En tiempos de IA el más grande de este siglo nos regala una despedida manuscrita, tachada y escrita con el corazón en la mano.
Por favor, Lío, qué más se te puede pedir.
Ulises y Argos (1885).
Argos es el único que reconoce a Ulises cuando regresa. Viejo y abandonado, reúne fuerzas para levantar la cabeza y mover la cola. Después de ver una última vez a su dueño, muere.
Es curioso que una de las escenas más conmovedoras de La Odisea no sea una batalla ni un reencuentro entre héroes, sino el de un hombre con su viejo perro.
Hace casi 3.000 años, Homero ya entendía la profundidad de un vínculo que apenas ha cambiado.
EL REMORDIMIENTO
He cometido el peor de los pecados
Que un hombre puede cometer. No he sido
Feliz. Que los glaciares del olvido
Me arrastren y me pierdan, despiadados.
Mis padres me engendraron para el juego
Arriesgado y hermoso de la vida,
Para la tierra, el agua, el aire, el fuego.
Los defraudé. No fui feliz. Cumplida
No fue su joven voluntad. Mi mente
Se aplicó a las simétricas porfías
Del arte, que entreteje naderías.
Me legaron valor. No fui valiente.
No me abandona. Siempre está a mi lado
La sombra de haber sido un desdichado.
LA MONEDA DE HIERRO
Ed EMECÉ (1979)
pienso constantemente en esta cita de Borges: "siglos de siglos y sólo en el presente ocurren los hechos; innumerables hombres en el aire, en la tierra y el mar, y todo lo que realmente pasa me pasa a mí".