El apodo “amor” en sí, es muy bonito pero me derrite muchísimo cuando le añaden el MI, porque siento que lo hace el doble de especial, es como “sí MI amor” o sea, soy tuyo, dímelo otra vez.
Mi peor versión no aparece cuando me enojo, sino cuando dejo de hablar, de explicar y de intentar. Porque cuando llego al silencio, ya no busco arreglar nada; simplemente acepto que hay cosas que dejaron de importarme.
Perdimos sensibilidad cuando pensamos que decir lo que nos molesta nos vuelve conflictivos y complicados, cuando el verdadero problema es no decir todo lo que sentimos.