, proporcionan las dos cosas. Sin potencia firme, no hay red segura.
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«Excusatio non petita, accusatio manifesta.»
Red Eléctrica ha anunciado que limitará la velocidad de conexión de las instalaciones renovables a la red de transporte para evitar nuevos episodios de sobretensión. Las plantas solares y eólicas de más de 5 megavatios deberán alargar sus rampas de subida y bajada de potencia de dos a quince minutos.
Según el operador del sistema, la medida busca «reducir las variaciones bruscas de tensión» que se han detectado en los últimos meses, antes y después del gran apagón del 28 de abril de 2025.
Pero más allá del argumento técnico, esta decisión es también una confesión implícita de su propia responsabilidad en aquel apagón y en la fragilidad creciente del sistema eléctrico. El problema no son las renovables, sino el desequilibrio que se ha creado al reducir la proporción de generación síncrona (la que aportan las centrales nucleares, hidráulicas y de gas) que garantiza el control tanto de la frecuencia como de la tensión. Estas tecnologías estabilizan la red porque están físicamente acopladas a ella: sus enormes generadores giran al mismo ritmo que el sistema y compensan cualquier desviación en milisegundos, además de añadir o absorber potencia reactiva que se traduce en control de la tensión de la red.
Las renovables, en cambio, al operar mediante inversores electrónicos, no ofrecen esa inercia natural ni ese control de reactiva. Por eso, cuando se concentra demasiada generación no síncrona, la red se vuelve más inestable y aparecen oscilaciones y sobretensiones como las que Red Eléctrica intenta ahora contener ralentizando las rampas de producción. Pero limitar a las renovables no soluciona el problema de fondo, solo lo maquilla.
Todo el sector sabe que el apagón de abril fue consecuencia directa de este desequilibrio. La solución no pasa por frenar a las renovables, sino por acompañarlas con generación firme y limpia que mantenga estable la tensión y la frecuencia sin encarecer el precio ni aumentar las emisiones. Las centrales nucleares y las hidráulicas cumplen ese papel de columna vertebral del sistema: aportan estabilidad, previsibilidad y bajas emisiones. Son ellas las que garantizan que la red siga en pie cuando el viento amaina o el sol desaparece.
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